«También Dios desafina la orquesta y yo intento sonar»

«La muerte me apasiona, me encanta. Me apasiona el hecho de encontrarla, de ir pensando qué pasa después, es como una amiga una compañera y yo la quiero bien», señaló Miguel Abuelo en una de sus últimas notas justamente en el año 1988, antes de morir en la clínica Independencia de la zona de Munro.

«Yo quiero a la muerte, no hay muerto todavía que se haya muerto, es tan perfecta ella, nos lleva a todos al mismo silencio», agregó.

«Soy temperamental, no soy autoritario, lo que me interesa es que todo funcione muy bien y es por esa razón que vivo solo, porque no soporto a ninguna mujer. Se te suben a la cabeza y terminás pensando en una sola y todas están buenas», dijo.

También hizo referencia a su hijo el Gato Azul Peralta, al decir, «muchas veces me jaqueó porque es un tipo muy rápido y cuando no le puedo contestar algo, no se lo contesto, lo mando al carajo y le digo que se lo busque por otro lado». «No me tomo el trabajo de investigar, investigo sobre mí mismo y me contesto casi todas las cosas. Vos no podés irradiar ninguna buena leche por más que tengas poder, armas, consenso, sindicatos, si no estás trabajando en vos». «Yo soy y seguiré siendo lo que en un principio: un negrito peleador que no se asusta por nada. Mis orígenes son populares, infrapopulares diría yo, mi mamá contrajo tuberculosis en el año «46, justo cuando nacía yo, a ella la internaron en el Tornú y a mí me mandaron al Preventorio Roca (Jonte y Segurola), un reformatorio de menores donde viví hasta los cinco años», recordó.

«A los diez años -continuó- me habían echado de todas las escuelas del Estado, porque le pegué una paliza a la directora, después de que ella me había pegado a mí. A los 14 años hacía boxeo en el Santa Paula y trabajaba de lo que viniera y mis comienzos musicales también son con la gente de la calle, haciendo «folclor» en un principio».

Como herencia de ese origen, su hermana Norma Peralta es cantora de folclore. «Podría dejar la música en cualquier momento, de hecho lo hice en varias oportunidades. Por ahí en unos años lo hago y podría trabajar de cualquier cosa, en un bar, en una playa o de saltimbanqui o de actor de nuevo como en España y quién te dice, formaría una familia y sería padre de cientos de hijos», arriesgó.

«Me celebro en mi propia salsa, soy un buen alquimista de la vida. Vivo con lo que tengo y cuando no tengo pido o no vivo, ¿cuál es la diferencia?», señaló a modo de fórmula vital.

«Los Abuelos son una fuerza cósmica que existe desde siempre y existirá para siempre más allá de los nombres. Incluso hasta quizás no esté yo y la música seguirá viva», sentenció Abuelo cuando en una conferencia de prensa de 1986 presentaba lo que sería al fin y al cabo su último CD, «Cosas mías».

Entonces también comentó: «Mienten los padres que inventan hijos a medida, torpe el hijo que reniega lo que hubo detrás. Amo al lector que entre líneas espía al juglar, pero también Dios desafina la orquesta y yo intento sonar» (en relación con el tema «Región dura»).

Cierta tarde allá por el año 1987 en su casa de Serrano (hoy calle Jorge Luis Borges) en el barrio de Palermo, el Abuelo dijo en una entrevista exclusiva: «Puedo morirme mañana o vivir 100 años, hay un sinfín de canciones y poemas inéditos que ojalá alguna vez salgan a la luz. Lo interesante no es el hombre, sino que la obra que éste deja se difunda y el legado sea tomado por otros, sencillamente eso, no aspiro a más».

Y en cierta forma eso se cumplió. Su corazón debilitado dejó de latir aquella tarde de sábado en 1988, con poca gente de testigo, pero este gigante chico mantiene vivo el talento de su música a pesar de no estar. (Télam)


"La muerte me apasiona, me encanta. Me apasiona el hecho de encontrarla, de ir pensando qué pasa después, es como una amiga una compañera y yo la quiero bien", señaló Miguel Abuelo en una de sus últimas notas justamente en el año 1988, antes de morir en la clínica Independencia de la zona de Munro.

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