“Tanto detrás de un voto”
Nadie se quiere ver forzado o reconocerse haciendo algo que lo perjudique a él o a su entorno, a su gente querida, incluso a sus conocidos; pero ¿qué sucedería si acaso se obrara sin plena conciencia de ello, sin haber realizado el ejercicio de reflexión controlada? ¿Seríamos así menos responsables o nos afectaría de menor manera la culpa al descubrir aquello que es aparente pero escondido a nosotros? La historia bien nos ilustra sobre un caso testigo de ello: Edipo Rey, quien sin saberlo se enamora de su madre, y cuando lo descubre (luego de haber intimado con ella) se quita los ojos como manera de reprocharse ese horror que advierte ejecutó sin saber. Luego de doce años ininterrumpidos de un mismo signo político en el gobierno (cosa que era algo y mucho en sí mismo en nuestra joven democracia), nadie puede decir que las cosas están iguales. Y no son sólo las muchas, necesarias y tantas conquistas sociales, reconocimientos de derechos o la representación cabal de la pluralidad de voces y actores sociales, es que a diferencia de aquél 2001 del “que se vayan todos” y del 2003 con una segunda vuelta trunca hoy estamos los jóvenes. Sin dudas Néstor Carlos Kirchner asumió la colosal tarea de dirigir los destinos de todos los argentinos en un escenario donde la cantidad de desocupados era mayor a la de votos reales de que disponía y donde sólo contaba con el acompañamiento incondicional de los leales, de los que lo conocía bien y sabían de lo que era capaz. Sobradas muestras dio de ello, y menuda tarea la de reconstruir con la gente las bases de una Argentina que quería volver a sentirse orgullosa. Y a eso se dedicó, haciendo más que diciendo, trabajando pero por sobre todo militando más que prometiendo, y casi sin darnos cuenta nos sedujo. Nos mostró a los jóvenes que ese abismo que a los nefastos y liberales de los noventa les convenía era posible achicarlo y que los puentes se construían con ideología, empatía y sensibilidad social. Nada de esto puede reclamársele a alguien que no lo tenga consigo desde el nacimiento, y poco importa qué cargo, jerarquía o bandera partidaria diga sostener u ostentar. Néstor dio su vida por lo que él creía y nos despertó de un letargo generacional. Seguro que su batalla fue la más difícil de todas, pero dicen que la medida de la batalla es la medida del guerrero. A cinco años de que nos dejara, el mejor homenaje es demostrarle que somos plenamente conscientes y críticos de las cosas, y que así entendemos que podremos construir una patria más justa. El punto de encuentro de este pueblo movilizado, de estos compañeros del campo nacional y popular, es la justicia social. Nada nos desviará de ello y cualquier esfuerzo sólo será para garantizar la victoria del compañero Daniel Scioli el próximo 22 de noviembre. Porque, como dijo nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, “la patria es el otro”, es el pueblo, son los ancianos, los desprotegidos, nuestros hijos, amigos, los latinoamericanos. Federico Vasches DNI 32.991.877 Roca
Nadie se quiere ver forzado o reconocerse haciendo algo que lo perjudique a él o a su entorno, a su gente querida, incluso a sus conocidos; pero ¿qué sucedería si acaso se obrara sin plena conciencia de ello, sin haber realizado el ejercicio de reflexión controlada? ¿Seríamos así menos responsables o nos afectaría de menor manera la culpa al descubrir aquello que es aparente pero escondido a nosotros? La historia bien nos ilustra sobre un caso testigo de ello: Edipo Rey, quien sin saberlo se enamora de su madre, y cuando lo descubre (luego de haber intimado con ella) se quita los ojos como manera de reprocharse ese horror que advierte ejecutó sin saber. Luego de doce años ininterrumpidos de un mismo signo político en el gobierno (cosa que era algo y mucho en sí mismo en nuestra joven democracia), nadie puede decir que las cosas están iguales. Y no son sólo las muchas, necesarias y tantas conquistas sociales, reconocimientos de derechos o la representación cabal de la pluralidad de voces y actores sociales, es que a diferencia de aquél 2001 del “que se vayan todos” y del 2003 con una segunda vuelta trunca hoy estamos los jóvenes. Sin dudas Néstor Carlos Kirchner asumió la colosal tarea de dirigir los destinos de todos los argentinos en un escenario donde la cantidad de desocupados era mayor a la de votos reales de que disponía y donde sólo contaba con el acompañamiento incondicional de los leales, de los que lo conocía bien y sabían de lo que era capaz. Sobradas muestras dio de ello, y menuda tarea la de reconstruir con la gente las bases de una Argentina que quería volver a sentirse orgullosa. Y a eso se dedicó, haciendo más que diciendo, trabajando pero por sobre todo militando más que prometiendo, y casi sin darnos cuenta nos sedujo. Nos mostró a los jóvenes que ese abismo que a los nefastos y liberales de los noventa les convenía era posible achicarlo y que los puentes se construían con ideología, empatía y sensibilidad social. Nada de esto puede reclamársele a alguien que no lo tenga consigo desde el nacimiento, y poco importa qué cargo, jerarquía o bandera partidaria diga sostener u ostentar. Néstor dio su vida por lo que él creía y nos despertó de un letargo generacional. Seguro que su batalla fue la más difícil de todas, pero dicen que la medida de la batalla es la medida del guerrero. A cinco años de que nos dejara, el mejor homenaje es demostrarle que somos plenamente conscientes y críticos de las cosas, y que así entendemos que podremos construir una patria más justa. El punto de encuentro de este pueblo movilizado, de estos compañeros del campo nacional y popular, es la justicia social. Nada nos desviará de ello y cualquier esfuerzo sólo será para garantizar la victoria del compañero Daniel Scioli el próximo 22 de noviembre. Porque, como dijo nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, “la patria es el otro”, es el pueblo, son los ancianos, los desprotegidos, nuestros hijos, amigos, los latinoamericanos. Federico Vasches DNI 32.991.877 Roca
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