Cuándo y cómo podar en Argentina: claves para cuidar tus plantas según la temporada
No es solo cuestión de estética. Conocer los ciclos biológicos y las normativas locales de nuestras plantas es vital para potenciar la floración y evitar daños irreversibles en el arbolado y las especies ornamentales.
En el ecosistema de la jardinería y el paisajismo argentino, la poda suele asociarse erróneamente con una tarea exclusiva del invierno. Sin embargo, intervenir una planta en el momento equivocado puede anular su floración o dejarla vulnerable a plagas estacionales.
Según las guías técnicas del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), la poda debe entenderse como una cirugía vegetal: cada corte es una herida que la planta debe cicatrizar utilizando sus reservas energéticas. Por ello, el calendario de poda en nuestro país se divide estratégicamente según el objetivo —ya sea de formación, sanidad o producción— y el clima de cada región, desde la calidez del Norte hasta los vientos persistentes de la Patagonia.
La «regla de los meses sin R»: el mito y la realidad del invierno, según el calendario de poda
Tradicionalmente, en Argentina se ha seguido la regla de podar en los meses que no contienen la letra «r» (mayo, junio, julio y agosto). Si bien esto coincide con el periodo de latencia o reposo vegetativo de muchas especies caducas, no es una norma universal.
Durante el invierno se realizan las podas estructurales en frutales y árboles de sombra, aprovechando que la savia circula con lentitud. Sin embargo, podar una especie de floración temprana (como el membrillero de jardín o la corona de novia) en julio significaría eliminar los pimpollos ya formados.
La recomendación oficial es esperar a que la planta entre en dormición profunda, evitando los días de heladas intensas que pueden «quemar» el tejido recién cortado.
Poda de verano o «poda verde»: el control del vigor según el calendario
Poco difundida pero esencial, la poda de verano se realiza entre diciembre y marzo. Su función principal no es estructural, sino de equilibrio energético. En frutales de carozo y vides, se utiliza para eliminar los «chupones» (brotes verticales muy vigorosos que no dan fruto) y permitir que la luz solar penetre hasta el centro de la copa, mejorando la calidad de la cosecha.
En trepadoras de crecimiento rápido como la Santa Rita, las intervenciones estivales son críticas para mantener la forma y evitar que la planta invada sectores no deseados. Según manuales de buenas prácticas, estos cortes deben ser ligeros para no desproteger el tronco de la radiación UV extrema.
Herramientas y cicatrización: el protocolo de sanidad vegetal, según el calendario de poda
La eficacia de una poda no depende solo del «cuándo», sino del «cómo». El uso de herramientas desafiladas o sucias es la principal vía de contagio de hongos y bacterias en los jardines argentinos. Las autoridades fitosanitarias recomiendan:
- Desinfección: limpiar las hojas de las tijeras o serruchos con una solución de alcohol al 70% entre planta y planta.
- Corte limpio: realizar cortes a 45 grados para evitar que el agua de lluvia se deposite en la herida, lo que previene la pudrición.
- Respetar el «cuello»: no cortar al ras del tronco principal; dejar el anillo o cuello de la rama permite que la planta active sus propios mecanismos químicos de sellado.
En el ecosistema de la jardinería y el paisajismo argentino, la poda suele asociarse erróneamente con una tarea exclusiva del invierno. Sin embargo, intervenir una planta en el momento equivocado puede anular su floración o dejarla vulnerable a plagas estacionales.
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