Tensión y miedo en basílica de Belén
Decenas de monjes cristianos y milicianos palestinos permanecen refugiados en la Basílica de la Natividad, en medio del asedio de las tropas israelíes. Aunque el gobierno de Sharon se comprometió a no atacar el lugar santo del cristianismo, hubo explosiones en una puerta y disparos. También faltan la comida y el agua.
JERUSALEN (ANSA/AFP)-En las callejuelas de Belén, sólo rompen el silencio los tiros de los soldados israelíes emboscados y los disparos de los tanques, mientras en la Plaza de la Mangeoire, el ejército sigue asediando la Basílica de la Natividad, donde permanecen refugiados varios cientos de palestinos.
Tensión, miedo y hambre reinan en la Basílica de la Natividad en Belén, donde más de 200 palestinos permanecen refugiados desde hace dos días sitiados por soldados israelíes, que niegan haber atacado la iglesia que se levanta en esa ciudad santa de Cisjordania, donde, según la cristiandad, nació Jesús.
No es posible esclarecer lo que realmente sucedió en las últimas horas en la iglesia, la más antigua del mundo.
Lo único cierto, cuentan los hermanos franciscanos, es que palestinos armados escaparon de la Basílica y se introdujeron por la fuerza en el albergue del convento, «Casa Nova», diciendo que los israelíes habían derribado una puerta y estaban por entrar.
Algunos palestinos aseguran que los soldados abrieron a tiros una pequeña puerta de hierro que desde la vía de la Gruta de la Leche da acceso al complejo de iglesias y conventos, y que después se detuvieron en el exterior de la Basílica, lanzando granadas ensordecedoras.
Mientras al Madani hablaba por teléfono, se sentían claramente los disparos, en los que era imposible discernir si se trataba de armas de fuego israelí o de palestinos que rompían las cerraduras para entrar en el Convento.
Un periodista, en un albergue cercano, confirmó el ataque a la puerta. El sacerdote Ibrahim Faltas, rector del instituto franciscano, refirió en diversas entrevistas que la entrada fue efectivamente derribada pero no dijo cómo.
Periodistas extranjeros que intentaron alcanzar la Plaza de la Mangiatoia, llena de soldados, fueron bloqueados con disparos al aire por militares a unos 400 metros de la Basílica, demasiado lejos para poder verificarlo.
Israel, que se comprometió a no tocar los lugares santos, negó que haya intentado entrar en la iglesia, definiendo a las acusaciones palestinas de «embustes» y «pura propaganda».
«¿Dónde están el mundo libre y el cristiano?», se preguntó, alterado, el obispo de la iglesia evangélica de Palestina y Jordania Munib Younan, quien denunció que los israelíes destruyeron los vidrios de su iglesia en Belén, próxima a la Basílica.
«No respetan la santidad de la iglesia, no respetan nada, estamos muy tristes y enojados. Es hora que Europa intervenga», dijo el monseñor.
Una monja refugiada en un convento adyacente a la Basílica, que pudo hablar con un canal de Cerdeña, alcanzó a decir que para ella «el peligro mayor parece haber pasado».
En tanto, se agotan las reservas de alimentos y agua. Unos 200 palestinos acampados en la basílica, entre ellos dos chicos de 13 y 14 años, no tienen qué comer, cuenta un monje. Hay dos heridos que necesitan atención médica.
«También nosotros no tenemos nada más -dijo el padre Faltas-. Hoy no comimos».
La pequeña ciudad fantasmal, de callejuelas que se entrecruzan y suben por las colinas, con casas de piedra blanca de Hebrón, «es la desolación», dice un periodista norteamericano.
Belén está devastada por las incursiones israelíes, no hay calle que se haya salvado: escombros por doquier, faroles arrancados, autos dañados por los tanques armados. La gente está escondida en sus casas, pero tampoco allí está segura.
Un hombre de 45 años fue baleado mientras hablaba por celular en su departamento, cuenta el alcalde Nasser, refugiado en su casa después que los israelíes ocuparon ayer el municipio.
Cerca del Hotel Star, Sumeya Aissa Manoli, una católica, sólo abre la puerta con suma prudencia. Un cartel que dice: «Dios bendiga vuestra casa», recibe a los visitantes. «No tengo más leche para el bebé y no podemos salir», explica Sumeya, de 39 años. Su pequeña, de un año y medio, se llama Lourdes. «Mi marido fue operado del corazón y necesita remedios», añade.
Muchas casas fueron destruidas, cuentan los periodistas que lograron circular por una hora entre las ruinas de la que era una de las más fascinantes ciudades de Palestina. Hasta ayer, dijo el alcalde, se cuentan 12 muertos y una treintena de heridos.
JERUSALEN (ANSA/AFP)-En las callejuelas de Belén, sólo rompen el silencio los tiros de los soldados israelíes emboscados y los disparos de los tanques, mientras en la Plaza de la Mangeoire, el ejército sigue asediando la Basílica de la Natividad, donde permanecen refugiados varios cientos de palestinos.
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