Tierra y riego en la colonia General Roca: 95 años

Por Héctor Pérez Morando

Redacción

Por Redacción

Aquel sobresaliente ministro, de Agricultura primero y de Obras Públicas después, y nada menos que de tres presidentes que tuvo el país a principio del siglo XX, se llamó Ezequiel Ramos Mexía y su ponderable obra en la Patagonia es posible que todavía no haya sido valorada en toda su dimensión, salvo su nombre en las obligadas citas históricas, accidentes geográficos, nombre de localidad y calles, más el gran lago de El Chocón. No cabe duda de que fue el ministro de la Patagonia por excelencia. Aprovechamiento de ríos, ferrocarriles y colonias fueron su principal y constante preocupación. La extensa colonia General Roca contaba por 1907 con el precario «canal de los milicos» pero el sistema de riego no alcanzaba cubrir las necesidades de tierras en producción y otras latentes para tal fin. Y aparece Ramos Mexía que años después lo recordaría así: «Se me ocurrió entonces crear una cooperativa que se llamó del Río Negro; cuyos miembros tomarían a su cargo la construcción de una red de canales de riego obligándose a invertir en ellos a razón de 48 pesos por hectárea». Y agregaba: » Así se le vendía la tierra al precio legal de dos pesos dándoles el título definitivo de propiedad cuando hubieran realmente invertido la suma establecida. Era una forma de colonizar no prevista por ley alguna, que tuvo la ventaja de permitir al Poder Ejecutivo realizar de inmediato sin esperar la intervención del Congreso, un plan de obras de riego, basado sin embargo en autorizaciones legales». (R. Mexía, E. Mis memorias, 1936).

El inteligente y ágil ministro había encontrado la forma de eludir los cansinos vericuetos de la burocracia y produjo el decreto del 27 de setiembre de 1907 que firmó el presidente Dr. José Figueroa Alcorta. «Era en realidad una venta de tierras a 50 pesos por hectárea destinando 48 pesos a mejoras de la tierra ofrecida». (Idem). Y en aquel recuerdo, Ramos Mexía también opinaba cuánto hubieran demorado los necesarios e imprescindibles trabajos de haber ingresado los fondos cooperativos a Tesorería General y que «los pioneros que formaron la Cooperativa fueron los fundadores de aquella espléndida región agrícola que es hoy (1923) un emporio de riqueza». El decreto de referencia fijaba condiciones para la concesión de chacras en la colonia General Roca, dado que algunos colonos de menores recursos carecían de riego o no podían contar con agua y «en cambio, las chacras de los colonos pudientes denuncian una sintomática prosperidad», siendo conveniente entonces «limpiar y perfeccionar el viejo canal de riego, aumentando su caudal y prolongándolo de manera que pueda permitir el riego de numerosas chacras que no gozaban de sus beneficios». (Molins, 1919). El Poder Ejecutivo Nacional por medio de dicho decreto alentaba la «difusión de la cooperación agrícola» por constituir «uno de los instrumentos más poderosos del desenvolvimiento económico y una aspiración manifiesta del espíritu moderno».

El decreto fijaba otras condiciones para el usufructo de la tierra y el riego, como por ejemplo que para desenvolvimiento de la cooperativa era necesario contar con capital «para construir canales capaces de irrigar los lotes de sus asociados, que no podrán ser menos de cinco mil (5.000) pesos m/n por cada lote de cien hectáreas, concediendo a los propietarios ya establecidos la facultad de suscribir acciones de la sociedad cooperativa constituida por los vecinos», comprometiéndose la sociedad a «mantener los canales de riego en perfecto estado de conservación» no pudiendo cobrar a los propietarios no asociados» un canon mayor de cuatro pesos por hectárea y por año». También preveía el decreto la posibilidad de que el gobierno tomara «a su cargo la distribución del riego y la reparación de los canales» y expropiarlos abonando costo.

Las iniciales acciones representaron un capital de 800.000 pesos y de 1.200 a 1.300 hectáreas beneficiadas, llegando en 1918 a 17.000 hectáreas, teniendo en ese año, dice Molins, una extensión de 400 kilómetros entre canales y acequias y el canal matriz 65 kilómetros. También expresa Molins en su trabajo, producto de una visita personal a la zona, que los cultivos abarcaban 16.850 hectáreas con alfalfa, viña en producción y nueva, avena y cebada, trigo -sí, trigo-, arvejas, maíz, frutales, hortalizas y nuevos cultivos. Indudablemente llaman la atención algunos de esos cultivos que producía el Alto Valle. Como el citado capital inicial no alcanzaba para «la expansión de la zona regable y el aumento vertiginoso de los plantíos» tuvieron que hacerse de un crédito bancario de trescientos mil pesos y parece sin problemas para la amortización. Los accionistas pagaban de canon 8 pesos por hectárea y los no accionistas, 10, y estimaban en mil hectáreas por año las que se incorporaban al riego cooperativo.

Pero la cooperativa tenía que «andar» y hacer correr el agua por canales y acequias al norte del río Negro en forma sistemática y ordenada. Y asomaron los hombres para el manejo: Patricio Piñeyro Sorondo, David Cogan, doctores Aquiles Garciso síndico titular y Luis J. Cordiviola, Ramón Lemos -que presidió varios períodos la cooperativa- , Bartolomé Tallarini, Angel Azcue, Cristian Nielsen, Alfredo Viterbori, Wálter Kaufmann, síndico suplente, y otros. La mayoría era considerada de buen y alto nivel económico y algunos con excelentes relaciones en el poder porteño. Sin duda, hoy, algunos descendientes lucen sus apellidos ya históricos en localidades del valle rionegrino y en otras partes del país. Sin convertirse en nota social, sirva la presente de recuerdo y homenaje para aquellos que transformaron los médanos en tierra productiva.

Y como anécdota anotamos que la «Société coopérative d»irrigation» de la colonia Roca también fue conocida en Francia por medio del libro que escribiera el médico J. A. Doléris (de l»acade de médecine de París y commandeur du mérite agricole) que tuviera campos en la zona, en francés e ilustrado, publicado en 1912 donde también cita a los nombrados, a Ramos Mexía y otros colonos.

Posterior al decreto que comentamos, el estatuto de la Cooperativa de Irrigación Lda. de General Roca se aprobó por decreto del 30 de diciembre de 1907.


Aquel sobresaliente ministro, de Agricultura primero y de Obras Públicas después, y nada menos que de tres presidentes que tuvo el país a principio del siglo XX, se llamó Ezequiel Ramos Mexía y su ponderable obra en la Patagonia es posible que todavía no haya sido valorada en toda su dimensión, salvo su nombre en las obligadas citas históricas, accidentes geográficos, nombre de localidad y calles, más el gran lago de El Chocón. No cabe duda de que fue el ministro de la Patagonia por excelencia. Aprovechamiento de ríos, ferrocarriles y colonias fueron su principal y constante preocupación. La extensa colonia General Roca contaba por 1907 con el precario "canal de los milicos" pero el sistema de riego no alcanzaba cubrir las necesidades de tierras en producción y otras latentes para tal fin. Y aparece Ramos Mexía que años después lo recordaría así: "Se me ocurrió entonces crear una cooperativa que se llamó del Río Negro; cuyos miembros tomarían a su cargo la construcción de una red de canales de riego obligándose a invertir en ellos a razón de 48 pesos por hectárea". Y agregaba: " Así se le vendía la tierra al precio legal de dos pesos dándoles el título definitivo de propiedad cuando hubieran realmente invertido la suma establecida. Era una forma de colonizar no prevista por ley alguna, que tuvo la ventaja de permitir al Poder Ejecutivo realizar de inmediato sin esperar la intervención del Congreso, un plan de obras de riego, basado sin embargo en autorizaciones legales". (R. Mexía, E. Mis memorias, 1936).

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