Todas, una sola
Chica material, mística, sadomasoquista, estricta, provocadora, escandalosa. «Soy como una cebolla a la que le van quitando capas sucesivamente», se define ella en una frase poco original que parece calcada del ogro Shrek. Pero algo de razón tiene: Madonna lleva vividas tantas vidas como apariencias parece tener.
Madonna fue reina en 1984, con «Like a virgin». Se coronó con su evocación de Marilyn en «Material Girl». Supo armar escándalos, con ese adiós a los 80 que fue «Like a Prayer´» y exhibir sus fantasías más explícitas en «Sex», un catálogo de sus múltiples apetencias sexuales salpicado de caras y cuerpos famosos. Supo también armarse de un rodete y convencer de que era la encarnación de ´Evita´ en el cine, desde el mismísimo balcón de la casa Rosada, con permiso de Carlos Menem.
Los 90 le llegaron con el toque de diva espiritual. Sus trabajos´Vogue´, ´Erótica´ y ´Bedtime histories´, la mostraron más linda y mejor que antes, capaz de reinventarse siempre y dar que hablar aún más. En la cresta de la ola siempre, Madonna supo sobre todo convertirse en un ícono. Con «Ray of Light» se mostró suave y etérea. Con «Confessions on a dance floor» rindió honores a la música disco y a su época. Entre uno y otro, ella siempre dio en la tecla. Y se reinventó, para seguir siendo Madonna.
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