“Todavía no entiendo que gané el US Open”

Juan Martín dice que aún no cae, que la fama lo tiene sin cuidado y que sueña con ser el ´1´



BUENOS AIRES (ABA).- “Mi sueño máximo es ser el número uno y para eso debo estar al límite de mis condiciones. Se que tengo un largo camino por recorrer y dos grandes jugadores arriba. El Masters (ahora World Tour Finals) de Londres puede ser el próximo objetivo, igual todavía no quiero pensar en nuevas metas”, señaló Juan Martín del Potro, quien llegó ayer al país luego de su máxima conquista.

Chomba celeste y jean azul, el tandilense atendió durante cuatro horas a la prensa en un hotel céntrico de esta capital.

A pesar del asedio de los medios y de haber dormido dos horas en los últimos tres días, se mostró amable y risueño, como cuando exhibió sus nuevas zapatillas de lona que llevan su nombre estampado. “Me las hicieron porque gané”, dijo entre risas.

El tandilense regresó a la Argentina para compartir con sus seres queridos el gran momento que está viviendo. Tras la final con Roger Federer, habló por teléfono con su familia. “Todos gritaban, mi mamá lloraba… Lo que más deseo es llegar a casa para abrazarlos y contarles cosas”, expresó Delpo, quien hoy recorrerá 350 kilómetros para llegar a Tandil, donde le espera un gran recibimiento.

El número 5 del mundo contó que, además de su familia, sintió el apoyo de la agente y también de sus amigos y colegas. “Gastón (Gaudio) me mandó un mensaje y me felicitó, es un gran gesto”, comentó. Otro que también lo alentó durante las dos semanas de competencia fue el delantero de Boca Martín Palermo. “Después de cada partido, siempre me mandaba un mensaje de texto o me llamaba. Lo mismo (Juan) Mónaco y (Mariano) Zabaleta, que son mis hermanos mayores en el circuito. Hasta (Emanuel) Ginóbili me llamó”, se sorprendió.

Tras ganarle la semi a Rafael Nadal, la mañana siguiente Del Potro miraba el desayuno y no podía comer una tostada. Todo se potenció después de bajar al quintuple campeón del Abierto norteamericano. “Todavía es difícil caer, sigo en piloto automático y sin entender nada. No tuve tiempo de relajarme. Cuando recibo ciertos llamados o mails me hacen llorar, lagrimeo. No entiendo que gané el US Open”, se sinceró.

Unas horas antes, su entrenador, Franco Davin, había dicho: “No creo en la fama, me parece que es peligrosa y perjudica”. En sintonía con esas palabras, Delpo aseguró que su vida y forma de ser “no van a cambiar” y que sus amigos “van a ser los mismos de siempre”. En todo momento remarcó la importancia de su entorno. “Para mí es importantísimo estar rodeado de buena gente. Con mi equipo de trabajo sabemos qué es lo que queremos. Además, mi familia no va a dejar que yo cambie”, afirmó.

Su tono monocorde e imperturbable se modificó sólo cuando un periodista se presentó y, felicitación mediante, le dijo que era vecino suyo en su ciudad natal.

Del Potro sonó espontáneo, y dejó a la vista el cariño por sus raíces. Para sus veinte años, uno de los rasgos que quizá sorprende sea su mesura para hablar.

Probablemente lo haya ayudado el desliz que tuvo en la Copa Davis 08, cuando dijo que “a Nadal le vamos a sacar los calzones del orto”. Hoy parece difícil que cometa alguna imprudencia de ese tipo. “¿Qué le puedo decir a los chicos? Ellos tienen a sus padres, que le van a saber decir qué es lo mejor. Yo de chico era feliz, practicaba mucho deporte, no quería faltar nunca al colegio, jugaba al fútbol y al tenis”.


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