Todo es posible
¿Qué ocurrió para que el entrenador acaso más decente y trabajador de la selección argentina tenga a su vez el récord poco honroso de ser el primero que quiebra un contrato en los últimos treinta años de la AFA?
«Sencillamente, falta de energías», intentó simplificar Marcelo Bielsa durante 70 minutos. Fiel a su naturaleza, Bielsa se comportó como un hombre ajeno a códigos del fútbol y el misterio lo siguió hasta el final. Pero el periodismo también es fiel a su naturaleza. Y por eso sospecha.
¿Cómo no hacerlo si Bielsa, después de superar las peores tormentas y en el momento más dulce de sus seis años de gestión, dice que en apenas diez días se quedó sin ganas de trabajar?
Nadie abandona de la noche a la mañana su trabajo si lo considera «el sitio más hermoso en el que puede estar un director técnico argentino» y, menos aún, si, como también dijo Bielsa, se va sin reproches hacia los dirigentes, la prensa y los aficionados.
Bielsa, en realidad, eligió irse en paz. Porque de la prensa carroña habló sin temores cada vez que le preguntaron. Y su opinión sobre los dirigentes quedó clara cuando el martes garantizó de modo enfático que él «jamás» será dirigente. Y cuando también aclaró a un periodista que el apoyo que recibió de la AFA fue «suficiente», pero no «muchísimo», como el cronista había repetido equivocadamente.
Bielsa había opinado hace diez días que Inter y Valencia debían ser sancionados por no haber cedido a Juan Verón y Pablo Aimar, respectivamente. Pero el presidente de la AFA, que a su vez es vice de la FIFA y está obligado a hacer equilibrios, apenas presentó una nota informativa, no un pedido de sanción. ¿Qué autoridad podía tener Bielsa si Real Madrid decía entonces luego que no a Wálter Samuel, Mónaco no a Javier Saviola y Manchester United no más a Gabriel Heinze? ¿Habrá influido ese episodio, entre otros, en la decisión de Bielsa?
Se trata, por supuesto, de simples especulaciones, como las que sugieren que Bielsa estaba cansado porque sus familiares sufrían con su cargo, especialmente hijos y sobrinos, o aquellas que cuentan que le costaba adoptar decisiones dolorosas, como excluir a otros jugadores históricos, para darle definitivo paso a la nueva generación.
La AFA quebró una vieja y acaso salvaje ley no escrita del fútbol cuando le renovó el contrato después de la derrota. ¿Acaso tamaña audacia haya terminado siendo un 'boomerang', obligando a un desgaste doble que terminó explotando dos años antes de su término? Algo, de todos modos, no quedó claro en medio de tanta racionalidad. «No hubiera tomado esta decisión en el fracaso», dijo Bielsa en un momento. ¿Pero no hubiese sido indecente que siguiera, aún en caso de nuevas derrotas si, efectivamente, sus energías ya no eran las mismas?
En lugar de 36 millones de técnicos, Bielsa invita al juego de los 36 millones de sicólogos. Sus energías, afirmó, crecen en la adversidad. Pero parecen decaer en la victoria: se fue campeón de Newell's, de Vélez y de la selección. «Disfruta más el dolor», diría un sicólogo de bolsillo.
Seguramente un conjunto de factores influyó en ese desgaste que Bielsa no quiso o no pudo precisar. Y las especulaciones se hacen inevitables. Peor sería pensar en actitudes de revancha, oportunismo, presión intolerable o acuerdo de partes, como llegaron a sugerir en otros sectores. Suenan imposibles en un hombre que, además de conocer su oficio, dio lecciones de reflexión, conducta y ética. Y que, además, nos hizo pensar que, en un fútbol donde hasta Grecia puede ser campeón colgándose de un travesaño, también es posible ganar jugando al fútbol.
Ezequiel Fernández Moores
Nota asociada: «Y… sí, ahora me siento capacitado»
Nota asociada: «Y… sí, ahora me siento capacitado»
¿Qué ocurrió para que el entrenador acaso más decente y trabajador de la selección argentina tenga a su vez el récord poco honroso de ser el primero que quiebra un contrato en los últimos treinta años de la AFA?
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