Tras las huellas de Martin Luther King

“Yo tengo un sueño: que mis cuatro hijos pequeños podrán vivir en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el valor de su carácter”, dijo el defensor de los derechos civiles en 1963. A 50 años de su discurso más famoso, una recorrida por el sur profundo deEE. UU., donde transcurrió gran parte de la vida del Nobel de la Paz asesinado a tiros en 1968.



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El pastor Samuel Kyles estaba con King cuando recibió los disparos. “Era como una pesadilla”, dice.

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Elaine Lee Turner militó en Memphis con Martin Luther King: “Era tranquilo y pacífico”, recuerda.

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Tumba de King y su esposa Coretta en Atlanta

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Joan Lee Nelson y su sobrino en Memphis, donde ella organiza excursiones con King como eje.

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Desde esta ventana miraba el asesino de King

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Turistas miran el cuarto donde murió King, en el motel Lorraine

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Un caluroso día del verano de 1963 su discurso en Washington le dio fama mundial.

Christina Horsten/DPA

Con una mirada sabia y un aire de satisfacción en su rostro de piedra, Abraham Lincoln miraba desde su silla de mármol blanco a la muchedumbre que estaba abajo. Exactamente un siglo antes el entonces presidente de Estados Unidos había liberado a los esclavos. Un día caluroso de verano de 1963, cientos de miles de personas se congregaron frente al monumento a Lincoln en Washington para reclamar el siguiente paso: la plena igualdad racial.

“Tengo un sueño”, exclamó el defensor de los derechos civiles Martin Luther King ante la masa de gente en su famoso discurso. “Tengo un sueño: que mis cuatro hijos pequeños podrán vivir en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el valor de su carácter”. Sus palabras desataron una ovación que duró varios minutos.

El discurso en Washington le dio fama mundial al futuro premio Nobel de la Paz. Hoy, un gran monumento en la capital de Estados Unidos recuerda al defensor de los derechos civiles asesinado a tiros en 1968. Sin embargo, quien realmente se quiera acercar a Martin Luther King debe viajar al sur de Estados Unidos. Una gran parte de la vida privada y pública del reverendo se desarrolló en los estados de Georgia, Alabama, Mississippi y Tennessee.

Todo comenzó tras un espeso seto verde y rododendros azules, en una casa de madera con veranda y un pequeño balancín de madera. Avenida Auburn número 501, en el corazón de Atlanta, la metrópoli de los estados del Sur. Allí nació Michael King Junior el 15 de enero de 1929 como el segundo de una familia de tres hijos. El padre cambió el nombre más tarde, cuando durante un viaje a Alemania quedó impresionado por la obra del teólogo alemán Martín Lutero. El padre de King era pastor y también la madre trabajaba en la cercana iglesia bautista Ebenezer.

“La familia pertenecía a la clase media alta”, relata la guardabosques del Parque Nacional de Atlanta, que organiza las visitas guiadas gratuitas a la casa natal. Cerca de una cuarta parte del interior es original, el resto fue recreado. “Toda la zona fue declarada monumento nacional”, dice la guardabosques.

En una superficie de sólo pocas cuadras, el lugar conmemorativo abarca casi todas las etapas importantes en la vida del defensor de los derechos civiles. A la vuelta de la esquina de la casa natal se encuentra la iglesia bautista Ebenezer, donde King trabajó y predicó desde 1960 hasta su muerte como pastor auxiliar junto a su padre. El edificio de ladrillo rojo, donde seis años después de la muerte de King también fue asesinada su madre cuando estaba tocando el órgano, es hoy un museo. La comunidad sigue su vida en la nueva iglesia que se construyó frente a la antigua. Hasta el día de hoy, la hermana de King, que vive en el suroeste de Atlanta, y sus hijos asisten allí a la misa dominical.

El defensor de los derechos civiles fue enterrado al otro lado de la calle. Junto a su tumba está la de su esposa Coretta, quien murió en 2006. Cientos de turistas peregrinan a diario a los dos sepulcros. El sitio no ofrece tranquilidad para la contemplación: de los altavoces instalados junto a las tumbas salen a alto volumen discursos de King y su mujer. Enfrente, los habitantes de una residencia de ancianos hacen una barbacoa en la terraza.

Atlanta es la tierra natal de King, pero sus primeros pasos profesionales los hizo hacia el oeste. En Montgomery, capital del estado de Alabama, trabajó de pastor en la iglesia Dexter Avenue, que está situada junto a la sede del gobierno y hoy se puede visitar. Aquí dirigió el boicot a la segregación racial en los autobuses públicos y aquí se convirtió en uno de los líderes del movimiento por los derechos civiles de la población negra.

Elaine Lee Turner, de 69 años, militó como adolescente en el movimiento por los derechos civiles y en aquel entonces se encontró varias veces con el premio Nobel de la Paz. “Era un hombre muy tranquilo y modesto que hablaba pausado. Tenía un carácter muy pacífico, era un hombre muy cercano a la gente y muy relajado. Nunca se molestaba cuando la gente acudía a él y le hablaba”. La misma impresión tiene su hermana Joan Lee Nelson, de 67 años: “Cuando vi por primera vez a King, salté y le di un beso en el cuello. Así de simple”.

Las dos hermanas tienen hoy una empresa de excursiones y llevan a los turistas a lugares importantes del movimiento por los derechos civiles en Memphis. El hecho de que King fuese asesinado en su ciudad natal les conmocionó mucho. “Sentí dentro de mí un vacío total y por primera vez tuvo la necesidad de abandonar Memphis durante algún tiempo”, relata Lee Nelson.

El Motel Lorraine, donde King fue asesinado a tiros por Earl Ray el 4 de abril de 1968 a la edad de 39 años frente a su habitación número 306, forma hoy parte del Museo Nacional de los Derechos Civiles. El reverendo Samuel Kyles, quien lleva más de 50 años predicando en la iglesia monumental bautista en Memphis, recuerda muy bien el día en que estaba junto con su amigo King en el balcón de la habitación 306. Desde entonces ha contado su historia innumerables veces.

“Creí que era una pesadilla. La sangre brotaba de su cara. Nadie dijo una palabra, había sangre por todos lados”, relata el reverendo, de 79 años. “Yacía allí sobre el frío hormigón y murió desangrado, un hombre de paz”. Kyles llamó una ambulancia. Poco después el defensor de los derechos humanos sucumbió a sus heridas en el hospital. “Lo habíamos perdido. ¿Qué debíamos hacer ahora? Durante décadas me sentí atormentado”, dice Kyles con voz lenta y dramática. “Pero una cosa ya me ha quedado clara: se puede matar al soñador pero no a su sueño. Su sueño sigue vivo”. (DPA)

Christina Horsten

Mural de Martin Luther King y su familia, en Atlanta

Estados Unidos


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