Un año agitado, con final auspicioso
La llegada de Jon Uriarte puede ser el comienzo de un ciclo más duradero.
BUENOS AIRES (Télam).- A once meses del Mundial, el vóley argentino atravesó un año de transición clausurado con la designación de Jon Uriarte como técnico del seleccionado masculino y la convicción de haber encontrado, en esa decisión, el punto de partida de un ciclo más durable, pensado y previsible que el acaba de concluir.
Sin la recepción en los medios periodísticos que contaba hasta hace poco tiempo atrás, el seleccionado argentino mayor completó el año con resultados aceptables para su justo lugar.
El seleccionado, bajo la conducción de Fabián Armoa, logró este año la clasificación al Mundial en el Premundial de Mar del Plata, fue último en su grupo en la Liga Mundial, detrás de Polonia, Serbia y Montenegro y Grecia, quedó cuarto en la Copa América, en Brasil, y mantuvo su segundo puesto en el Sudamericano, en el mismo país.
Sin embargo, la deteriorada relación de Armoa con el plantel resultó determinante para provocar su despido el pasado 11 de noviembre, antes de ingresar en el año calendario del Mundial de Japón.
Fue la conclusión de un ciclo que había comenzado en agosto de 2003 y el acto final de una etapa que nació al calor del conflicto político, judicial y económico entre la Federación Internacional (FIVB) y una parte de la dirigencia local del vóley.
En este contexto, la designación de Uriarte, un entrenador con formación, experiencia, probada idoneidad y, además, representante de la mejor generación de la historia del vóley argentino, aparece como una buena noticia.
Esa saludable novedad no es simplemente consecuencia de la lectura de sus pergaminos, sino que resulta de la posibilidad de encontrar un punto de partida para establecer, según las palabras de Uriarte, un «plan estratégico», necesariamente a largo plazo, que el seleccionado nacional reclama desde hace tiempo.
Con esa necesidad a la vista resulta singularmente negativo el anuncio de Fabián Muraco, entrenador de la selección masculina de menores, de abandonar su cargo en marzo próximo, acaso como sano gesto de lealtad a Armoa.
El seleccionado menor masculino protagonizó, quizás, la mejor noticia del año para este deporte. Argentina trepó hasta el cuarto puesto en el Mundial disputado en Argelia, perdió ante Italia el partido por el tercer puesto, y mostró jugadores en franco ascenso como Rodrigo Quiroga y Franco Giachetta.
Un retroceso, en cambio, registró la actividad del seleccionado femenino. No se clasificó al Mundial y se ubicó tercero en el Sudamericano.
Mientras, la actividad local continuó su paulatino y prudente crecimiento bajo la organización de la Asociación de Clubes (Aclav).
Aunque es cierto que aparecieron algunas alertas, que ciertos dirigentes eligieron no atender sobre el control del ingreso y egreso de los volátiles capitales que se invierten en la liga.
A pesar de estos sucesos y su lógica de apuro, el 2005, con su dinámica irregular, encumbró en su epílogo a U-riarte, un DT al que se le conoce como un cultor de conceptos opuestos a los que marcaron el ritmo del año, que abren la posibilidad de mensurar el próximo año por algo más que la suerte de un resultado. Se verá en el 2006.
Pero esperanzas sobran.
BUENOS AIRES (Télam).- A once meses del Mundial, el vóley argentino atravesó un año de transición clausurado con la designación de Jon Uriarte como técnico del seleccionado masculino y la convicción de haber encontrado, en esa decisión, el punto de partida de un ciclo más durable, pensado y previsible que el acaba de concluir.
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