Un apasionado de la actuación
El actor, que por estos días aparece en la repetición de "Amas de casa desesperadas" y reemplaza a Alejandro Awada en "Días contados"
Carlos Santamaría es uno de los hombres de «Amas de casa desesperadas», pareja de Mercedes Morán, que Canal 13 repite en el aburrido verano de la tele.
El mismo que fue dirigido por Mónica Viñao en «Geometrías» la obra de Javier Daulte, con Gastón Pauls y Andrea Bonelli. El que también integró del elenco del unitario «Un mundo de sensaciones», ciclo que marcó la continuidad estética de «Por ese palpitar» en América 2, de cuya producción fue co-responsable con Andrea Pietra. Ese hombre serio, personaje central del capítulo «El anillo de Salomón» de «Los Simuladores», ahora protagoniza «Días contados» -con Cecilia Roth, Gustavo Garzón y Claudia Lapacó- la pieza de Oscar Martínez, de miércoles a domingo, en el Paseo La Plaza de Buenos Aires.
La carrera actoral de Santamaría comenzó decididamente cuando estaba cruzando la barrera de los treinta. «Antes trabajé durante quince años en un restorán, en la caja, coordinando los distintos servicios. Me gustaba mucho, de lo contrario no hubiera pasado tanto tiempo en él, pero no llegó a producir en mí -lo sé más claramente ahora- el placer que me genera el trabajo como actor. Un placer que no se agota… Se renueva cada vez que leo un libro nuevo, que me proponen una idea, que filmo, grabo para televisión o subo al escenario».
Desde el 17 de enero, en la segunda temporada de «Días contados», Carlos tomó su personaje -Javier, hermano de la protagonista (Roth)- ante el alejamiento de Alejandro Awada. «No pude transitar el desarrollo habitual y necesario de varios meses de ensayo, de comunicación e intercambio con la dirección y los compañeros actores. Eso me creó una sensación rara, una fuerte inestabilidad. Pasé muchos días sin tener la letra segura, reconociendo el espacio teatral donde debía moverme, recordando y esperando los pies de mis colegas, marcándome las entradas. Me preocupaba más todo eso, que poder expresarme».
– ¿Cómo llegaste al personaje?
– El contacto con Oscar (Martínez; autor y director de la pieza), su guía, me ayudó a meterme rápidamente en la piel de Javier; como él lo escribió, me ayudó a encontrar las facetas para apurar la lectura. Fue un fuerte apoyo, un seguro donde fui encontrando los elementos para elaborarlo.
Otros momentos valiosos se fueron dando mientras la obra transcurría, función tras función, con el público ahí… A medida que las noches pasaban, la letra se fue asegurando, el espacio se tornaba familiar y el placer de actuar aparecía.
Desde hace ya unos días, me he despojado de las tensiones iniciales, estoy cómodo, más libre. Pero no fue una tarea sencilla, tengo mucha letra y muy compleja y son muchos las situaciones emotivas por las que pasa Javier…
– ¿Te atrae esto de salir al toro sin remedio o preferís madurar lentamente el personaje?
– Es difícil responderte ahora, teniendo esta experiencia en curso… En ese sentido, yo me definiría como un perceptivo. Prefiero siempre tener un tiempo de elaboración, de lectura tranquila de la obra, buscando los apoyos interiores para construir mi trabajo. Hay personajes con los que tengo más afinidades y otros que me llevan a sondear aspectos personales que no me son tan evidentes, o que no me gustan. Y podemos tener un gran porcentaje de aspectos positivos, pero también lados oscuros o dolorosos por los cuales no es fácil andar.
Prefiero buscar esos puntos en común con tiempo; dejarme traspasar de a poco por el libro… En esa percepción que tengo a medida que lo voy leyendo, en ese reconocimiento de mi rol y el de los demás, prefiero dejarme llevar por la intuición, antes que por el manejo técnico. A esta altura de mi carrera, me gusta trabajar así y no sujetándome a cuestiones rigurosas que me impiden crear con soltura.
– Si la necesidad te obligara a ganarte la vida de otro modo, cómo te verías ¿volviendo al restorán o en otra actividad fuera de las tablas?
– Con todo el tiempo que ya llevo como actor, lo haría, aunque veo muy difícil abandonar todas las experiencias que he vivido y sigo viviendo día a día.
EDUARDO ROUILLET
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