Un dique muy frágil

Aun con todas las dudas y problemas que ocasionarán, las medidas de anoche de Cavallo muestran finalmente firmeza.



Por constituir la confianza del público en la fortaleza del sistema financiero el último muro de contención que aún nos queda frente al avance del caos económico que, de apoderarse del país, tendría consecuencias calamitosas para buena parte de la población y bien podría causar perjuicios políticos y sociales irremediables, lo que más ha temido el gobierno era que un día se desatara una corrida bancaria incontrolable. Así, pues, puede comprenderse su reacción frente al espectáculo que se dio el viernes cuando la actividad bancaria habitualmente más agitada de un fin de mes coincidió con una nueva alza del índice riesgo país, que se acercó al nivel antes inconcebible de los 3.600 puntos, y rumores de todo tipo que se alimentaron de la decisión de los peronistas de apropiarse de lo que es en efecto la vicepresidencia de la Nación y la voluntad de los legisladores de aprovechar la última sesión ordinaria del Congreso para introducir nuevas leyes supuestamente populares, factores que se combinaron para generar una sensación rayana en el pánico. Aunque las medidas que han tomado con el propósito de restañar la sangría, de las que la más llamativa consiste en el límite de mil pesos mensuales al retiro de depósitos, ocasionarán muchos inconvenientes, sobre todo a la multitud de pequeños comercios que sin necesariamente formar parte de la economía "negra" aún no están acostumbrados a operar con el dinero plástico cuyas ventajas encandilan a los funcionarios, son claramente preferibles a la alternativa de seguir esperando a que las exhortaciones oficiales resultaran suficientes como para mantener a raya el espectro de un colapso total.

En principio, están en lo cierto Domingo Cavallo y otros voceros gubernamentales cuando señalan que el canje de deuda marcha bien y que de todas formas la convertibilidad sigue siendo sostenible, pero sucede que los números y los planteos teóricos, por contundentes que éstos sean, pesan menos en la balanza que la sospecha de que "los políticos", todos comprometidos con un sector público al parecer insaciable, terminarán despojando a los ahorristas de su dinero mediante una megadevaluación, una reedición del "plan bónex" u otra maniobra destinada a permitirles apropiarse de una tajada más del sector privado. Si bien los legisladores de todos los partidos significantes juran y rejuran que nunca jamás se les ocurriría intentarlo, la resistencia de los gobernadores y sus aliados políticos a hacer suya la causa del déficit cero propende a difundir un mensaje muy distinto que a juicio de muchos suena más convincente. Al fin y al cabo, no es necesario ser economista profesional para entender que en el fondo lo que aquellos políticos y sindicalistas que están "luchando" contra los recortes están reclamando es que los contribuyentes o, en su ausencia, los ahorristas, les entreguen más dinero. Ya que el país ha perdido el acceso a los créditos externos, tiene forzosamente que depender de sus propios recursos, realidad que ningún arrebato retórico podrá modificar.

El enfriamiento -aún sería prematuro hablar de una congelación- de los depósitos resultará útil si sirve para tranquilizar un poco el escenario financiero. Asimismo, el mero hecho de que el gobierno se haya animado a tomar una medida tan impactante podría ayudar a hacer pensar que por fin ha optado por actuar con firmeza, lo cual, luego de años de vacilaciones y de paños tibios, sería de por sí muy positivo. Con todo, el eventual alivio que podrían suponerles a las autoridades las medidas que se anunciaron ayer se transformará rápidamente en más alarma generalizada, a menos que sea evidente que tanto el gobierno como "los políticos" en su conjunto están aprovechando al máximo la pausa así supuesta no sólo para completar el canje de la mejor manera posible, sino también para asegurar que el gasto público sea compatible con los recursos reducidos que puedan proveer un sector privado ya asfixiado y un sistema financiero que, su robustez no obstante, ha sido severamente golpeado por la incertidumbre creciente de los meses últimos.


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