Un espacio vacío

Redacción

Por Redacción

Hace un año, aun pareció razonable esperar que –luego de una década de populismo kirchnerista– una parte significante del electorado optara por probar suerte con una alternativa procedente de la centroizquierda, pero a pesar de todos los esfuerzos de los considerados presidenciables el “espacio” Frente Amplio Unen ha resultado ser un fracaso. Lo ha entendido el socialista santafesino Hermes Binner; consciente de que apenas medía en las encuestas, el viernes decidió borrarse de la carrera presidencial. Aunque Binner dice estar dispuesto a apoyar las aspiraciones de Margarita Stolbizer, sabe que son virtualmente nulas las posibilidades de la bonaerense de obtener los votos necesarios para hacer lo que podría llamarse una buena elección; antes bien, sólo lograría reducir un poco el eventual total conseguido por los dos opositores mejor ubicados, Mauricio Macri y Sergio Massa, en beneficio del presunto oficialista Daniel Scioli. ¿Es lo que se han propuesto Binner, Stolbizer y otros precandidatos “progresistas” vinculados con Unen? Puede que no, pero están tan acostumbrados a desempeñar un papel meramente testimonial que les interesan mucho más las vicisitudes de la interna centroizquierdista que las del drama político nacional. Al anunciar el abandono de su candidatura, Binner se afirmó preocupado por el creciente protagonismo que están cobrando “las fuerzas conservadoras y una neodirigencia que reniega de la política”, actividad ésta que, a su entender y el de muchos de mentalidad afín, deberían monopolizar quienes militan en el lado izquierdo del espectro ideológico. Dicho de otro modo, lo que más temen Binner y sus correligionarios no es que una variante del kirchnerismo siga en el poder sino que el próximo presidente sea el jefe de Gobierno porteño, el que, según las pautas imperantes en otras latitudes, es un centrista de actitudes pragmáticas pero que sectores de la izquierda local siempre han tratado como un extremista deseoso de dejar absolutamente todo en manos del mercado. Hasta hace poco compartía los prejuicios en tal sentido la cofundadora de Unen, la diputada Elisa Carrió, pero cambió de opinión al darse cuenta de que seguir procurando excluir a Macri del juego político sólo serviría para ayudar al peronismo a prolongar su hegemonía. Es sin duda lamentable que los equivalentes locales de los socialdemócratas europeos hayan resultado incapaces de asegurarse los votos de los millones de pobres que, por motivos que les cuesta entender, casi siempre han preferido ser gobernados por un caudillo populista a permitir que lo haga un socialista respetuoso de las normas republicanas, pero se trata de una realidad. Así, pues, a menos que los demócratas de ideas izquierdistas quieran ayudar a perpetuar el statu quo, tendrían que resignarse a elegir lo que para ellos sería el mal menor. Distan de ser los únicos que no se sienten representados por ningún partido, pero mientras que los conservadores moderados se han habituado a votar a favor del radical o peronista que les parece menos peligroso que sus rivales coyunturales, los progresistas insisten en dividir el voto opositor. A esta altura parece muy poco probable que en los escasos meses que nos separan de los PASO surja una candidatura que merezca la aprobación de la centroizquierda democrática. Todo hace prever que entre los tres precandidatos mejor posicionados que, en orden alfabético, son Macri, Massa y Scioli, se encuentra el sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. A juicio de Carrió y de muchos radicales, convendría que triunfara Macri porque, en caso contrario, el peronismo se mantendría en el poder por algunos años más, lo que, creen, eliminaría la posibilidad de que la Argentina experimentara el cambio auténtico que tanto necesita. Aun cuando Massa o Scioli comprendieran que para salir el país del pozo en que está atrapado desde hace más de medio siglo tendrían que impulsar una multitud de reformas nada sencillas, se verían rodeados de personas que con toda seguridad tratarían de frustrarlas, sobre todo si –en el caso de que un compañero se instalara en la Casa Rosada– se les ocurriera hacer un esfuerzo genuino por combatir la corrupción que es endémica en la clase política nacional y que tanto ha contribuido a la postración del país.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 10 de marzo de 2015


Hace un año, aun pareció razonable esperar que –luego de una década de populismo kirchnerista– una parte significante del electorado optara por probar suerte con una alternativa procedente de la centroizquierda, pero a pesar de todos los esfuerzos de los considerados presidenciables el “espacio” Frente Amplio Unen ha resultado ser un fracaso. Lo ha entendido el socialista santafesino Hermes Binner; consciente de que apenas medía en las encuestas, el viernes decidió borrarse de la carrera presidencial. Aunque Binner dice estar dispuesto a apoyar las aspiraciones de Margarita Stolbizer, sabe que son virtualmente nulas las posibilidades de la bonaerense de obtener los votos necesarios para hacer lo que podría llamarse una buena elección; antes bien, sólo lograría reducir un poco el eventual total conseguido por los dos opositores mejor ubicados, Mauricio Macri y Sergio Massa, en beneficio del presunto oficialista Daniel Scioli. ¿Es lo que se han propuesto Binner, Stolbizer y otros precandidatos “progresistas” vinculados con Unen? Puede que no, pero están tan acostumbrados a desempeñar un papel meramente testimonial que les interesan mucho más las vicisitudes de la interna centroizquierdista que las del drama político nacional. Al anunciar el abandono de su candidatura, Binner se afirmó preocupado por el creciente protagonismo que están cobrando “las fuerzas conservadoras y una neodirigencia que reniega de la política”, actividad ésta que, a su entender y el de muchos de mentalidad afín, deberían monopolizar quienes militan en el lado izquierdo del espectro ideológico. Dicho de otro modo, lo que más temen Binner y sus correligionarios no es que una variante del kirchnerismo siga en el poder sino que el próximo presidente sea el jefe de Gobierno porteño, el que, según las pautas imperantes en otras latitudes, es un centrista de actitudes pragmáticas pero que sectores de la izquierda local siempre han tratado como un extremista deseoso de dejar absolutamente todo en manos del mercado. Hasta hace poco compartía los prejuicios en tal sentido la cofundadora de Unen, la diputada Elisa Carrió, pero cambió de opinión al darse cuenta de que seguir procurando excluir a Macri del juego político sólo serviría para ayudar al peronismo a prolongar su hegemonía. Es sin duda lamentable que los equivalentes locales de los socialdemócratas europeos hayan resultado incapaces de asegurarse los votos de los millones de pobres que, por motivos que les cuesta entender, casi siempre han preferido ser gobernados por un caudillo populista a permitir que lo haga un socialista respetuoso de las normas republicanas, pero se trata de una realidad. Así, pues, a menos que los demócratas de ideas izquierdistas quieran ayudar a perpetuar el statu quo, tendrían que resignarse a elegir lo que para ellos sería el mal menor. Distan de ser los únicos que no se sienten representados por ningún partido, pero mientras que los conservadores moderados se han habituado a votar a favor del radical o peronista que les parece menos peligroso que sus rivales coyunturales, los progresistas insisten en dividir el voto opositor. A esta altura parece muy poco probable que en los escasos meses que nos separan de los PASO surja una candidatura que merezca la aprobación de la centroizquierda democrática. Todo hace prever que entre los tres precandidatos mejor posicionados que, en orden alfabético, son Macri, Massa y Scioli, se encuentra el sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. A juicio de Carrió y de muchos radicales, convendría que triunfara Macri porque, en caso contrario, el peronismo se mantendría en el poder por algunos años más, lo que, creen, eliminaría la posibilidad de que la Argentina experimentara el cambio auténtico que tanto necesita. Aun cuando Massa o Scioli comprendieran que para salir el país del pozo en que está atrapado desde hace más de medio siglo tendrían que impulsar una multitud de reformas nada sencillas, se verían rodeados de personas que con toda seguridad tratarían de frustrarlas, sobre todo si –en el caso de que un compañero se instalara en la Casa Rosada– se les ocurriera hacer un esfuerzo genuino por combatir la corrupción que es endémica en la clase política nacional y que tanto ha contribuido a la postración del país.

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