Roble histórico en peligro: Norma, la tejedora que lo abrazó con su crochet en Fernández Oro

La mujer del barrio Martín Fierro tejió una manta para proteger al árbol que había sido atacado con un hacha en una de las reservas naturales más importantes del Alto Valle. El dolor se transformó en resiliencia y en un llamado a cuidar la naturaleza. 

Por Florencia Bark

En un gesto solidario, Norma Molina unió el arte del crochet con el amor por la naturaleza. La mujer de 66 años y vecina del barrio Martín Fierro de Cipolletti tejió un «abrazo de lana» para cubrir las cicatrices de un roble atacado con un hacha en la Reserva Puerto Viejo de Fernández Oro. 

En ese lugar, hace tiempo ese ejemplar dejó de ser solo un árbol para convertirse en emblema. No solo por su imponente presencia y su antigüedad, sino por el lugar que ocupa: el gigante verde es punto de encuentro, aula a cielo abierto y escenario de descubrimientos para quienes aprenden a amar el bosque.

Se trata de un ejemplar que tiene entre 150 a 200 años, según las estimaciones biométricas basadas en el diámetro del tronco (DAP) y el factor de crecimiento de la especie Quercus palustris.

El roble no pasa desapercibido para estudiantes de escuelas de la localidad que concurren cada semana a explorar la naturaleza: los chicos juntan bellotas y las esparcen por el suelo como un juego alrededor del tronco.  

Las marcas del hacha en el roble centenario. Fotos: Guardianes del Río.

Hace un mes, el árbol fue atacado en un acto de vandalismo. Con un hacha, manos anónimas dejaron heridas visibles y profundas en su corteza. El daño generó tristeza e indignación en la comunidad que lo cuida y lo siente propio.

Un abrazo de lana al roble histórico


La respuesta a ese acto vandálico fue creativa. Norma decidió intervenir desde otro lugar. Con paciencia y dedicación, tejió al crochet una manta de dos metros de largo por 50 centímetros de ancho que envuelve el tronco. La pieza no buscaba ocultar lo sucedido, sino resignificarlo: cubrir las marcas del daño con un gesto de cuidado.

«Es una forma que se me ocurrió para protegerlo», cuenta. La vecina es parte de la ONG ambiental «Guardianes del Río Negro», pero lo hizo por empatía, como un gesto personal. Jamás se imaginó la repercusión que recibiría. «No lo hice con ninguna intención, lo hice porque realmente lo sentí de corazón”, expresa.  

El día en que Norma le puso la manta. Fotos: Guardianes del Río.

Ella es madre de cinco hijos, abuela y hasta bisabuela. Toda su vida trabajó como empleada de casas particulares, en el rubro gastronómico o en cuidado de personas mayores. Ahora esta jubilada y disfruta de salir a caminar con Guardianes del Río Negro.  

A Norma le encanta tejer, es su nuevo pasatiempo desde que dejó de salir a trabajar. Hace un año pasa varias horas entre agujas de crochet y de bordado. «Es bueno para los tiempos fríos, cuando tenés que estar más encerrada», cuenta. Ella es autodidacta, aprendió observando. “Fui agarrando agujas y haciendo puntos», resume. 

Los primeros días de mayo, cuando las bajas temperaturas se cuelan por todos los rincones del Alto Valle, la mujer arranca con toda la producción. Teje para sus hijos, para sus nietos y los más chiquitos de la familia. También teje por solidaridad, para quienes necesitan un abrigo. «Hace dos años, tejí muchos gorritos para un jardincito», comenta. 

Para ella, encontrarse con el roble lastimado en una caminata por la reserva fue muy doloroso. «Por más que sea un árbol y que haya gente que lo vea insignificante, lo hice por sentimiento», precisa y aclara: «Los árboles son parte del planeta. Nos dan oxígeno».

«Está sufriendo, como llorando. Su savia está saliendo por esos lugares donde lo hacharon».

Norma Molina, tejedora.

Con frustración y enojo, la vecina se pregunta: «¿Qué daño puede hacer un árbol?.

El roble histórico y el rol de Guardianes del Río Negro


“Es él árbol más emblemático de la reserva”, asegura Pablo Fica, presidente de la ONG ambiental “Guardianes del Río Negro”.

“Por la edad, este roble ya estaba aquí mucho antes de que se consolidaran muchas de las estructuras actuales de nuestra ciudad; es un testigo silencioso de la historia del Alto Valle”.

Pablo Fica, presidente de “Guardianes del Río Negro”
Fotos: Guardianes del Río.

La asociación civil realiza caminatas semanales al río para limpiar y recolectar residuos. «Vamos por los senderos limpiando la basura que tira la gente», cuenta Norma.

Además, fueron los impulsores de la creación de la Reserva Municipal Puerto Viejo tras la recuperación de 60 hectáreas de costa en 2022. Actualmente, es uno de los ecosistemas más grandes del Alto Valle en el que ya se registraron al menos 72 especies de aves.

Fotos: Guardianes del Río.

“Hay árboles que son mucho más que madera y hojas. Nuestro roble es el corazón de la Reserva Puerto Viejo. Es nuestro punto de encuentro en las caminatas de los martes y jueves, y el aula natural donde los alumnos de primaria y secundaria descubren la magia del bosque”, aseguran desde la agrupación. 

Un mensaje de protección a la naturaleza


A un mes del suceso, Norma hace un llamado a la conciencia a proteger los árboles y sobre todo al bosque. «Espero que la gente se acostumbre a cuidar el ambiente. Nuestros árboles nos protegen de las grandes lluvias, nos protegen de tantas cosas», asegura. 

Fotos: Guardianes del Río.

«Llevar una bolsa para recoger basura puede hacer una gran diferencia. Debemos cuidar nuestros espacios, es la casa de todos», dice la cipoleña.

Hoy, el roble sigue en pie. Bajo su sombra, las caminatas siguen y las manos pequeñas siguen dispersando bellotas, como una promesa a futuro. Donde alguien intenta dañar, una comunidad elige proteger.


En un gesto solidario, Norma Molina unió el arte del crochet con el amor por la naturaleza. La mujer de 66 años y vecina del barrio Martín Fierro de Cipolletti tejió un "abrazo de lana" para cubrir las cicatrices de un roble atacado con un hacha en la Reserva Puerto Viejo de Fernández Oro. 

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