Un imperio convulsionado



La Argentina no es el único país en que la política propende a girar en torno al presunto poder de ciertos medios. Si bien en el Reino Unido no se trata de un conflicto entre un gobierno determinado y buena parte de la prensa, ya que el primer ministro David Cameron insiste en que no se le ocurriría jamás manifestar su desaprobación de la línea editorial de ningún grupo mediático, los adversarios del magnate Rupert Murdoch quieren debilitarlo por motivos que tienen más que ver con su ideario político, a su entender demasiado derechista, que con el éxito comercial que le ha permitido construir el mayor imperio periodístico de la Tierra, uno que, además de incluir medios sensacionalistas, cuenta con varios diarios y semanarios sumamente prestigiosos. Así y todo, Cameron se ha visto afectado porque hasta hace poco su jefe de comunicaciones, Andy Coulson, era un ex director del “News of the World”, el tabloide que, para asombro de muchos, Murdoch acaba de sentenciar a muerte. La presencia de Coulson, que fue detenido brevemente por la Policía por su presunta complicidad en “una conspiración para interceptar comunicaciones”, en el equipo de Cameron ha puesto en duda la capacidad del primer ministro conservador para mantener a raya a quienes, a juzgar por sus antecedentes, podrían cometer actos de corrupción, acusación ésta que en algunos países suele tomarse muy pero muy en serio. Según los impresionados por la decisión de Murdoch de cerrar de golpe un periódico dominical cuyo tiraje de casi tres millones le suponía ingresos multimillonarios, se trató de una “opción nuclear”, pero a juicio del magnate fue necesario cortar por lo sano para conservar el resto de un imperio que es el más poderoso, y más lucrativo, de su tipo. Sea como fuere, la muerte súbita del tabloide “News of the World” que durante más de un siglo y medio había entretenido a sus lectores –que hace 60 años superaron ampliamente a los 10 millones puesto que llegó a vender 8,4 millones de ejemplares– difundiendo detalles sobre las preferencias sexuales escandalosas no sólo de celebridades sino también de personas ignotas supuestamente respetables como clérigos, ha tenido un impacto muy fuerte tanto en los países de habla inglesa, donde los medios de Murdoch han conquistado una tajada sustancial del mercado, como en muchos otros. Lo condenó por las repercusiones de la revelación de que periodistas del dominical habían pinchado los teléfonos de una lista cada vez más larga de personajes, incluyendo el perteneciente a una joven que sería asesinada, futbolistas, miembros de la familia real, deudos de víctimas de los atentados terroristas que se produjeron en Londres en el 2005 y de militares caídos en Irak y Afganistán, además, desde luego, de políticos, al parecer con la colaboración o, por lo menos, el consentimiento de integrantes de la Policía británica. Dicho de otro modo, el periódico había creado una especie de servicio de espionaje privado para ayudarlo en su búsqueda de primicias exclusivas que le permitirían mantener altas sus ventas. Murdoch claramente espera que el sacrificio de “News of the World” lo ayude a mejorar su propia reputación en el Reino Unido y, si bien en menor medida, Estados Unidos, pero es poco probable que cambie mucho. Sucede que la mala fama que lo acompaña desde hace años se debe menos a las prácticas inescrupulosas de ciertos empleados que a la convicción, muy fuerte entre los progresistas británicos y estadounidenses, de que su influencia política es a todas luces excesiva. Hasta cierto punto, quienes piensan así tendrán razón, pero Murdoch podría contestarles señalando que su influencia se basa en la popularidad innegable de los medios de mayor venta que forman parte de su imperio y que, bien que mal, comparten las actitudes de sus lectores y televidentes. Por cierto, la desaparición completa de la empresa que maneja, la News Corporation, no modificaría demasiado el panorama político de los países anglohablantes donde, lo mismo que en países europeos que son inmunes a los medios del australiano-estadounidense, la mayoría se ha alejado del progresismo de centroizquierda que en su opinión se caracteriza por el desprecio sin límites que sienten los integrantes de una elite acomodada por los trabajadores y por los miembros de la clase media baja.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA - Domingo 10 de julio de 2011


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