Un imponente clamor cívico

Un pueblo reunido preguntando por el cómo, el quién y los por qué de la muerte del fiscal.

Por Redacción

ANÁLISIS

El silencio y la lluvia le pusieron todo el dramatismo a una tarde de por sí dramática. La imagen los paraguas cubriendo el frente del Cabildo representó exactamente aquella metáfora histórica del “Pueblo quiere saber de qué se trata”. Un pueblo reunido preguntando por el cómo, el quién y los por qué de la muerte del fiscal que investigaba el atentado a la AMIA y que había acusado nada menos que a la presidenta de la Nación. Si alguien creyó que el tormentón aguaría el reclamo por el esclarecimiento de su muerte, se equivocó.

Todo lo contrario: fue un acto cívico imponente, de parte de una gran porción de la ciudadanía que al final dejó el silencio y lo cambió por el homenaje a un fiscal de la Nación muerto apenas días después de acusar a la presidenta. Ayer, antes del inicio de la movilización, Cristina regresó a Chapadmalal, a la residencia turística presidencial, una suerte de “huida” para no escuchar los reclamos de los manifestantes alrededor de la casa de los presidentes, en Olivos.

Sin dudas, el gobierno “colaboró” para el éxito de la marcha, a partir de no sólo las embestidas hacia los fiscales y jueces que la organizaron, sino hacia el propio Nisman aun fallecido, con completo desdén por la significación de su tarea, de la crisis institucional que generó su muerte y por la angustia de la población que ayer se expresó.


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