Un incendio que comienza con los primeros acordes

«Es bien difícil reproducir lo que nos sucede en vivo. En algunos casos lo logramos y en otros, no. Es muy visceral lo que nos pasa sobre el escenario, una especie de grito salvaje», explica ahora Baglietto, mientras su cuerpo se conmueve de pies a cabeza y sus manos buscan resignificar las palabras.

«Por ahí logramos otras cosas que el vivo no tiene… Pero es difícil. Ambos tenemos nuestro peso y en el dúo no hay lucha, sino suma. Está bien claro y lo que más nos sale naturalmente, es ponernos uno en función del otro. Además el público apoyó esta fusión. Hará poco menos de un año que tocamos juntos en vivo y ya hubiéramos descubierto que nos encanta, pero no tiene cabida en la gente. Como sucede con muchos proyectos que -a pesar del embale- cuando los mostrás, el espectador no siente esa misma pasión. En este caso hay coincidencia. No somos tipos de estar a tope sonando en las radios y es maravilloso llegar a cualquier lado y que el teatro esté lleno. Es maravilloso que suceda, siendo artistas bastante inclasificables. Lo que una vez más demuestra que la música popular, a pesar de no estar plenamente presente en los medios, tiene un espacio importante en el corazón de la gente. Y no lo digo por nosotros, nomás», asegura.

«Quien analice nuestra 'juntada', obviamente encontrará porqués para este presente, tenemos muchas coincidencias conceptuales en nuestras historias musicales», reflexiona Vitale.

«En los músicos siempre hay relación entre el buen momento afectivo y el musical. Pensando lo que digo, también las depresiones generan grandes hechos artísticos, pero por lo general este tipo de proyectos va de la mano con la buena relación humana. Después de tantos años de laburo, ya no hay proyecto que se banque sin una buena relación. Esto es pasarla bien o nada», señala Vitale.

«Y nos aporta una cosa musical distinta a la que hicimos. Este es más Baglietto-Vitale que el primer disco. Tiene un estilo ya formado de tantas veces que tocamos juntos, una intervención mutua en los tiempos, las ideas, el estiramiento. Me gusta mucho cómo Juan frasea, tenemos allí un montón de coincidencias. Además la labor de acompañante me encanta; de chico aprendí que no es el segundo sino el que hace brillar más al cantante. A Juan, no sólo lo acompaño, sino que él también me genera música. Por eso el dúo se sostiene», agrega.

«Sería ridículo que no sintonizáramos la misma frecuencia. Que uno esté prendido fuego -Juan abre y agita los brazos en el aire- y el otro toque como si escribiera a máquina. No puede ser. Nos vamos incendiando, nos potenciamos, nos damos máquina».


"Es bien difícil reproducir lo que nos sucede en vivo. En algunos casos lo logramos y en otros, no. Es muy visceral lo que nos pasa sobre el escenario, una especie de grito salvaje", explica ahora Baglietto, mientras su cuerpo se conmueve de pies a cabeza y sus manos buscan resignificar las palabras.

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