“Un pescador de hombres”
Christian Thielemann es considerado el gran director de las obras de Richard Wagner. Recientemente, este músico alemán de 54 años publicó el libro “Mi vida con Wagner”. Hoy el mundo celebra el segundo centenario del nacimiento del compositor. En una entrevista con la agencia DPA, el director general de la Staatskapelle de Dresde habló sobre su gran pasión. Lo hizo en un lugar cargado de historia, el restaurante de Chicago en el que hace años se encontró con el nieto de Wagner y fue invitado a dirigir en la “Colina Verde” de Bayreuth. –Christian Thielemann, usted vive desde hace más de 40 años con Richard Wagner. ¿Quién es ese tipo? –Un pescador de hombres. Eso lo dice todo. Te arrastra… y yo también tuve que seguirlo. No entiendo que alguien no pueda hacer nada con su música… a no ser que sea amusical o que quede superado por la intensidad de la relación. Porque todas las buenas relaciones son intensas. También con Mozart, con Bruckner. Pero Wagner lo arrastra a uno hacia un abismo, la sensación es única. –Sus palabras suenan un poco como las de un drogadependiente –Claro, es así: ¡Wagner es una droga! ¡Siempre hay situaciones que lo estimulan o incluso excitan a uno! Podemos decir tranquilamente que una vez que tropiezas con Wagner, su música te excita toda la vida. –¿Y es necesario subir la dosis, si el placer siempre aumenta? –Quizá depende de lo que uno sabe sobre Wagner, sobre su biografía. Pero al final, el éxtasis es como el primer día… es único cada vez. –Si uno se fija en las primeras obras, en su tiempo en París, ¿Era posible haber pensado que ese chico de Sajonia no llegaría a nada? –Ahora mismo estoy leyendo el libro sobre Wagner de Dieter Borchmeyer. ¡Dios mío, cuántos proyectos de óperas tenía en marcha ya! Desde el principio tenía propensión a lo grande aunque no siempre lo consiguiera. Pero la genialidad ya la tenía dentro pese a que en París no saliera todavía. Si nos fijamos en la obertura “Fausto”, por ejemplo, ya se puede ver que está todo ahí. O en “Rienzi”. Por supuesto se ve de vez en cuando que quería y aún no podía, pero lo más importante es que quería, y lo quería con todas sus fuerzas. –El éxito artístico comenzó entonces en Dresde, ¿no? –Sí, también gracias a su amistad con Carl Maria von Weber y la influencia que ejerció Beethoven sobre Wagner. Eso le marcó. Pero, reitero que lo tenía todo desde el principio. Un niño tiene el verdadero talento desde que llega a este mundo. Sólo depende de que se le potencie o no. De Wagner sólo podía salir Wagner. –Hace poco calificaron a Wagner como “el Quentin Tarantino del siglo XIX”. ¿Qué opina al respecto? –Wagner experimentó mucho a nivel de composición. Él veía la ópera alemana de su época como algo para nada progresista. –Se puede tener una opinión dividida sobre la persona de Richard Wagner. ¿Se puede separar la visión del compositor de su obra? –Es inevitable entre los compositores de hoy en día. Y sí, también me hubiera gustado reunirme con él. Entre las posibles cosas que le hubiera podido decir le habría dicho: ¡Qué monstruo! ¿Quizás me hubiera entendido bien con él también? Ahora bien, profundizar en algunos capítulos de su vida podría influir de manera negativa mi visión sobre él. No, para eso no estoy preparado. ¿Cómo era Johann Sebastian Bach: gran barriga, demasiada cerveza? o Beethoven, ¿terribles maneras a la hora de comer, no cuidaba su aspecto exterior? No, hay que separar la obra de la persona. –¿Cómo se enfrenta a la obra de Wagner? ¿Cuánto de Thielemann se esconde en estas interpretaciones? –Sencillamente desearía a veces tener un poco más de valor en determinados puntos. No me siento tan consecuente como quizás piensa el público. Muchas cosas vienen por un déficit de experiencia.
Thielemann estará frente a la orquesta en “Concierto de cumpleaños” en Bayreuth.
Christian Thielemann es considerado el gran director de las obras de Richard Wagner. Recientemente, este músico alemán de 54 años publicó el libro “Mi vida con Wagner”. Hoy el mundo celebra el segundo centenario del nacimiento del compositor. En una entrevista con la agencia DPA, el director general de la Staatskapelle de Dresde habló sobre su gran pasión. Lo hizo en un lugar cargado de historia, el restaurante de Chicago en el que hace años se encontró con el nieto de Wagner y fue invitado a dirigir en la “Colina Verde” de Bayreuth. –Christian Thielemann, usted vive desde hace más de 40 años con Richard Wagner. ¿Quién es ese tipo? –Un pescador de hombres. Eso lo dice todo. Te arrastra... y yo también tuve que seguirlo. No entiendo que alguien no pueda hacer nada con su música... a no ser que sea amusical o que quede superado por la intensidad de la relación. Porque todas las buenas relaciones son intensas. También con Mozart, con Bruckner. Pero Wagner lo arrastra a uno hacia un abismo, la sensación es única. –Sus palabras suenan un poco como las de un drogadependiente –Claro, es así: ¡Wagner es una droga! ¡Siempre hay situaciones que lo estimulan o incluso excitan a uno! Podemos decir tranquilamente que una vez que tropiezas con Wagner, su música te excita toda la vida. –¿Y es necesario subir la dosis, si el placer siempre aumenta? –Quizá depende de lo que uno sabe sobre Wagner, sobre su biografía. Pero al final, el éxtasis es como el primer día... es único cada vez. –Si uno se fija en las primeras obras, en su tiempo en París, ¿Era posible haber pensado que ese chico de Sajonia no llegaría a nada? –Ahora mismo estoy leyendo el libro sobre Wagner de Dieter Borchmeyer. ¡Dios mío, cuántos proyectos de óperas tenía en marcha ya! Desde el principio tenía propensión a lo grande aunque no siempre lo consiguiera. Pero la genialidad ya la tenía dentro pese a que en París no saliera todavía. Si nos fijamos en la obertura “Fausto”, por ejemplo, ya se puede ver que está todo ahí. O en “Rienzi”. Por supuesto se ve de vez en cuando que quería y aún no podía, pero lo más importante es que quería, y lo quería con todas sus fuerzas. –El éxito artístico comenzó entonces en Dresde, ¿no? –Sí, también gracias a su amistad con Carl Maria von Weber y la influencia que ejerció Beethoven sobre Wagner. Eso le marcó. Pero, reitero que lo tenía todo desde el principio. Un niño tiene el verdadero talento desde que llega a este mundo. Sólo depende de que se le potencie o no. De Wagner sólo podía salir Wagner. –Hace poco calificaron a Wagner como “el Quentin Tarantino del siglo XIX”. ¿Qué opina al respecto? –Wagner experimentó mucho a nivel de composición. Él veía la ópera alemana de su época como algo para nada progresista. –Se puede tener una opinión dividida sobre la persona de Richard Wagner. ¿Se puede separar la visión del compositor de su obra? –Es inevitable entre los compositores de hoy en día. Y sí, también me hubiera gustado reunirme con él. Entre las posibles cosas que le hubiera podido decir le habría dicho: ¡Qué monstruo! ¿Quizás me hubiera entendido bien con él también? Ahora bien, profundizar en algunos capítulos de su vida podría influir de manera negativa mi visión sobre él. No, para eso no estoy preparado. ¿Cómo era Johann Sebastian Bach: gran barriga, demasiada cerveza? o Beethoven, ¿terribles maneras a la hora de comer, no cuidaba su aspecto exterior? No, hay que separar la obra de la persona. –¿Cómo se enfrenta a la obra de Wagner? ¿Cuánto de Thielemann se esconde en estas interpretaciones? –Sencillamente desearía a veces tener un poco más de valor en determinados puntos. No me siento tan consecuente como quizás piensa el público. Muchas cosas vienen por un déficit de experiencia.
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