Un siglo de la epopeya del petróleo: el Pozo 1 de Plaza Huincul

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Señor director del diario “Río Negro”: hace cien años, avezados hombres del gobierno argentino contrataron a científicos europeos expertos para explorar las riquezas geológicas de nuestro país. El ingeniero Enrique P. Cánepa había egresado como ingeniero de máquinas en Zurich –Suiza– y especializado en aprovechamiento de las fuentes de energía térmica, eléctrica e hidráulica. Inmediatamente y tomando conocimiento por Enrique Hermitte, ingeniero director de Geología, Hidrología y Minas del Ministerio de Agricultura de la Nación, fue contratado por el gobierno argentino y comenzó su tarea como inspector de zona sur. Cánepa llevó adelante dos comisiones de servicio a la zona: el reconocimiento del lugar y determinación de los medios necesarios existentes para encarar la perforación del Pozo Número Uno ya establecida por el Dr. Juan Keidel, y la segunda para el transporte del equipo y material complementario destinado a realizar la perforación del primer pozo. La geología de exploración que regía en la época –tareas realizadas a pie y lomo de mula– estuvo a cargo de Juan Keidel bajo la dirección del doctor Anselmo Windhausen. Este pozo fue realizado por el equipo Fauk, llamado Patria, a percusión accionado a vapor con una torre de madera. El inspector de la Zona Sud les había informado que se iba a suspender la perforación debido a las precarias disponibilidades presupuestarias existentes. Mucha pena los animó por lo que redoblaron esfuerzos para aumentar la profundidad. Hasta que una noche el operario Cipriano Salto –santiagueño de pura cepa– alumbraba las maniobras con un farol a kerosene y en ese instante se produjo una explosión y un pequeño incendio, o sea el alumbramiento del pozo, y se apagó el farol. Quedaba una llama azul pequeña alrededor del mismo que fue apagada. Con esto se comprobó que había gas hasta una presión de cuatro atmósferas. Debido a esto se consiguieron fondos para continuar con la perforación, se multiplicó el personal y se comenzó a perforar. De esta manera se logró alcanzar la profundidad de 603 o 606 metros bajo boca de pozo y se detectó petróleo el 29 de octubre de 1918, debajo de la agreste estepa patagónica. Por supuesto esto se logró luego de dos años y ocho meses de agotadoras jornadas en un medio ambiente inhóspito, seco y ventoso. Hubo familias asentadas en el lugar como la de don Juan Soufal, austríaco, que había llegado a Plaza Huincul en noviembre de 1916 en el tren del Ferrocarril del Sud, el que detuvo su marcha en el kilómetro 1295, donde bajó la familia –esposa y cuatro niños–, sus pertenencias, elementos para la perforación del primer pozo y un “balde de agua” obsequio del maquinista. Primeramente se alojaron debajo de la alcantarilla del ferrocarril y a la mañana siguiente se dirigieron al rancho de doña Carmen Funes de Campos, conocida como la “pasto verde”. Allí se alojaron hasta que le armaron su casilla. Pareciera que doña Carmen “la fortinera” les relataba a los huéspedes de su posta, del olor a kerosene que tenía su aguada. Su pulpería era el lugar de parada y descanso para los viajeros. Es necesario recordar que una vez que el geólogo Keidel ubicó el sitio donde se debían realizar las excavaciones el gobernador Elordi le envió como mano de obra 30 presos de la cárcel neuquina, vigilados y custodiados. En la década del 60 se filmó la película “Plaza Huincul Pozo 1” bajo la dirección de Lucas Demare, en el que se revivieron aquellos días gloriosos, trascendentales, que abrieron la puerta grande al Neuquén para el desarrollo nacional y provincial, en el que generaciones de hombres y mujeres con mucho coraje y afán de trabajo lucharon y forjaron una patria de grandeza, un lugar que acogió a todos los que buscaron y buscan trabajo.

Beatriz Carolina Chávez

DNI 6.251.256

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