Un símbolo de la historia de la ciudad
A los 87, dice: “Zapala es el mejor lugar para vivir”.
Alfonsina tiene cuatro hijos. Aquí, con Isabel, la menor.
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La historia de Alfonsina Demassi de Tassone es una semblanza de aquellos inmigrantes que dejaron atrás sus afectos y la tierra que los vio nacer para empezar de nuevo en este rincón de la Patagonia. Calabresa de nacimiento pero “zapalina de corazón”, doña Tassone echó raíces en esta ciudad donde nacieron sus cuatro hijos y donde luchó codo a codo junto a su marido contra las adversidades y carencias propias de la época. Llegó en barco a Buenos Aires con un bolso cargado de añoranzas y varios años de guerra que devastaron Europa y apuraron la decisión de emigrar.
A sus 87 años sigue diciendo que “Zapala es el mejor lugar vivir” y que su aire “no se compara con nada”. También recuerda emocionada aquel primer taller de zapatería de su esposo que, años más tarde, daría origen a la cadena de tiendas más importante de la ciudad.
“Mi marido Rafael llegó en 1948 y yo un año después. Inicialmente fuimos a Covunco pero había poco para hacer y entonces nos vinimos a Zapala. Pusimos un taller de zapatería en la esquina de lo que hoy es Roca e Italia. Eran tiempos difíciles pero éramos jóvenes y teníamos toda la fuerza para luchar. En esa época había mucho por hacer y con esfuerzo todo podía lograrse”, contó.
Un día, el ferrocarril trajo hasta Zapala a un vendedor armenio que se sorprendió al escuchar al “tano” que reparaba calzados mientras cantaba las melodías de su tierra lejana. “Te dejo algunas cajas de zapatos, si podés las vendés y si no las mandás de vuelta, no hay problema”, le dijo el forastero sin pensar que estaba dando origen a una empresa que se mantiene vigente en la actualidad ofreciendo trabajo a decenas de familias.
“Empezamos de a poco y con mucho sacrificio fuimos saliendo adelante. Trabajamos día y noche. En invierno combatíamos el frío con un calentador y en verano nos tapaban las tormentas de viento pero nunca bajamos los brazos. Siempre supimos que la única forma de progresar era a través del esfuerzo y el sacrificio”, aseguró Alfonsina.
Eran tiempos de trabajo duro en la semana y encuentros con los “paisanos” los sábados y domingo. El punto de concentración era la Sociedad Italiana donde compartían comidas, música y tradiciones mientras soñaban con un futuro mejor.
“Franco y Toto, mis dos hijos mayores, estudiaron para maestros y cuando se recibieron el padre les preguntó qué querían hacer. Los dos eligieron seguir trabajando en la tienda porque lo llevan en la sangre”, rememora.
“Juan, el tercero de la familia, prefirió estudiar psicología y se incorporó al hospital, donde creo que se va a jubilar”, contó entre risas. La más mimada, Isabel, siguió la tradición familiar y hoy tiene a su cargo la casa de deportes de la empresa.
La fe fue uno de los pilares donde se apoyó doña Tassone aún en los momentos más duros. “Al principio estaban construyendo la iglesia en Zapala y teníamos que ir a misa al Regimiento de Covunco”, contó.
Rafael, su compañero de toda la vida, se fue hace unos años llevando consigo una historia con miles de recuerdos. “Había armado un grupo de amigos con Toscani, Ruggeri y Contini con los que compartía muchas cosas”, recordó emocionada. Lejos de aquellos años de lucha y sacrificio hoy disfruta del amor de su familia, que la rodea todo el tiempo para colmarla de abrazos.
Vista de la esquina de la tienda familiar cerca de 1950
Alfonsina tiene cuatro hijos. Aquí, con Isabel, la menor.
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