Un viedmense de activos 105 años

Una vida rica en historias y esfuerzos.



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Evangelina Martínez

Su deseo es estar junto a su esposa cuando ella celebre los 100. Hoy tiene 91.

VIEDMA (AV).- Superar el siglo de vida ya es un logro. Pero si se le suma movilizarse por sí mismo, memoria, alegría y proyectos es casi un milagro. Esa es la realidad de Avelino Cornelio, quien ayer festejó sus 105 años junto a Sara, su esposa desde hace más de 70. Tuvieron seis hijos –cinco hombres y una mujer–. El mayor tiene 69 y el menor 56 que han armado sus propias familias sumando nietos, bisnietos y tataranietos, totalizando unos 80 entre los más cercanos. Es tan conmovedor como tierno escuchar a Avelino hablar de su gran objetivo: festejarle los 100 años a su señora. Hay que subir un poco el volumen cuando se le habla porque no usa audífono y poner atención a sus recuerdos en voz baja y pausada. Avelino tiene grabado en su memoria el trabajo duro que empezó de chiquito. Fue “el marucho” en la carretas de las tropas que desafiaban huellas. El mensajero o cadete de hoy pero en el frío del sur y en medio de la nada. Con su crecimiento los trabajos fueron de mayor responsabilidad como cuidar mulas, los vinculados al campo hasta trasformarse en un experto domador. Avelino tampoco se olvida de los ingleses para quienes no había sábados ni domingos en el tendido del ferrocarril en la Línea Sur. Kilómetros de vías y años de sacrificio se mantienen intactos en su memoria tanto como cuando se fijaron las horas laborales, sueldos, aguinaldos, descansos. “Desde entonces soy peronista”, le repite a sus nietos. Junto al avance del ferrocarril fue formando su familia. Los chicos crecieron y para Avelino y Sara lo más importante era darles educación para que sus vidas fueran diferentes. Tras ese objetivo vinieron a Patagones primero y a Viedma en 1968, donde junto con un par de propietarios de terrenos levantaron su propia casa, las primeras por esfuerzo propio. Fue una de las primeras 16 viviendas de lo que hoy es el barrio Zatti. En aquel entonces el campo era el vecino más numeroso. De allí nunca se movieron y recién hace dos años que conviven con una persona que los acompaña. A pesar de los achaques propios de tanto recorrido se siguen cuidando y protegiendo como hace 70 años cuando empezaron a caminar juntos.


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