Un voto bueno de la ONU
ANDRÉS OPPENHEIMER (*)
El ganador del Premio Nobel de la Paz y expresidente de Costa Rica Óscar Arias no podía creer lo que escuchaba cuando se enteró de que la Asamblea General de las Naciones Unidas había aprobado por abrumadora mayoría un tratado para limitar el comercio internacional de armas, una causa que él mismo venía liderando desde hacía casi dos décadas. “Yo no me imaginé que lo iba a ver en mi vida”, me dijo Arias poco después de que la ONU aprobara el tratado por 154 votos contra tres, con 23 abstenciones. “Fue una quijotada de quienes empezamos esto, pero funcionó”. Arias recordó que en 1997 había organizado una reunión de ocho ganadores del Premio Nobel –incluyendo a Elie Wiesel y al obispo Desmond Tutu– que publicaron una carta abierta pidiendo un código de conducta para regular el comercio internacional de armas. En el 2006, cuando Arias asumió por segunda vez la presidencia, Costa Rica copatrocinó el primer proyecto de resolución del tratado. “Este tratado tendrá un gran impacto –me dijo Arias–. No sólo va a ayudar a que no les lleguen armas a gobiernos que no se las merecen porque las utilizan para reprimir a sus pueblos, o para guerras o para genocidios étnicos, sino que también va a ayudar a liberar recursos para reducir la pobreza”. Según el tratado, que debe ser ratificado por 50 países para entrar en vigencia, los países exportadores de armas tendrán que asegurarse de que sus armas no irán a naciones sujetas a embargos de armas de la ONU, como Irán. No resulta sorprendente que los únicos tres países que votaron en contra fueran Irán, Corea del Norte y Siria. Entre los 23 países que se abstuvieron se contaban Rusia y China y los únicos países latinoamericanos que se abstuvieron fueron Cuba, Bolivia y Ecuador (Venezuela no votó por un error, pero más tarde dijo que se hubiera abstenido). El tratado también requiere que los países exportadores exijan saber los destinatarios finales de las armas y tomen otras medidas para evitar que las mismas lleguen a organizaciones criminales o grupos terroristas. En lo que constituye una victoria diplomática para México y Centroamérica, el tratado incluye armas pequeñas y livianas, como los rifles semiautomáticos que se venden en las casi 12.000 tiendas de armas que están del lado estadounidense de la frontera con México. Gran parte de las más de 50.000 personas que han sido asesinadas en las guerras del narcotráfico de México en los últimos seis años fueron muertas con armas contrabandeadas desde Estados Unidos. –¿Qué posibilidades tiene el tratado de ser ratificado por 50 países y especialmente por Estados Unidos, el mayor vendedor de armas del mundo? –le pregunté a Arias. Éste respondió que, considerando que 153 países apoyaron el tratado, es probable que más de 50 lo ratifiquen. En cuanto a Estados Unidos, aceptó que hay pocas posibilidades de que el Senado lo ratifique. “No imagino a los republicanos votando a favor”, me dijo. De hecho, la poderosa Asociación Nacional del Rifle de ese país, o NRA, que aboga por el uso de armas, inmediatamente atacó el nuevo tratado de la ONU. Dijo que el mismo incluye “armas civiles” y “amenaza la posesión individual de armas” que garantiza la Constitución estadounidense. Mi opinión: la afirmación de la Asociación del Rifle de que existen armas de fuego “civiles” que deberían ser excluidas del tratado de la ONU es ridícula. No hay tal cosa como “armas civiles”. Las armas livianas que caen en malas manos matan a tanta o más gente que las armas pesadas. Es cierto que, igual que con la convención sobre tráfico de armas de la Organización de Estados Americanos de 1997, que fue firmada por el presidente Clinton pero no fue ratificada por el Senado, es probable que el tratado de la ONU tampoco sea aprobado por el Senado. Y eso, a su vez, dificultará ejercer presión sobre China y Rusia para que firmen el tratado. Pero la buena noticia es que, a pesar de la oposición de Irán, Corea del Norte, Siria y la NRA, el tratado de la ONU se convertirá en un poderoso instrumento para empezar a limitar las ventas de armas a gobiernos que violan los derechos humanos, entre otras cosas porque compromete a los estados a cooperar en el intercambio de inteligencia sobre ventas de armamento. Y es posible que hasta el Congreso de Estados Unidos entre en razón con el tiempo. Tal como ocurre con la reforma inmigratoria –en que la extrema derecha antiinmigrante pierde terreno rápidamente en las encuestas de opinión–, los líderes de la Asociación del Rifle podrían encontrarse cada vez más aislados en su ciega oposición a casi cualquier medida para reducir la violencia armada. Tal vez Arias no sea exageradamente optimista y el voto de la ONU ayude a reducir las matanzas en todo el mundo. Posiblemente sea una de las mejores cosas que la ONU ha hecho en mucho tiempo. (*) Analista internacional
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