Una cadena solidaria que apunta a la inclusión
El taller protegido de Viedma fue fundado en 1978. Jóvenes y adultos realizan allí diversas labores.
Contención e inclusión
VIEDMA (AV)- Los integrantes de la Asociación Taller Protegido (Atap) concentran en forma cotidiana un enorme esfuerzo para sostener un lugar de contención e inclusión, cuyos beneficiarios son jóvenes y adultos que portan una discapacidad.
Es una organización no gubernamental fundada el 3 de noviembre de 1978 con el objetivo de que los egresados de escuelas especiales y laborales se incorporen a un taller productivo y continúen mejorando su calidad de vida.
La institución se mantiene en pie merced al respaldo económico de sus socios activos y protectores, donaciones que permiten realizar una “feria americana” mensual y los vecinos que la visitan para “demostrar afecto y preocupación permanente”, destaca su comisión directiva.

Sin embargo, su presidenta Yolanda Victorica y Alicia Rosales de Coronel reconocen que “a veces nos vemos desbordadas” ante la falta de respuestas del Estado provincial frente a la necesidad de contar a tiempo con los subsidios y apoyo de fortalecimiento institucional por parte del Consejo Provincial de las Personas con Discapacidad.

Las voluntarias también se muestran agradecidas con los fundadores, porque “tuvieron la visión de conseguir un lugar para aquellos chicos que terminaban la primaria y se quedaban sin actividad”.

Admiten que el ejercicio diario resulta fatigoso. “El edificio es propio por mérito de los fundadores, pero mantenerlo insume gastos de todo tipo y tenemos que hacer todo lo posible para que funcione porque aquí recibimos personas que deben ser atendidas y coordinadas”.

La parte afectiva resulta “fundamental”, porque “podemos no estar de acuerdo en muchas cosas” pero desde el punto de vista espiritual “tenemos que estar bien por los chicos, que son especiales, y hay que atenderlos”.
A su criterio, se necesita además una “gran cuota de amor y responsabilidad” porque se deben seleccionar colaboradores dado que “no todos están preparados para este trabajo y atención, y a su vez, es necesario salir a buscar recursos”.

En el amplio edificio de la céntrica avenida Rivadavia al 400 hay espacio para fabricar bolsas biodegradables de residuos que se comercializan en diversos puntos de la ciudad, desarrollar las ferias de ropa, la huerta orgánica, el taller de piezas ornamentales que se venden en muestras artesanales y espacios recreativos de música y plástica.

Amplia predisposición
El formato solidario se consolida por la excelente predisposición de sus talleristas que coordina Analía Sosa.
El staff de docentes que la secundan perciben un salario en horas cátedra, pero quienes encabezan las acciones solidarias reconocen que “no vienen por el dinero por la voluntad que le ponen en la atención a los chicos”.

Por caso Mirta, la profesora de Cerámica, vino en silla de ruedas cuando se recuperaba de las secuelas de un accidente de tránsito en Luis Beltrán.
El cambio de actitud para apuntalar el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad, es permanente.
Durante años, el centro se limitó a desplegar tareas elaborando bolsas de polietileno para subsistir.

Actualmente, esta institución ha crecido porque a sus metas se adosaron otros proyectos y una nueva mirada hacia los principales protagonistas de Atap: sus beneficiarios desarrollan oficios y se les abona un estímulo por ello.

“A veces nos vemos desbordadas”
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