Una campaña donde se vendió como se pudo 23-4-03
Humanistas, ni con Carrió ni con nadie: solos
Esforzado Citroën: lleva a Elisa a cuestas… Kirchner: de la mano de Rosso, se quedó con las paredes de Viedma… El escenario: Barrio Norte, Roca. El caballo camina con la resignación propia de las mulas a las que San Martín ordenó que lo acompañaran a cruzar los Andes. Se para en las esquinas. Cruje el carro que arrastra. Suben pibes y el caballo vuelve a arrancar. Toda una letanía sólo interrumpida por las bocinas y parlantes que, alimentados por una batería, hablan de bondades y excelencias de Elisa Carrió como presidenta de los argentinos. Los pibes festejan. La gente pasa con cara de nada. O mira con cara de veranista. Porque ahí manda el veranismo. Al sur del canal grande, el intento de seducción del ARI llega por mecanismos más sofisticados. Algo que quizá se corresponda con la complejidad de la trama social que define esa área de la ciudad. Ahí, cancinamente, con más de 35 años de trajinar, un Citroën azul cabecea, tose y primera y segunda. -¡Aguanten las rótulas! -le grita un vecino de Stefenelli. Cual intrépido propagador de novelas de caballería, conduce Andrés Ovando. Sobrio, disimula el aturdimiento al que lo somete varias horas al día el inmenso parlante que, colocado en el techo, dice que «Carrió bla, bla, bla y más bla». Desde una confitería céntrica el diputado peronista Carlos Larreguy ve pasar a los juglares de doña Elisa. -Estos por lo menos tienen un caballo y un auto… ¡A nosotros Menem no nos dio un mango para la campaña! -se queja. -Peor es lo nuestro… no tenemos ni guita ni candidato a presidente -le responde un radical que en tiempos de Massaccesi supo de las sedas del poder. Y mire por donde se mire se denuncia la resignación radical: si en Río Negro a alguien no se le hace campaña para presidente, ese alguien es el audaz Leopoldo Moreau. -Hasta Pol Pot le gana aquí -acota el radical. Al menemismo no parece preocuparle lo irregular de su campaña publicitaria. «El producto tiene historia y se vende solo», dice Larreguy. Desde el peronismo, el esfuerzo mayor por invitar a seguirlos corre por cuenta de Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá. La gravitación en Viedma de su delfín Eduardo Rosso le garantizó al primero varios cientos de afiches. Y en la capital de la provincia, la UOCRA volcó su currículum en materia de pegatinas y cordones pintados con «Adolfo presidente». -Pero a nosotros no nos importan los metros de pared ni de cordón que se pinten: nos importa que Adolfo, desde su corazón de peronista, llegue a lo más íntimo del corazón… y llega sin pintura -se le suele escuchar decir al arquitecto Gustavo Casas, arquetipo del puntano en Río Negro. Menem, por su parte, con la cara colorada de tanto apretarse el nudo de la corbata, se muestra en carteles de esquinas de toda la provincia. En Cipolletti, recién al cierre de esta edición el ex presidente emergió en afiches. La veteranía acumulada por Alfredo Pichinián en este tipo de operativos garantizó firmeza en el pegado. Y carencia de arrugas en su extensión. -Hacer las cosas y hacerlas bien, ésa es mi consigna -afirma Pichinián. Pero en materia de seducir, todos los candidatos del PJ comulgan en el uso masivo de las FM. -Están en todos lados… ¿Qué era lo primero que hacíamos los gorilas cuando dábamos un golpe de Estado?… Tomábamos la radio del Automóvil Club… en Libertador… Estaba en todos lados, nos enterábamos de todo lo que iba pasando… así son las FM -reflexionaba en la noche roquense un antiperonista sin vueltas. Y la gente de Recrear, casa por casa, difunde las ideas del impetuoso Ricardo López Murphy. Un trabajo de orfebres. Porque la política tiene algo de orfebrería. Aunque los resultados digan otra cosa. (AR/AV/AC)
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