Una compuerta de submarino en el corazón del túnel

A 25 metros de profundidad y 700 de la boca del túnel no sopla ese viento característico de El Chocón, pero hace frío, mucho frío, lo que contribuye a la sensación de que se está en un sitio misterioso. La inquietud se hace más fuerte cuando se llega a una compuerta que sería similar a la de los submarinos si no fuera porque tiene un tamaño descomunal: 5,5 metros de alto y de ancho; en esto se parece a la puerta de una gran bóveda de un banco.

Esa puerta de acero -que tiene además un espesor de 80 centímetros y pesa 12.000 kilos- fue montada en tiempos de la excavación de la galería.

Está a 600 metros de la entrada a la galería desde el estribo de margen izquierda.

Su función era prevenir que una filtración provocara una descarga del embalse por debajo de la presa hacia el río, lo que habría dañado seriamente la estructura y hasta -quién sabe- ocasionar el colapso de la obra.

Esa puerta cierra la salida de aire y agua al exterior.

Mientras se excavaba el túnel no había certeza de lo que lo podría aparecer; de allí la necesidad de tomar me

didas. Afortunadamente, lo que encontraron fue una roca de muy buena calidad.

La puerta está diseñada como para que se cierre automáticamente, pero no por mecanismos informáticos sino por la misma fuerza del agua. Por eso es tan fácil moverla, a pesar de su peso.

La compuerta no cumple ahora funciones, pero sigue allí porque, de todos modos, es una medida de seguridad más.

El ingreso a la galería desde el exterior parece la entrada a una cueva, a una catacumba. La reja de forma abovedada que la protege de intrusos contribuye a formar esa imagen.

Si no fuera porque la roca tiene ese colorado característico del terreno de El Chocón, podrían encontrarse similitudes con las cuevas del Sacromonte adonde se refugiaron los gitanos tras ser expulsados de Granada.

Los primeros metros, como no fueron revestidos, conservan en sus paredes los arañazos de la excavadora sobre la roca.

Más adelante o, mejor dicho, más abajo, una gruesa capa de 30 centímetros de hormigón armado cubre las paredes de la galería.

Las filtraciones en presas de materiales sueltos como El Chocón son lógicas y hasta esperables, siempre y cuando no afecten el núcleo impermeable.

Ello, claro, en el caso de las obras que lo tienen.

Por eso se les colocan drenes que colectan el agua y lo llevan fuera de la estructura.

Las filtraciones hacia las galerías son menores: unos 15 litros por minuto (0,00025 metro cúbico por segundo, para expresarlo en la medida con la que se expresa el caudal del río).

Esas filtraciones las colectan las acequias que bajan desde ambos extmremos del túnel. El agua desemboca en el punto más bajo de la galería, donde se cavó una pileta. Una bomba con flotantes se acciona automáticamente y lleva el liquido por un conducto hacia afuera.

Una estación de aforos, hecha a la escala de ese caudal de la filtración, transmite de manera remota la información, de modo que se sepa si aumenta de manera alarmante.

Además, aprovechando que se puede mirar la presa desde abajo, se montó una cañería que se nutre de una gran cantidad de drenes colocados en la roca que colectan las filtraciones y mantienen en estabilidad de presión toda la fuerza que, de otra manera, trabajaría irregularmente.

Nota asociada: Una mirada de El Chocón desde adentro de la roca

Nota asociada: Una mirada de El Chocón desde adentro de la roca


A 25 metros de profundidad y 700 de la boca del túnel no sopla ese viento característico de El Chocón, pero hace frío, mucho frío, lo que contribuye a la sensación de que se está en un sitio misterioso. La inquietud se hace más fuerte cuando se llega a una compuerta que sería similar a la de los submarinos si no fuera porque tiene un tamaño descomunal: 5,5 metros de alto y de ancho; en esto se parece a la puerta de una gran bóveda de un banco.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora