Una dramaturga perdida y encontrada en Europa

Bárbara Visnevetsky nació en el Valle y se formó en su tierra natal y el Viejo Continente.

Por Redacción

Bárbara nació en Neuquén, se crió en Cipolletti y ahora vive entre Madrid y Berlín.

“La ausencia es el deseo interrumpido mientras los vecinos gritan como locos y una se repite no debo llorar, no debo llorar”. Lo escribió Bárbara Visnevetsky, una de las más interesantes y atrevidas dramaturgas que ha dado el país en los últimos años, para su obra “Auto de Fe”. Y quien habla es Estrella, un ser humano intenso y delicado como el relámpago que anticipa la tormenta. Bárbara Visnevetsky nació en Neuquén y se crió en Cipolletti. Desde hace más de una década reside en España, donde alterna su trabajo teatral entre Madrid y Berlín. Una postal adolescente de Bárbara: teniendo apenas 16 años le envió una vibrante carta a este cronista quejándose de las mediocridades del periodismo en general. Diez, tal vez once años después, Bárbara y periodista se cruzan en el patio de un bar y cruzan la anécdota. La revitalizan. Sí, efectivamente, ambos la recuerdan, lejanamente pero con cariño. Bárbara tiene una inconfundible presencia física: delgada, exaltada. Una energía gestual y discursiva desbordante que atraviesa un río frágil propio de cuento infantil. Furia e inocencia. Potencia y ternura. Todo en un sólo compartimiento. En un mismo libro que se abre para dar curso a locas y creativas historias que van a parar al centro de la escena. Los personajes de Bárbara parecen dioses a punto del derrumbe. Dioses que ya han olvidado el origen de su divinidad y por eso lucen tan desamparados y sin embargo tan equidistantes del resto del planeta. La obra de Bárbara más que trascender fronteras creció y maduró (aunque ella odiaría este término para referirse a sus trabajos) en el extranjero. Sus textos han aparecido publicados en selecciones tales como “Dramaturgos argentinos en el exterior” (Ed. A. Seoane, INTeatro, Buenos Aires), libro que incluye a Juan Diego Botto y Ernesto Alterio, “Desorbitados” (Ed. C. Aliaga. Antología, Fondo Nacional de las Artes), “Nuevo Teatro Europeo” (Universidad Nacional del Comahue. Neuquén), entre otras. Y obras suyas como “What are you a doing after the orgy?” y “Sótanos Lady T.” fueron representadas en distintos escenarios independientes de Europa en los últimos tres años por la compañía No Fourth Wall, con base en Berlín. Rebelde indomable, pendenciera de alma, Bárbara es la única del destacado grupo de artistas que no colgó su currículum en el sitio oficial de la compañía. Sólo aparece su nombre y una dirección de e-mail. Puede que esto que hemos dicho de ella sirva de algo. Un principio. Para este año también se espera el estreno de su obra “Sherwood for sale”, a cargo del mismo equipo. Otro de sus personajes, o tal vez alter egos, asegura en su relato “Mar de amores”: “El día que apareciste en mi vida yo me volví a criar, me obligaste a limpiarme los dientes y a pronunciar mi verdadero nombre.”. Y otro en “Casquería”: “Nuestro amor era como vender una tele de segunda mano y recomprarla, empeñarla un par de semanas y volver con dinero suelto a por ella”. Pero el diálogo que sigue le pertenece íntegramente a Bárbara o a la suma de todas las “Bárbaras” que se despliegan a lo largo de sus criaturas teatrales. La escena: las afueras de un bar, el espacio virtual, el sonido de una voz en el teléfono que atraviesa miles de kilómetros e, incluso, los sueños y en los sueños muchas reglas formales son transgredidas. Los personajes: Bárbara: dramaturga, aventurera de alma. Periodista: innoble preguntón. Bárbara: –Este tiempo que no nos vimos ni nos sentimos, anduve colgada, viajando a Berlín, a Marruecos, a Lisboa, quería quedarme en algún sitio diferente al cotidiano pero sin escaparme. Dice el I-Ching que una cosa es la huida y otra la retirada… Ya hui unas cuantas veces. A la larga pienso que no estuvo tan bueno… ahora tiene que ser diferente. Periodista: –¿Cómo una chica como vos acabó en un lugar como ése: Madrid, Berlín? –Para llegar a algún sitio tuve que partir. La primera escala duró diez años. Yo estuve un par limpiándome las plumas. Los locutorios son purgatorios de otras vidas y nunca voy a olvidar la combinación del desodorante ambientador y las lágrimas. Paso siguiente, hidratar. El lugar en el que terminé son muchos lugares hilvanados por las veces que me perdí, que hui, que me pegué de hostias, que festejé, que desfasé y que remonté. Nadie dijo que fuera sencillo. No lo fue. Trabajé, estudié trabajando, escribí por rachas, conocí gente, renegué de gente y me reencontré con gente. La familia y los amigos de allí y de aquí me mantuvieron a flote. Estudiar fue un salvavidas, enamorarme también. ¿Cómo acabé aquí? Por azar, por pasión y por una promesa. –No sé si has visto esos manuales para principiantes, siempre útiles. Entonces, ¿cómo te explicas en tanto artista a los niños? –Mi sobrina de seis años dice que soy rara; a mi sobrina de seis años le gusta lo raro. –Bueno, no sos un monumento a la rutina. –Me explico como una mujer que siempre tiene presente la niñez en su cabeza, una niñez bastante feliz en una Argentina atravesada por el desamparo y la maldición de los 70. Una niñez que funciona como chaleco antibalas en todas las trifulcas emocionales de esta vida. Me explico como un personaje de historietas que tiene consigo el poder de transformar el mundo y que forma parte del equipo de transformadores que luchan por un planeta mejor, en especial el de los niños. –¿Algún superpoder? –El poder que nació conmigo no brilla ni hace ruido, sale de las palabras y no es de color rosado. Esta tía escribe para que otros superhéroes, que se mueven como dioses en calles y escenarios, lleven las palabras hacia diferentes parajes. Este poder también funciona como una pócima para surfear el mundo. –¿Piensas en tu tierra? Me gustaría escuchar tres momentos tuyos en el Valle. –El callejeo adolescente con los amigos a la hora de la siesta, un tiempo muerto que me nutrió más que muchos platos de comida; la resistencia estudiantil universitaria del Valle en los 90. O cómo sentirse una vieja a los 33 años rememorando anécdotas. El reencuentro con la profesión el año pasado en El Valle. El hallazgo con los años de gente talentosa y generosa en la zona. El asadito y las charlas de cada reunión con mis viejos y mi hermano. El tercer momento lo dejo en puntos suspensivos porque será cuando conozca a mi sobrino Eliseo, un patagónico de tercera generación. –Y, por supuesto, tres momentos de tu vida artística en Europa. –El momento artístico primero y tremendamente importante para mí fue el estreno de un monólogo en el primer Encuentro de Teatro por la Identidad en Madrid en el 2004. Pasados los años resultó ser un evento mítico para participantes y público en general. El estreno de la obra “What are alter the orgy?” con la compañía No Fourth Wall en un Centro Social Autogestionado en Madrid. Teatro gratis para el público, sin subvenciones ni hostias. Y el tercero, un proyecto teatral en marcha para exponer un trauma de la actual política europea. Una obra que habla de las miserias que esconde el Viejo Continente debajo de sus raídas alfombras. Un trabajo que intentará responderme si es posible hacer acá un teatro íntimo y popular a la vez. Un trabajo de base con recursos austeros. Algo aprendido en la escuela sudaca del teatro y la vida. –Decía Jodorovsky que el teatro es el rostro desnudo y la vida abajo del escenario, la máscara. ¿Te parece? –¡Qué va! ¡Ni de coña! Ni en el teatro ni en la vida hay rostros desnudos. Pero si los hay, probablemente sea el teatro el único prisma por donde los podamos ver. –¿Por qué el teatro? –Porque fue un salvavidas en Madrid, porque Finzi me contagió, porque me debía muchas lecturas que había dejado marginadas desde pequeña, porque me permite madurar y romper con el sufrimiento de la poeta adolescente, porque podía pagarme el costo de esos estudios trabajando de camarera, porque me conmueve como pocas cosas, porque me libera. Porque la siento una herramienta de transformación social. Porque era demasiado doloroso buscarse la vida lejos de casa sin un hilo motivador que justificase la partida/mudanza. Porque me mantiene respirando y creyendo que todo puede ser diferente. (Cae el telón) (Las cortinas permanecen impenetrables hasta que Bárbara se cuela entre ellas y, sin esperar el merecido reconocimiento de su público, sale apurada por el pasillo, directo a tomarse una copa al café de la esquina. En su mochila lleva una libreta y muchas pero muchas ideas nuevas).

Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar


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