«Una historia de vida desde Adrogué a Villa La Angostura»
Soy carpintero y vivo en Adrogué hace 56 años. Soy hijo de inmigrantes centroeuropeos (eslovacos), quienes por su historia de vida marcaron una impronta en mi camino. Con cuatro hermanas mujeres, mi niñez y mi adolescencia se desarrollaron basadas en la religión católica y en un ambiente de mucho trabajo, sacrificio, historia y tradiciones.
Ya en mi juventud y terminado el secundario continué mis estudios para recibirme de técnico radiólogo. Ejercí esa profesión durante varios años en clínicas, consultorios y hospitales, hasta que un día descubrí que mi vocación y mi destino laboral se encontraban en mis manos. Así, de manera autodidacta y en el garaje de mi casa, comencé a realizar trabajos en madera, primero artesanías que decoraba al óleo -para ello realicé cursos de pintura- y luego pequeños trabajos de carpintería.
Con el paso de los años el taller -que siempre estuvo en mi casa- se fue agrandando y creciendo. Allá por 1985 comencé a realizar los primeros petit muebles, que vendí peregrinando por el interior de la provincia de Buenos Aires, Río Negro y Neuquén y en Chile y Uruguay, entre otros países. Llegó entonces el momento de los muebles. En 1991 se me presentó la oportunidad de realizar amoblamientos a 1.700 kilómetros de mi taller, en un complejo de cinco cabañas a orillas del lago Nahuel Huapi, en Villa La Angostura.
Fue en ese primer trabajo que comprendí la razón de mi atracción por ese lejano lugar: mis padres siempre me hablaron de su infancia y su juventud en Europa; ellos nacieron y vivieron en una aldea de montaña hasta que tuvieron que venir a la Argentina y en este pequeño lugar de nuestro país yo encontraba una gran similitud entre la vida de mis padres cuando jóvenes y la mía propia. Este año cumplo 18 de viajar ininterrumpidamente una, dos y hasta tres veces por mes a nuestra Patagonia, lugar que me recuerda la juventud de mis padres.
Hoy, con mis 56 años, mi mente intenta plasmar todo lo recorrido durante este tiempo. Si calculo estadísticamente los kilómetros recorridos por viaje (3.500 kilómetros Buenos Aires-Neuquén/Neuquén-Buenos Aires), me doy cuenta de que llegué a transportar muebles por un recorrido equivalente a más de 3,5 veces la distancia entre la Tierra y la Luna.
Me emociona mucho recordar y darme cuenta de cuánto ha pasado en estos viajes; cuántos caprichos de la naturaleza tuvimos que sortear en este largo tiempo, cuántas alegrías y tristezas, cuántos miedos, fracasos, éxitos y hasta accidentes (como la pérdida del tráiler en dos oportunidades, con vuelco incluido). Nos hemos enfrentado a muchas situaciones difíciles y otras no tanto, pero siempre continuamos apostando por el trabajo y el esfuerzo con mucha garra y dedicación.
Es difícil describir sin emocionarme lo que siento al contar que todo esto no lo podría haber logrado solo. Cuento con un equipo de trabajo muy idóneo que me acompaña, en algunos casos desde los comienzos y en otros que se fueron agregando con el tiempo. Gracias a ellos pudimos realizar muebles y aberturas para 84 casas sólo en Villa La Angostura y algunas otras en Bariloche.
Con esta sincera carta quiero dar las gracias de todo corazón a la gente de las provincias de Neuquén y de Río Negro que siempre ha estado de alguna manera en mi camino, especialmente a las ciudades de Villa La Angostura y Bariloche por abrirme sus puertas y permitirme ser parte de su comunidad. Mi historia de vida me marca fuertemente con un gran sacrificio de desarraigo y peregrinación constante; no obstante esto, mis viajes a nuestra Patagonia me llenan el alma de lindos y acogedores recuerdos.
Junto a esta reflexión quisiera mencionar a mi familia, que sufre desde que salgo de Buenos Aires hasta que llego a la villa y regreso a casa. Ellos me sostienen en todo mi peregrinar al sur y sin ellos no podría haber logrado todos estos viajes. Tampoco me quiero olvidar de mis amigos.
Pablo Andrés Jankovic, DNI 10.816.616 – Adrogué