Una noche larga

Por Redacción

Ausente de expresar poder.

Así está el radicalismo de Roca, otrora sostén de decisiva gravitación en la construcción, mantenimiento y reproducción del poder del partido a escala provincial.

Imbricado en todos los pliegues y repliegues de la sociedad roquense desde tiempos que se pierden en la niebla de la historia, el partido deambula con paso no ajeno a la desorientación.

Sobrelleva -por caso- un fuerte déficit de organización. Pocos atisbos parecen quedarle de aquella estructura que hasta no hace más de dos años mostraba una inserción firme en los pliegues y repliegues de Roca.

Nada le fue ajeno al radicalismo en esa trama. Ni organizaciones intermedias, ni sindicatos, ni barrios. Nada.

A lo largo de la transición, el partido se forjó en el verticalismo a Pablo Verani. Hoy, aquella ortodoxia devino si no en ausencia de conducción, en palidez en el ejercicio de la misma.

Desde las entrañas de este radicalismo se argumenta que el esquema de poder y decisión interna está más horizontalizado. Es posible.

Pero si es así, ese estilo parece distante de ser adecuado para frenar el esmerilado de gravitación que tiene el partido en Roca.

Una cuestión que al buscar sus causas puede ser reflexionada desde diversos planos.

Pero existe una causa última, profunda, sin lugar a dudas la más determinante: el radicalismo de Roca no superó aún la conmoción de perder la comuna en manos del peronismo.

Fueron años de ejercicio de poder que cosechaba y sostenía respaldo con mecánica firmeza. Todo facilitado por el manejo del aparato del Estado provincial y el comunal.

La derrota perforó sensiblemente la política clientelar en la que sustentó mucho de aquel poder.

Toda una cultura con acentuados sesgos de impunidad incluso se desplomó en aquellas urnas del 2003.

Un mundo de poder se esfumó con la velocidad del rayo.

Y la geografía radical se olvidó de la autocrítica como método de explicación a lo sucedido. Se pobló de reproches en voz baja y rencores no liberados.

Y el partido no logró sacudirse el sopor. Y a esa basta legión de punteros y operadores dueños y señores de votos y voluntades, la realidad la situó a escala humana.

Ya no había tanto para repartir.

Y llegó la migración de figuras decisivas en el esquema de poder de este radicalismo. Dos casos, entre muchos: José Luis Rodríguez -presidente de la fuerza- y Daniel Sartor viven en Viedma, donde Pablo Verani pasa mucho de sus días. En la cotidianidad del partido en Roca no están.

Y para colmo, los colectivos que envían a Viedma vuelven con problemas.

Carlos Torrengo

Nota asociada: Encuentro quiere saber de un colectivo y puñaladas  

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