Vacunas para pocos

Diversas voces se alzaron en estos días para denunciar la desigualdad que se consolida en el mundo en la distribución de las vacunas esenciales para controlar el coronavirus, de la mano de intereses comerciales de los laboratorios y geopolíticos de los Estados nacionales.

Es necesario que se considere a las vacunas contra el covid-19 un bien público global y se establezcan mecanismos de cooperación y distribución ágil y equitativa.

Si se creía que la pandemia y sus devastadoras consecuencias sanitarias, económicas y sociales harían surgir un “mundo mejor”, altruista y cooperativo, el proceso de distribución de las vacunas demostró que fue una ingenua expresión de deseos. La desigualdad en el acceso a este vital recurso aumenta y se vuelve “grotesca”, admitió hace unos días el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Tenemos los medios para evitar un catastrófico fracaso moral, pero es sorprendente lo poco que se ha hecho por evitarlo”, señaló. También Amnistía Internacional denunció en su informe anual que se ha impuesto un “sálvese quien pueda” general y los países ricos “han establecido un casi monopolio sobre el abastecimiento de las vacunas en el mundo, dejando que los países con menos recursos se enfrenten a las peores consecuencias para la salud y los derechos humanos”.

Para ponerlo en cifras: la agencia Bloomberg rastreó esta semana el destino de 726 millones de dosis administradas en 154 países, y estimó que las naciones más poderosas (EE.UU, Canadá, Israel, los países ricos de Europa) están vacunando 25 veces más rápido que las menos desarrolladas. Unos 27 países con apenas el 11% de la población mundial concentran casi la mitad de las vacunas. Mientras, los más pobres sólo han accedido al 1.6% de las dosis, estimó.

EE.UU. dispondrá pronto de suficientes dosis para vacunar hasta 3 veces a su población. The New York Times reveló que el país tiene almacenadas casi 30 millones del fármaco de AstraZeneca que no usa, ya que aún no fue autorizado. Una parte de ellas fue fabricada en Argentina, enviada a México para ser envasada, y por la falta de un filtro clave (cuya exportación fue prohibida por Donald Trump), el lote con capacidad para producir 12 millones de dosis fue reenviado a Albuquerque. Se espera que la administración de Joe Biden libere esa fracción, de las cuales 900.000 dosis llegarían a nuestro país a fin de este mes. Otras 4,5 millones irían a Canadá y México.

El acaparamiento nacionalista y su utilización geopolítica sólo llevará a un desastre sanitario y económico de escala planetaria.

El mecanismo Covax, ideado por la ONU para intentar equiparar la distribución, también ha enfrentado problemas debido a que laboratorios de India y Corea del Sur limitaron su entrega para hacer frente a sus propias necesidades de la “segunda ola”. La escasez ha llevado a que los países en desarrollo acudieran a laboratorios de Rusia y China para obtener alternativas como la Sputnik V, Coronavac o Sinovac, pero estos países también han mostrado limitaciones para suministrar dosis en la medida que naciones como las sudamericanas, con los índices más elevados de contagios y muertes, necesitan. Aun así, los envíos han significado tanto para Beijing como para Moscú un enorme recurso de “poder blando” para aumentar su influencia en la región. Se abre el juego para una “diplomacia de vacunas” donde junto con las dosis se negocian apoyo político o ventajas comerciales, con una fuerte asimetría de poder entre los actores.

En este juego podría estar incubándose otra desigualdad: la de países con ciudadanos vacunados y no vacunados. La BBC habló esta semana de un planeta que podría dividirse en zonas “seguras” y otras “amarillas” o “rojas” consideradas de riesgo y que podrían terminar aisladas del resto. Se habla ya del “pasaporte sanitario” para limitar derechos, flujo de personas y comercio.

Una visión equivocada ya que, como señalan los especialistas, sólo la efectiva inmunización global permitirá terminar con la pandemia. Para ello es necesario que se considere a las vacunas contra el covid-19 un bien público global y se establezcan mecanismos de cooperación y distribución ágil y equitativa. El acaparamiento nacionalista y su utilización geopolítica sólo llevará a un desastre sanitario y económico de escala planetaria.


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