Viajes de Sobisch al exterior: grandes anuncios, pobres resultados
Siempre con numerosa comitiva, el gobernador neuquino, Jorge Sobisch, recorrió países de Europa, de América del Norte y de Sudamérica durante varios años buscando inversores, en particular para el ferrocarril trasandino del sur. Estuvo en los Estados Unidos tres veces, y en Francia, Portugal, Rusia, Canadá, México, Chile, Brasil. Los informes oficiales publicados al cabo de cada una de estas giras destacaron siempre el interés encontrado en los gobiernos y los empresarios extranjeros. Sin contar los reiterados anuncios de que se estaba resolviendo la financiación del trasandino, el más resonante fue el de que se contaba con el interés de una empresa española, Elecnor, que invertiría 750 millones de dólares en la instalación de dos parques de energía eólica en Neuquén. Una promesa que se llevó el viento. En el balance final el resultado de la búsqueda de inversiones salvo algunos contratos petroleros que se podrían haber firmado en la provincia fue igual a cero. O, si se computa el gasto, netamente deficitario.
Entre todos los gobernadores argentinos, Jorge Sobisch es, sin dudas, el que menos días pasó en su despacho. Dicho de otra manera, el más viajero. No sería exagerado decir que, de los once años que lleva en el cargo, los últimos siete los dedicó a viajar. Los cuatro primeros en misión oficial y los tres restantes como candidato a presidente. De los primeros se ocupa el informe que sigue.
» A Brasil, por el bioceánico. A Madrid, por el trasandino. El 29 de mayo de 2000 Sobisch viajó a San Pablo y Porto Alegre con una comitiva de 38 personas. El principal objetivo era la gestión de apoyo financiero, unos 250 millones de dólares, para la construcción de un corredor bioceánico. A pesar de que se decía que había «interés», el cónsul argentino en San Pablo dijo a los neuquinos que los empresarios brasileños prefieren invertir en su país, porque «les resulta mucho más barato». Por supuesto, el ferrocarril trasandino también figuró en el temario.
Cuando todavía no había pasado un mes desde el viaje a Brasil, Sobisch se subía a un avión que lo llevaría a Madrid. En la comitiva estuvo un «empresario» de ingrata memoria para los trabajadores de la aerolínea TAN: Ricardo Sturno.
Se pretendía en España que participaran en la construcción del trasandino el grupo empresarial Dragados y la ferroviaria RENFE. También se buscaba una «alianza estratégica» con Telefónica que incluiría la instalación del servicio de internet en todas las escuelas de la provincia y de redes de seguridad medioambiental y «la profundización del vínculo» con Elecnor, una empresa que instalaría parques de energía eólica en Cutral Co y Zapala, con una inversión que podría llegar a los 750 millones de dólares. También se recibió el «interés» de la hotelera NH.
Un jefe de protocolo de Dragados entusiasmó a la delegación cuando dijo que la inversión en el trasandino era «un negocio muy apetecible». Pero más apetecible fue para los españoles de Repsol la prórroga por diez años de la concesión de Loma La Lata.
Sobisch, en un almuerzo que le ofreció el presidente de Repsol, Alfonso Cortina, quiso avanzar en las conversaciones sobre la refinanciación de la deuda y el trasandino. Pero no pudo. «Una negociación no puede darse en un almuerzo», explicó. Tampoco se dio después del almuerzo.
» A Estados Unidos y Canadá. Después de una vuelta por Chile Sobisch puso proa hacia los Estados Unidos. Siempre con José Brillo a su lado, y con su esposa Liliana Planas, Horacio Quiroga, Pedro Salvatori, Sergio Gallia y el empresario Julio Viola entre sus acompañantes más destacados.
La primera noticia llegó desde Dallas, Texas, el 9 de noviembre de 2000. Sobisch quería arrebatarle a las provincias de Buenos Aires y Córdoba una inversión de la empresa de telecomunicaciones. No lo logró.
El día siguiente, en Forth Worth, Sobisch habló ante empresarios tejanos y dialogó con ejecutivos de las petroleras Exxon y Pioneer.
Ya en Calgary, Canadá, Sobisch habló de las expectativas puestas en la reunión que tendría con directivos de la Atomic Energy Canada Limited (AECL), en Ottawa.
Fueron expectativas que se frustraron. Se pretendía que la AECL, que tramitaba la venta de dos reactores a Corea, influyera para que la ENSI pudiera venderle el agua pesada. Los canadienses «se mostraron comprensivos», pero el negocio no se pudo concretar. Hubo también un encuentro con el vicepresidente de Agrium, Rob Rennie, ante quien se informó del proyecto, asociado a la planta de agua pesada, de fabricar fertilizantes. Para Sobisch la reunión fue «interesante», y proclamó que su gira había sido «un gran triunfo». Para Quiroga fue «exitosa».
» Estados Unidos, de costa a costa. De regreso en Neuquén, y antes de que terminara ese mes de noviembre, Sobisch tuvo tiempo para volver a Chile y encontrarse con el presidente Ricardo Lagos en Chillán. Lo saludó y le habló del trasandino, todo en un minuto que le concedió el mandatario chileno. Después, en mayo de 2001, partió hacia California, y en octubre del año siguiente visitaría la otra costa, empezando por Washington.
Sin Liliana Planas, Sobisch inició su segunda visita a Estados Unidos en La Jolla, tenida como «la ciudad más delicada» del país. Cenó allí langostinos, carnes rojas, pescado, vinos de 80 dólares la botella- con el dueño de una empresa de exploración petrolera, Rod Eson, con el propósito de persuadirlo de que invirtiera en Neuquén. Eson dijo que ya había puesto «la lupa sobre Neuquén» y que estaba «interesado». Comprometió una visita a Neuquén en 30 días, pero nunca más se supo de él.
Eso fue el 19 de mayo. El mismo día habló con el vicegobernador de California, Cruz Bustamante, a quien dijo: «venimos a vender energía barata».
Rubén Patritti, entonces ejecutivo de Repsol y hoy deudor del Iadep con viña en El Chañar, dijo allá que la petrolera invertiría cinco mil millones de dólares para exportar gas en barco a México, y dejó abierta la posibilidad de que ese gas fuera neuquino. Pero no lo fue. Ni de Neuquén ni de ningún otro país.
La oferta neuquina a los eventuales inversores californianos fue desplegada por Sobisch en la X Conferencia Anual Latinoamericana de Energía. Los asistentes parecieron «interesados» en otra vez el trasandino, el corredor bioceánico, la zona franca de Zapala, la represa de Chihuidos II, la planta de fertilizantes. Y sonrieron con discreta cortesía cuando Sobisch los invitó a beber agua del Limay, porque quien lo hace explicó «no se va más».
La gira californiana, segunda a los Estados Unidos, duró siete días. La tercera comenzó el 13 de octubre de 2002 y duró diez días. El programa fue armado por una agencia lobbista, la KNP Associates, cuyos honorarios no se pudieron conocer. Hubo, en ese programa, dos grandes agujeros que disgustaron a Sobisch. El primero fue la prevista participación, en el hotel Biltmore de Miami (que tuvo entre sus huéspedes ilustres a Ginger Rogers, Judy Garland y Bing Crosby, a los que se sumó Sobisch), en un panel organizado por el diario Miami Herald, junto a Ricardo López Murphy, Carlos Ruckauf y Alberto Rodríguez Saá. Sobisch no fue incluido en la lista de panelistas, y sólo se le permitió que subiera al estrado para contestar a una pregunta. Pero igualmente debió pagar 1.095 dólares por la invitación y 199 dólares diarios por el alojamiento.
Peor fue que la actividad principal, un encuentro con el ex presidente William Clinton, no se pudiera concretar, pese a que hasta la víspera del día pactado se dijo que se haría.
Sí se pudo concretar el encuentro con el entonces presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias, en Washington. Sobisch dijo que el titular del BID se manifestó «dispuesto a colaborar» para evaluar la factibilidad del trasandino. Paralelamente, José Brillo explicó a directivos del BID el proyecto ferroviario.
» El trasandino cruza el Atlántico. Entre uno y otro viaje a USA, Sobisch se las arregló para viajar a Francia y Portugal. El 7 de junio de 2001 este diario informó que el mandatario esperaba traer «un nuevo aliado estratégico desde Lisboa: el convenio con Ferrovías, vinculado con el grupo español Dragados, y el banco del Estado portugués para la obra del ferrocarril trasandino».
Con una comitiva de 45 personas, Sobisch se planteó concretar en Francia 15 entrevistas en diez días. Con todo, el tiempo le alcanzó para un «city tour» en París.
Una de las entrevistas fue con la petrolera Total, para interesarla en que exporte gas a California. Otra con la Alstom, por el trasandino, una más con integrantes de la corporación empresarial Medef. Con la hotelera Accor intentó acordar la construcción de tres hoteles en Neuquén, pero le dijeron que eso debería arreglarlo en Buenos Aires.
De París Sobisch viajó a Poitiers y Burdeos. Habló entonces con «Río Negro» para expresar su solidaridad con Carlos Menem quien había sido detenido en Buenos Aires y decir que había sido «un gran presidente». También elogió a Pechi Quiroga, pronosticándole «un futuro impresionante».
La última etapa de este primer viaje europeo el segundo sería a Rusia- se cumplió en Lisboa, estimulada por la firma de un acuerdo con las empresas Ferrovías y Mota & Gil para la construcción de un primer tramo de 50 kilómetros del trasandino. Pero no se concretó nada.
» México, Rusia y final. Entre varios viajes más a Chile intercalados, Sobisch viajó a México y Rusia, en octubre del 2003 y octubre del 2004.
En la capital mexicana volvió a la carga con el trasandino ante el director de Ferrocarriles Mexicanos, quien le dijo -otro más- que «el proyecto es muy interesante». Además le interesó a la petrolera estatal PEMEX la inversión en una fábrica de fertilizantes. También hubo, un año después, empresarios rusos «interesados» en el trasandino que vendrían a Neuquén.
De Moscú el mandatario volvió a Lisboa, con el propósito de acordar la toma de un préstamo de 49 millones de dólares para la construcción del tramo Zapala-Las Lajas del trasandino. Estaba la empresa que haría la obra y el banco Sancti Spiritu que pondría la plata. Pero todo fracasó.
JORGE GADANO
tgadano@yahoo.com.ar
LUCIANO MAGGIO
lmaggio@fullzero.com.ar
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