Villancicos
Columna semanal
PALIMPSESTOS
Todos los pueblos cantan y han cantado a lo largo de la historia. Ejemplos notables nos llegan desde diferentes civilizaciones como la griega con cantares épicos que moldearon el carácter y la educación de todo un pueblo; también en España o Francia este canto a los héroes tuvo muchos siglos después la función de aglutinar al pueblo. Hubo otro tipo de cantos, más refinados y atribuidos a los/las poetas y por lo mismo ya escritos. Los cantos del coro en la tragedia griega, Safo entonando sus poemas al son de la lira, los epodos, los salmos en el pueblo de Israel, el zéjel en el Al- Ándalus.
Hay un canto más modesto, si se quiere, que surge del pueblo mismo, de sus penas, alegrías, afanes y desengaños, alguien compuso al desgaire y luego la tradición oral lo fue perfeccionando, mutando y expandiendo a modo de telaraña. Esas minúsculas composiciones que las cantaba el pueblo se hacen más y más populares y algún letrado deslumbrado por su belleza las fija sobre el papel. Este proceso se da en todos los pueblos europeos y esa canción recibe el nombre de balada. Del tronco común de la balada se desprenderán diversas formas poéticas y musicales en diferentes regiones.
Así en España, en plena guerra contra los árabes por el territorio perdido, los castellanos iniciaban a trompicones su propio dialecto y en él comienzan a cantar esas pequeñas cancioncillas que les han llegado vaya a saber cómo y de dónde, y luego inventan otras y así como enredaderas trepan por las paredes del idioma aun retoño y de los pueblos de Castilla, las cantan los hombres y mujeres de las villas. Nacen los villancicos. Porque para la poesía culta, esa que hacen grandes poetas e incluso reyes sobre temas amorosos o religiosos está el galaico –portugués, una lengua ya acostumbrada a decir los requiebros del corazón o de la fe.
Te dejo algunos de los primeros villancicos recogidos, son de tema amoroso. “A mi puerta nace una fonte,/¿por dó saliré que no me moje?// A mi puerta la garrida/ nasce una fonte frida/ donde lavo la mi camisa/ y la de aquél que yo más quería/ ¿por dó saliré que no me moje?”. Tenemos la presencia característica de la balada, el estribillo (los dos primeros versos). El resto de la composición se despliega a partir de reiteraciones parciales del estribillo. Es la voz de una mujer que tiene un enamorado y que se encuentran junto a la fuente (lavar juntos las camisas es una forma metafórica de aludir a las relaciones carnales). Ella está preocupada en cómo seguirá la historia sin que la “moje” (le haga daño). Otra mujer se lamenta la muerte de su amor en la guerra: “En Ávila, mis ojos/ en Ávila.//En Ávila del Río/ mataron a mi amigo,/ dentro en Ávila”.
Debido a su popularidad era inevitable en una comunidad cuya religiosidad estaba en el centro mismo de la vida de sus habitantes que estas canciones hablaran también de lo religioso, así tenemos “Aquel pastorcito, madre,/ que no viene,/ algo tiene en el campo/ que le duele.//Pues el príncipe del cielo/ hecho pastorcito, viene,/ algo tiene acá en el suelo/ que le duele”. La iglesia no desaprovechó la notoriedad de estas canciones y las vinculó a diversas fiestas, entre ellas y en forma preferente al nacimiento de Jesús; a partir de ese momento los villancicos lograron gran popularidad y se los asoció casi exclusivamente con la natividad. Andando los siglos hubo dos vertientes, los tradicionales de autor anónimo y aquellos que tenían un creador identificable, también se fueron incrementando la cantidad de versos.
El villancico pasó a América y sus letras y músicas variaron con los nuevos aires para plasmar el sentir de la gente. Así con ritmo de baguala en el norte argentino se canta este villancico: “En el portal de Belén/ hay un niño barrigón/ con un lucero en la mano/ echando la bendición…”
Néstor Tkaczek
ntkaczek@hotmail.com
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