Vivir de manera más inteligente en el “Smart Home”
Una vivienda que se controla a sí misma, que regula el aire acondicionado y el calor y que espanta a los ladrones. La “smart home”, la casa inteligente, puede hacer todo eso.
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En el sótano de repente empieza a zumbar la calefacción. En la entrada de la casa se apaga la luz. Y en el salón bajan las persianas como por arte de magia. Lo que se está describiendo aquí no es una casa de terror, sino lo que para muchos es el sueño de la vivienda del futuro. Una vivienda que se controla a sí misma, que regula el aire acondicionado y el calor y que espanta a los ladrones. La “smart home”, la casa inteligente, puede hacer todo eso.
Funciona así: los diferentes aparatos eléctricos, como el motor de las persianas y la técnica luminosa, están computerizados y conectados a la red. Están programados para funcionar a determinada hora y en determinadas condiciones ambientales. Sin embargo, los moradores pueden seguir utilizando los interruptores de los aparatos o los que están instalados en la pared.
La unión de la técnica garantiza un sistema común. Se llama LCN, Homematic o KNX. La última variante implica la introducción de una norma mundial para los aparatos. “Unos 300 fabricantes, entre ellos Siemens y Cisco, apoyan esta alternativa”, dice Ralf Engels, del proveedor de sistemas de automatización Gira. Es como si los aparatos hablaran todos el mismo idioma. El consumidor sólo necesita un software operacional que junte todas las lenguas.
Por ejemplo, un sensor colocado en la ventana registra una fuerte radiación solar y transmite esta información al mando de la calefacción, que consecuentemente pone la temperatura más baja. Al mismo tiempo bajan las persianas.
Sin embargo, “smart home” significa básicamente que la casa ya sabe lo que quiere el consumidor. Hay configuraciones básicas. “A las siete de la mañana uno quiere bañarse a una temperatura de unos 22 grados centígrados y otra vez a las diez de la noche. Es decir, que el resto del día se puede reducir automáticamente la temperatura”, explica el experto en técnicas de automatización Sebastian Domin.
También es posible que el morador no tenga que atenuar la luz de cada lámpara, sino que puede activar con un interruptor diferentes ambientes luminosos: para ver televisión, todas las lámparas se apagan y sólo hay una luz de fondo detrás del televisor. A la hora de la cena, la lámpara de techo reduce su luminosidad al 50 por ciento pero la lámpara colgada sobre la mesa está plenamente encendida.
Hace unos 25 años que se empezó a reflexionar por primera vez sobre cómo contectar entre sí diferentes productos, recuerda Engels. Hace tiempo que los interruptores eléctricos automáticos del sistema de calefacción dejaron de ser una excepción. Sin embargo, en el mercado hay cada vez más ideas y productos que hacen posibles cada vez más cosas. Por ejemplo, un pulsador de pánico junto a la cama. Si la persona dormida oye un ruido y sospecha la presencia de un ladrón, puede iluminar toda la casa pulsando un botón.
“O imagínese que se ha ido de viaje y, después de haber recorrido 100 kilometros en la autovía, de repente le asoma la duda de si se ha apagado la lavadora”, dice Domin. Para estos u otros enchufes, a los que siempre está conectada la plancha, por ejemplo, existe un interruptor general que se puede activar desde la distancia.
El hecho de que son cada vez más los propietarios de casas que se interesen por la técnica inteligente también tiene que ver con el cambio energético. “Lo que pasa es que una de las grandes ventajas de una conexión de la casa a la red es el ahorro de electricidad y de energía para el sistema de calefacción”, explica Uwe Rohrbach, de la empresa alemana para téncicas de automatización de edificios Bus-Profi. Para Engels, el representante de Gira, el paso siguiente consiste en aprovechar aún más esta tecnología: la casa sabe si alguien está allí y qué es lo que necesita. Incluso sabe si la instalación termosolar en el tejado está preparando suficiente agua caliente.
Los aparatos se conectan entre sí a través de conductos, lo que no es ningún problema en los edificios nuevos. Una buena alternativa para los edificios viejos que no han sido reformados totalmente son las señales radioeléctricas, explica Domin. Las señales se pueden enviar a través de la red eléctrica casera. Esta tecnología se llama powerline.
Parece complicado instalar toda esa tecnología y, además, caro, con esos sofisticados panales de control en la pared. Sin embargo, en comparación con las instalaciones tradicionales no es así. Para una casa familiar de 150 metros cuadrados, Domin calcula que la instalación eléctrica convencional cuesta entre 10.000 y 13.000 euros (entre 13.000 y 17.000 dólares). La variante inteligente para el control de la calefacción, la luz y la vigilancia se puede conseguir a partir de los 13.000 euros y, además, permite un ahorro de energía de entre el 20 y el 30 por ciento. Engels calcula que el sobreprecio en comparación con la técnica convencional se sitúa entre 4.000 y 5.000 euros, “aunque, obviamente, no hay ninguna casa exactamente igual”.
Por Simone Andrea Mayer (dpa)
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