Voluntad para dejar atrás los reproches



BUENOS AIRES (ABA).- Finalmente hubo distensión entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el titular del Episcopado, Jorge Bergoglio, al cabo de una reunión en la que no faltaron los reproches.

“Ya lo leí… Ustedes hablan de llegar al Bicentenario con el mismo ánimo del Centenario, pero les recuerdo que en 1910 había estado de sitio y la mayor represión obrera de la historia”, señaló Cristina cuando Bergoglio le entregó el documento en el que la Iglesia pide más diálogo y menos confrontación y cuestiona el estilo desarrollado hasta aquí por el matrimonio presidencial.

Fue inevitable: se habló de la crisis financiera internacional y sus efectos en la Argentina. Hay un cambio de modelo mundial, se coincidió.

La presidenta manifestó que le había tocado gobernar en este momento especial de la historia y que confía “en Dios y en la providencia para salir adelante”. Contó también como había sido su experiencia en la reciente gira por África.

Con tono cordial, se abordaron los problemas de la exclusión social. Se acordó en trabajar en forma conjunta, en la medida de lo posible, para paliar la brecha entre ricos y pobres.

Bergoglio felicitó al gobierno por la forma en que se está encarando la lucha contra la droga. A instancias del vicepresidente del Episcopado José María Arancedo, quien es primo de Raúl Alfonsín, se rescató la figura del ex presidente del retorno a la democracia.

“Alfonsín es un gran piropeador”, dijo Cristina ante las muestras de asentimiento de Bergoglio, al que Néstor Kirchner más de una vez, en forma extraoficial, calificó de “jefe de la oposición política”.

El encuentro concluyó promisoriamente. Cristina irá a la misa que oficiará Bergoglio en Luján el 22 de diciembre, en coincidencia con el 30 aniversario de la solución al conflicto del canal de Beagle, en el que intervino el cardenal Antonio Samoré en representación el papa Juan Pablo II.


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