Volver a la esencia de las cosas

El arquitecto patagónico cuenta su experiencia en Abu Dhabi. Desde Neuquén al mundo.

TEXTO: EDUARDO ROUILLET Andrés Remy es rionegrino de General Conesa y arquitecto egresado de la UBA en el 2000. Tras emerger al mercado mundial del estudio de Rafael Viñoly en Nueva York, donde trabajó entre 1999 y 2003, fundó el suyo en el 04 para desarrollar proyectos innovadores con un lenguaje arquitectónico único, mezcla de funcionalidad y diseño. Parece obvio pero no siempre resulta así: el equilibrio entre ambas ecuaciones es delicado y requiere una precisa alquimia que él y su equipo preparan con pasión de artesanos, conocimiento profesional, sensibilidad y paciencia, mucha paciencia. Sus diseños han sido premiados nacional e internacionalmente; el de Casa Orquídea, en la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires 2009 y seleccionado por la Academia de Bellas Artes. En marzo del mismo año sucedió otro tanto con Casa de la Cascada, por la World Architecture Community. La lista de sus obras y proyectos abarca desde la Casa Khalifa en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos (EAU), de 2.500 m², actualmente en movimientos de suelos; la HM en Tigre de 400 m², también en curso; la Olivos, en la localidad homónima, 800 m²; y desarrollos en Nordelta, Los Alisos, Pacheco Golf, Devoto, City Bell, Tigre, San Fernando, Puerto Madero, Comodoro Rivadavia, Pilar, Escobar, Mar del Plata, varios en Neuquén y Cipolletti. La primera de las citadas está ubicada en el distrito Khalifa A de Abu Dhabi, área residencial en plena expansión a quince minutos del paseo de playa Corniche y a cuatrocientos metros de Masdar City, una ciudad autosustentable en construcción. Abu Dhabi, capital del emirato homónimo y segunda ciudad más poblada de los EAU, aloja oficinas del gobierno federal y la residencia de la familia real emiratí. Su rápido desarrollo y urbanización, junto con la elevada renta media de la población, la han transformado en las dos últimas décadas. Por sí sola genera el 15% del PBI de los EAU, está entre las mayores productoras mundiales de petróleo y en proceso de diversificación de su economía con inversiones en servicios financieros y turismo. En la región es la tercera ciudad más cara y en el mundo, la 26ª. Geográficamente ocupa la parte nororiental del golfo Pérsico en la península Arábiga, en una isla en forma de T a menos de 250 metros de la costa, unida al continente por los puentes de Maqta y Mussafah; un tercero ya se está construyendo. Entre los muchos suburbios que tiene en el continente están el Khalifa A, también el B, la playa de Rhaha, Baniyas y Residencial Mussafah. Abu Dhabi contaba apenas 46.000 habitantes, cuatro doctores y cinco escuelas cuando en 1958 los británicos descubrieron allí la quinta reserva de petróleo más grande del planeta. En esa urbe que hoy hierve de edificios, trabaja Remy como director de Proyectos, con sus colaboradores que lo acompañan viaje a viaje: Constanza “Coti” Focaccia de Neuquén y Guido Piaggio de Buenos Aires, en el primero; luego Hernán Pardillos (BA), el rionegrino Diego Siddi y Gisela Colombo y Juan Etala (BA). Participan también en el proyecto Casa Khalifa, desde Argentina, Julieta Rafel, Sebastián Billone, Olivia Siegrist, Corina Schmidt, Reece Tucker y Hans Talledo. Una tarea de permanente aprendizaje, comprensión, adaptación… Es que esta parte del mundo los contrató Khalifa Ateeq Khalaf al Mazrouei, de familia real, para que les haga su nueva casa. “Allá, chofer, peluquero y demás servicios de la casa mantienen una distancia como de respeto que hasta incomoda porque te siguen diciendo: sí señor, sí señor… Y yo: tranquilo Mohamed que somos iguales, abro la puerta del auto, no pasa nada… Eso es contrastante”, precisa Andrés. “Cuando empezamos a vivirlo nos pusimos muy atentos porque la zona de servicio es un núcleo importante en el que no podíamos inventar nada y respetamos lo que los dueños nos decían al respecto. Sí debe tener tres cocinas, una para el hombre con una puertita para que le pase a la mujer los alimentos, porque no se le puede ver la cara, por ejemplo… hagamos eso. Sólo la suite de Khalifa tiene cuatrocientos metros cuadrados, con un vestidor de ciento cincuenta para la esposa, una peluquería para ella, otra para él… Aplicamos ideas originales pero la idiosincrasia hay que respetarla, de lo contrario vamos a errarle. Hagamos arquitectura modular que se pueda adaptar, aumentar o achicar de tamaño. La casa debe ser muy funcional y la función los convencerá de que nosotros los supimos interpretar”. Así despliega sus primeras consideraciones sobre el proceso de comprensión de una cultura tan distante como diversa. “Empezamos con esos puntos y luego consideramos otro dato no menor: un calor de 50 grados que derrite. La casa debe estar pensada desde el primer día en generar sombra para poder vivir en ella. Con todos esos conceptos claros nos fuimos manejando hasta llegar al punto de que vieran nuestra falta de experiencia en la región, compensada por la investigación y la preocupación por ver y entender qué querían. No somos especialistas en arquitectura árabe pero escuchábamos y sabemos que hay datos inevitables: la magnitud de la parte de servicios, la concepción de la familia que nos resulta parecida a la nuestra y luego el calor abrumador que puede hacer fracasar cualquier tipo de idea por una mala orientación”. –¿Qué sucede con las casas de los alrededores? ¿Se situaron en el paisaje? –Sí, sí. Inevitablemente. Encontramos una arquitectura muy clásica, autóctona. Vamos a generar mucho contraste con nuestro proyecto… Vi una obra de estilo marroquí pero mal orientada, o sea con un pensamiento más estilístico que funcional. Traté de convencer a Khalifa de que esa clase de arquitectura, en verdad, con los avances tecnológicos, no tiene mucho sentido, porque abrir una ventana ahí con 55°C de temperatura exterior perjudica toda la vivienda. Esos diseños tenían sentido por la circulación cruzada de aire cuando no había acondicionadores en el 1500, ahora no aprovechan la base tecnológica. Si a eso mismo se suma que sí o sí hay que poner aire acondicionado porque está el desierto al lado, vuela arena y es imposible abrir una ventana, es una tontería, por decirlo de alguna manera. La casa tiene que ser lo más hermética posible… Estamos hablando de un clima extremo. Yo lo viví. No podés ni meterte al mar porque es un sauna. Hay que acondicionarla y del modo más eficiente posible, con paneles solares, buena orientación, con los ambientes de segunda hacia el peor lado para generar colchones funcionales. El garaje, por ejemplo. Y los más vivibles en el sector con más sombra. Eso es ser inteligente. Sabíamos que si no nos apoyábamos en la tecnología la vivienda no iba a funcionar. Con esos criterios comenzamos a diseñar y a darnos cuenta de que el cliente aceptaba la arquitectura que nosotros pensábamos estaba bien para el lugar, resultado de la consideración de todos esos factores, y que no íbamos a terminar planteando una casa marroquí modernizada. –Que ustedes no puede hacer, sólo arquitectos árabes. Tal vez sí imitar… –Claro, no. Algo que tarde o temprano no sentimos y nos pareció que ya de entrada estaríamos partiendo de una base equivocada. –¿Cómo pensaron resolver la incidencia del viento y la arena que generan fuertes tormentas? –Los vidrios se esmerilan. La superficie vidriada es un porcentaje muy chico de la casa. En una cara existe y las restantes tres son prácticamente cegadas. Buscamos que donde corre el viento arenoso las paredes fueran ciegas. Hay uno que viene del océano (Índico) y otro que proviene del desierto, el malo y caluroso; a éste lo evitamos por completo y pensamos revestir de granito toda la vivienda, constituida por especies de claustros que determinan un espacio muy acogedor e interesante para vivirlo exteriormente, también, porque la vivienda toda proyecta sombra. –Un rico desafío a la inteligencia, al diseño, a la forma de negociar, a traducir y entender códigos con los cuales ellos viven. –Totalmente. Aparte, para sacar información lo más pura posible hay que respetar ciertas cuestiones. De lo contrario, aparece el error y el cliente trata de ubicarte de nuevo en tu lugar. Imagino. No nos pasó… De hecho la vez anterior que viajé lo abracé a Khalifa: ambos nos dimos cuenta de que se fueron rompiendo ciertas barreras. La esposa sigue manteniéndose más distante en la relación con nosotros, pero con Coti (Focaccia) en el primer viaje y una colega que nos acompañó en el tercero fue divina. Es verdad, hay que estudiar muy bien el modo de relacionarnos y el argentino tiene cierta habilidad para darse cuenta, mirar a los ojos, entender qué busca el otro. –También integramos una cultura bastante avasallante. –Y confianzuda. –Que a veces sobreactúa el afecto. Y en este caso hay una clara medida que, si se la excede, puede frustrar la realización una obra semejante. Que además enseña. Pensaba que si alguien de la Patagonia te propone hacer una casa ahora, en zona desértica, podés volcar todo esto que vas aprendiendo. –Totalmente. El paisaje es muy parecido. El camino de Dubai a Abu Dhabi es semejante a cuando vas a Catriel. –Te ayudó para una lectura más rápida. –Sí, y además provenir de una familia numerosa. Nosotros somos cuatro varones, ellos tienen cuatro hijos. También tengo una hermana y ellos están buscando una hija. Esas relaciones aportan. Pensá que con el estudio habíamos quedado entre cinco finalistas –europeos, gente de todos lados– y Khalifa terminó eligiéndonos porque en estos aspectos que acabo de citar marcamos la diferencia. Supongo. También puede haber un tema económico, no sé… Pero un tipo con plata que seguramente podía contratar a quien quisiera en esa parte se sintió más identificado con nuestras características. La lectura que mutuamente hicimos funcionó. De hecho nos pidió ya una segunda casa de fin de semana para ellos. Nos sigue dando laburo y en cualquier reunión nos invita veinte días a Abu Dhabi, envía los pasajes y allá vamos… Tardamos veintisiete horas con escala en Londres. Los primeros viajes nos enviaba tickets de Emirates. Los siguientes, los sacamos en Argentina porque nos resultaba más barato y hacíamos la combinación más conveniente para nosotros. La realidad es que triangulamos para quedarnos unos días en Europa, cuatro en Roma ya que estamos, si a él le sale lo mismo. O pasamos por París. El tercer viaje llevábamos una maqueta de dos metros por dos, llegamos al aeropuerto y nos dijeron que no entraba en el avión. Imaginate la aventura… Nos fuimos vía Sudáfrica. Esas cuestiones marcan nuestra decisión. En partes tampoco se podía transportar. Bueno, conseguimos una línea que sí. Volamos por Sudáfrica en más o menos el mismo tiempo y le caímos con la maqueta a Khalifa. Son cosas que permiten ver la pasión por el trabajo. Otro tipo la deja y le explica al cliente que la aerolínea no le permitió traerla. Andrés nació en Conesa donde pasó su infancia. La adolescencia lo encontró en la capital neuquina. Luego saltó a BA a los diecisiete para estudiar sin saber hacer una hamburguesa; trabajó en el equipo de Rafael Viñoly en NY sin comprender una palabra en inglés; vivió en Harlem en un cuarto de dos ochenta por dos, compartiendo el baño con gente que traficaba droga, en un edificio controlado por la DEA. Prefería quedarse en el estudio que estaba en el Soho. Varias veces durmió en la sala del vicepresidente, en un sillón espectacular, hasta que lo engancharon, confiesa con humor. Hacía dos días que trabajaba sin parar. Hoy la calidad de su arquitectura está en función del cuidado de la escala humana. “El tiempo dedicado a la persona que le hacemos la casa es valiosísimo. Te muestro cinco obras y son así porque con ese tipo salimos a comer, fuimos a tal lado, me llevó a tal otro. Nosotros somos un traductor de las necesidades del otro, obviamente con el acento de una arquitectura que consideramos correcta”, dice. Pero para todo esto hay un proceso, agrega. “Siempre lo digo cuando alguien viene a verme, es un proceso; si no tiene tiempo, mejor que no me contrate. Esto hace la diferencia: en las casas terminadas se ve cómo están pensadas. Un cliente me contó que había consultado a todos los arquitectos que salían en las revistas pero me eligió porque, cuando lo atendí, corrí con la mano los recortecitos del cartón para maquetas. ‘Era mugre de trabajo. En los otros me atendía una secretaria que estaba buenísima, me hicieron todo un show. Vos estabas laburando, corriste las cosas y charlamos. Eso significa que no me quisiste vender más que trabajo’. Así me dijo. Y es así… Volver a la esencia de las cosas. Hoy está todo muy prostituido por el marketing y de mala manera. No hay que inflar lo superfluo. Creo que el gran aprendizaje nuestro en todo este tiempo es saber que no hay clientes que te corresponden. Están los que contratan porque saliste en una tapa de revista pero no tienen tus valores, entonces no es posible darles un buen producto; pero no por lo económico sino por una cuestión de piel, de sintonía”. CONTACTO: ar@andresremy.co

Entrevista: ANDRÉS REMY

Remy y su asistente Siddi en las arenas que rodean el terreno donde construirá la Casa Khalifa.

Khalifa, con la maqueta que hizo Remy, en el terreno donde proyecta su sueño.


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