Norte neuquino: viaje a la tierra de los atardeceres inolvidables

Verano en la Patagonia: el norte de Neuquén se llenó de visitantes, muchos de ellos de Buenos Aires y Córdoba. Las razones están a la vista y aquí te proponemos un paseo por sus mejores puestas de sol.





El norte neuquino es uno de los tesoros de la Patagonia. Tierra de montañas y volcanes, de lagos y arroyos, de cóndores y pumas. De arrieros que protegen a sus animales de sus predadores y de pescadores que sueñan con la trucha inolvidable. De ríos de deshielo y de fumarolas. Un escenario deslumbrante para un verano que trajo una certeza: son cada vez más los turistas que disfrutan de la belleza agreste de sus paisajes. Aquí te proponemos una recorrida por sus mejores atardeceres.



En estos días de veranada en el norte neuquino, cuando los crianceros están con sus piños en las tierras donde los chivitos nacidos durante la invernada en la primavera se hacen fuertes con las pasturas de los vallecitos y laderas de las zonas más elevadas, ese noble oficio de la trashumancia que se transmite de generación en generación sigue regalando espectaculares postales que sorprenden a los visitantes.

El salto de un chivito en las tierra de veranada del norte neuquino. Foto: Martín Muñoz.

La pandemia y la búsqueda de lugares alejados donde disfrutar de la naturaleza sin aglomeraciones atrae cada vez más turistas en el norte neuquino. Y muchos de ellos ya saben que en los mágicos atardeceres es la hora del día en la que los chivitos que se quedaron cerca del puesto saltan y juegan después de comer, como en estas imágenes tomadas en las cercanías del Cajón del Atreuco y el paraje Las Ramadillas, ahí donde la ruta provincial 43 serpentea entre los cerros rumbo a las lagunas de Los Cerrillos.



Espectáculo: aquí confluyen los ríos Varvarco y Neuquén. Foto: Martín Muñoz.

La confluencia de los ríos Varvarco y Neuquén es una de las escalas obligadas. Hay un mirador desde donde observar como se unen los ríos. El Neuquén, que nace como un hilito de agua entre las piedras en la ruta 54, baja caudaloso y cristalino. El Varvarco, que nace en las lagunas Varvarco Campos y Varvarco Tapia, más turbio. Desde ahí continuarán juntos para dar vida al Alto Valle a través del Dique Ballester y el Canal Principal de Riego.



Los Bolillos. Foto: Martín Muñoz.

Otra de las atractivas opciones cercanas es Los Bolillos, a 19 km de Varvarco camino al imponente Domuyo donde los fragmentos de las erupciones volcánicas tomaron forma de conos, agujas y domos a través de miles y miles de años. Rodeados de puestos de arrieros y montañas, es una joya que no te podés perder si andás por el norte neuquino.



Las lagunas de Los Cerrillos. Foto: Martín Muñoz.

El destino final de la mayoría de los turistas es el complejo de lagunas Los Cerrillos, al que se puede acceder por la 43 desde Varvarco o por la 54 pasando Manzano Amargo y Pichi Neuquén. La ruta se mete en la cordillera de los Andes entre los puestos de los veranadores, sus chivas y sus caballos, avanza entre montañas y desemboca en las lagunas Varvarco Campos y Varvarco Tapia que tientan a los pescadores con sus truchas.



Lagunas de Epulauquen. Foto: Martín Muñoz.

Otra de los paseos recomendables es a las lagunas de Epulauquen en el Área Natural Protegida. Cada vez son más los locales y visitantes que se arriman para disfrutar del paisaje y llevarse una postal inolvidables a 38 km de Las Ovejas.



Los caballos de los crianceros al atardecer. Foto: Martín Muñoz.

Estos caballos que pastan en zonas donde los campesinos les reservan comida son una postal habitual en en el paraje Lileo ubicado en la ruta que une a El Cholar con Andacollo, en el ejido de Los Miches, acaso el menos conocido de los pueblos del norte neuquino, pero tan lindo como los otros. El arroyo Lileo baja de la Cordillera de Los Andes y regala espectaculares postales a su paso antes de desembocar en el río Neuquén.


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