Pescar, recolectar en el mar más azul de la Patagonia y cenar: una experiencia en Camarones
La propuesta de Carola Puracchio redefine la experiencia turística: pesca, recolección en el intermareal, cabalgatas y una cena con productos recién extraídos del mar que se cocina en vivo en el propio alojamiento.

En Camarones el turismo empezó a correrse del molde, ya no se trata solo de mirar el mar desde la vereda o sacar una foto al atardecer. Ahora el plan puede empezar con una caña en la mano, seguir entre algas y rocas, y terminar con una cocinera preparando en vivo lo que horas antes todavía estaba en el agua. La propuesta lleva la impronta de Carola Puracchio y convierte la estadía en una experiencia que se camina, se pesca y se cocina.
Carola es el corazón de Amar, un proyecto que todavía no tiene paredes definitivas pero sí identidad. Mientras termina de armar su local, su cocina es nómade. Se muda a donde estén los visitantes, puede ser una casa frente al mar, como Casa Camarones, o algún hospedaje en la zona de Islas Blancas. Allí, en la intimidad del alojamiento alquilado, ocurre el cierre del día. Pero el menú empieza a escribirse mucho antes y al aire libre.
La jornada arranca con la primera luz. Si el clima acompaña y hay lanchas disponibles, la pesca se hace mar adentro. Si el viento impone condiciones, la experiencia se adapta, costa, picnic playero y anzuelos clavados en la arena. No hay rigidez, hay lectura del entorno.

Después llega el intermareal. Caminar entre las rocas obliga a bajar el ritmo, a mirar de cerca. Los visitantes recolectan algas, aprenden a distinguir texturas, colores y aromas. Si el ecosistema lo permite y no hay alertas por marea roja, también se levantan mejillones y lapas. Todo bajo una regla clara, consumir de manera responsable, respetar los tiempos del mar y no llevarse más de lo necesario.
No solo en la cocina
Antes de que el sol caiga, la Patagonia vuelve a desplegarse a caballo. La cabalgata parte desde el pueblo, bordea el arroyo y asciende hasta un mirador natural. Desde allí, el horizonte es ancho y el viento trae olor a sal. Se espera el atardecer con mates y algo para picar. La escena no necesita más producción que el propio paisaje.
Mientras tanto, Carola adelanta preparaciones. Cuando el grupo regresa, la cocina se enciende en la casa que alquilaron. Entrar a ese espacio íntimo, abrir heladeras ajenas y transformar el living en restaurante es, según cuenta, una de las partes más divertidas. Algunos huéspedes se suman a amasar o limpiar pescado; otros prefieren observar. Para muchos es la fantasía cumplida de tener una cocinera en casa, pero con el mar todavía en la piel.

No hay carta fija. El menú depende de lo que el día regaló. Suele empezar con una entrada de mejillones, lapas y mariscos recién recolectados. Las algas, protagonistas silenciosas, aparecen en escabeches o integradas a pastas caseras rellenas de pescado fresco. Si la noche es templada, el fuego toma el centro y el pescado va a la parrilla. En invierno, la escena se traslada adentro y el calor viene de la plancha o de una olla humeante.
El proyecto también teje red. Amar articula con pescadores, guías, prestadores de cabalgatas y alojamientos, en una lógica colaborativa que busca mostrar a Camarones como un destino integrado y no como piezas aisladas. La cocina se convierte así en excusa para contar la historia del pueblo, sus construcciones antiguas y su vínculo con el mar.
Hoy la iniciativa está en etapa de ajuste, afinando logística y consolidando alianzas . Cuando el local propio esté terminado, la dinámica cambiará. Habrá un punto fijo. Pero esta etapa itinerante ya dejó una certeza, en la costa de Chubut el paisaje no solo se mira. Se camina, se recolecta y, al final del día, se sirve en un plato que todavía guarda el rumor del mar.

El secreto mejor guardado de la costa patagónica
Enclavado sobre la costa de Chubut, Camarones parece suspendido en otra velocidad. El azul profundo de sus aguas, sus calles anchas y prolijas y la distancia justa de los grandes centros urbanos le dan un aire de calma difícil de encontrar en otros destinos del sur. A 1.680 kilómetros de Buenos Aires y a poco más de 250 de Trelew y Comodoro Rivadavia, se accede desde la Ruta Nacional 3 por un desvío de 72 kilómetros por la ruta provincial 30.
La localidad es la puerta de entrada al Parque Interjurisdiccional Marino-Costero Patagonia Austral, donde se encuentra el Área Natural Protegida Cabo Dos Bahías. En ese escenario de caletas y playas diversas convive una colonia de pingüinos de Magallanes con lobos marinos, cormoranes, guanacos, ñandúes y zorros grises. Un territorio poco intervenido, ideal para el avistaje de fauna y los safaris fotográficos.

Para los amantes del mar, hay excursiones náuticas, buceo y pesca deportiva, con la posibilidad de embarcarse en busca de salmoneras. Cada febrero, además, el pueblo vibra con la Fiesta Nacional del Salmón, que reúne a pescadores de todo el país durante tres días y culmina con el tradicional Chupín del Pescador.
Entre las actividades también se suman el senderismo, el turismo rural, la gastronomía basada en frutos de mar y una visita al Museo de la Familia Perón.
Imperdibles son las navegaciones hacia Islas Blancas, Isla Leones y Caleta Hornos. Recorrer esas costas salvajes permite avistar ballenas jorobadas y sei, visitar colonias de lobos marinos y acercarse al mítico faro de Isla Leones, en el corazón de Patagonia Azul.

Contacto útil:
Municipalidad de Camarones – Secretaría de Turismo, Cultura y Medio Ambiente
Correo: infoturcamarones@gmail.com. Celular: +54 9 297 463 7326
También se puede solicitar información sobre navegaciones y excursiones en el portal Patagonia Azul vía WhatsApp al +54 9 280 458 9627.

En Camarones el turismo empezó a correrse del molde, ya no se trata solo de mirar el mar desde la vereda o sacar una foto al atardecer. Ahora el plan puede empezar con una caña en la mano, seguir entre algas y rocas, y terminar con una cocinera preparando en vivo lo que horas antes todavía estaba en el agua. La propuesta lleva la impronta de Carola Puracchio y convierte la estadía en una experiencia que se camina, se pesca y se cocina.
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