Vuelta de página

Un documento de la Iglesia sobre violencia y corrupción produjo un cortocircuito con el gobierno.

Redacción

Por Redacción

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El cruce entre la jerarquía de la Iglesia Católica y el gobierno a raíz de un “malinterpretado” documento de la Conferencia Episcopal sobre la responsabilidad por el grado de violencia y corrupción en la sociedad, se diluyó rápido por la intervención del papa Francisco. De no haber mediado las aclaraciones –rectificaciones– del rector de la Pontificia UCA, Víctor Manuel Fernández y “la vuelta de página” dada felizmente por la presidente Cristina Fernández y una delegación de obispos encabezada por José María Arancedo, el cortocircuito hubiese agravado el clima de exasperación, en vísperas del Tedeum del 25 de mayo, que se celebrará en la Catedral metropolitana con la presencia de la primer mandataria. La realidad cotidiana se vive como un River-Boca, sentenció el ex fiscal Luis Moreno Ocampo, asombrado por la destemplada manera que aplican los argentinos para resolver sus problemas. El quite de colaboración en el ferrocarril Sarmiento por parte de trabajadores que responden al blondo dirigente Rubén “Pollo” Sobrero, que dejó a la buena de Dios a miles de usuarios, es sólo un botón de muestra del salvajismo de las protestas. Unos 100 religiosos debatieron sobre “la enfermedad de la violencia” que se observa en las calles, hogares y establecimientos, particularmente colegios. Uno de ellos, se apresuró a entregar un borrador a un “diario opositor” que presentó el tema, en su edición electrónica, como un nuevo capítulo del enfrentamiento de medios críticos de la administración K. Algo que había sido usual durante la gestión del entonces cardenal primado Jorge Bergoglio y que quedó en el pasado luego de que este fuera consagrado jefe del Vaticano. Desde un sitial en el que debe predicar para toda la humanidad, Francisco se reservó un corredor para instruir a sus díscolos fieles del “fin del mundo” que “cuiden a Cristina” para lograr una transferencia ordenada del poder en 2015. En el acto de recordación del sacerdote Carlos Mugica, asesinado hace 40 años por la “triple A”, la presidenta, resguardando la figura del Sumo Pontífice, denunció que el texto en cuestión era a su criterio funcional “a los que quieren reeditar” viejas peleas, como los bombardeos del 55 o el drama de los 70, que se resolvía a los tiros, primero y luego con el golpe militar de 1976 que condujo a la desaparición forzada de miles de personas. Fue el rector Fernández, íntimo de Francisco, quien apaciguó los espíritus y precisó que el mensaje consensuado sin disidencias por la jerarquía es “un llamado a cada uno a sanar sus propias violencias”. Reprochó a todos y todas no haber sabido leer el texto y caer sin pensar en el consabido juego de la confrontación. En declaraciones radiales, Víctor Fernández no solo sentó las bases de la buena convivencia, sino que puso en blanco y negro la postura de la Iglesia: Dijo que hay falencias en sectores supuestamente mejor informados que terminan opinando en base a datos parciales, falsos o no chequeados. Aseguró que no hubo nunca ninguna intención de chocar con el gobierno y manifestó su preocupación por los “linchamientos” y las formas permanentes de violencia producto del individualismo postmoderno. “No estamos en los 70, ni en las guerras mundiales, ni en las frías, pero hay una violencia instalada en capas profundas de la sociedad” No exculpó a la Iglesia, por su cometido educativo. “No hay que buscar siempre la culpa afuera… porque a la larga eso impide la resolución de los grandes problemas como la pobreza”. Disparó contra “las interpretaciones torcidas” y llamó a enseñar para hacer lecturas correctas, esto es, sin aceptar que las conclusiones sean condicionadas. Sostuvo que el periodismo es una función noble, pero que se ve afectado por intereses económicos “u otras razones”

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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