…y no comieron perdices
No todos eran felices y comían perdices en los cuentos tradicionales. El final alegre y festivo apareció en los relatos para niños recién en el siglo XIX. Y esto tiene que ver con el devenir de lo que actualmente se conoce como “cuentos de hadas” o “cuentos infantiles”, que nacieron como relatos tradicionales o folclóricos y fueron evolucionando con los cambios sociales. Desde la aparición del fuego los hombres se reunieron a su alrededor y compartieron sus historias, las que fueron transmitiéndose de manera oral de generación en generación. Algunos fechan los primeros relatos conocidos, estructurados como tales, cuatro mil años atrás. Al ser de transmisión oral estas narraciones iban modificándose con el paso del tiempo. Sus historias servían para entretener y también para transmitir reglas de conducta y lecciones morales. Estaban destinadas tanto a los adultos como a los niños, por lo que durante siglos no fueron los “cuentos infantiles” que hoy conocemos. La literatura infantil nació cuando comenzaron a recopilarse los relatos de forma escrita alrededor del siglo XVI. Las primeras versiones de los cuentos eran en muchos casos violentas y con cierto componente sexual. No era extraño que los chicos accedieran a ellas ya que los niños eran considerados como adultos pequeños. Guerras, trabajo duro y casamientos a muy temprana edad eran parte de su mundo, por eso no sorprende que las narraciones que se popularizaron en la Edad Media tuvieran entre sus protagonistas a tantos huérfanos y madrastras. El concepto de infancia similar al que conocemos hoy recién comienza a aparecer a principios del siglo XIX, y allí es cuando muchos relatos empiezan a adaptarse. Algunos fueron censurados hasta tener la forma actual y los finales felices se convirtieron en lo habitual. Grandes compiladores de los “cuentos de hadas” fueron tanto Charles Perrault (1628-1703) como los hermanos Jacob Grimm (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859), quienes tomaron algunas de las narraciones del francés. Perrault suavizó un poco sus cuentos que estaban basados en asesinos seriales (“Barbazul” o “Barba Azul”), castigos feroces, canibalismo e infanticidio. Si vamos a las primera ediciones, en la historia original “Caperucita Roja” no bailaba con su abuelita y el cazador salvador, sino que la jovencita engañada por el lobo comía trozos de la carne de su abuelita y bebía su sangre. Perrault obvió esto, pero no quitó las connotaciones sexuales. En su versión el cazador no aparece sino que, ambas abuelita y Caperucita, son la cena del lobo malo. El incesto aparece en “Piel de asno” donde el rey, para cumplir la voluntad de su esposa muerta de que no se case con una mujer que no sea más bella que ella, decide contraer matrimonio con su propia hija. “Pulgarcito” también tenía su toque cruel cuando el ogro degüella a sus siete hijas. La “Cenicienta” en la primera versión de los Grimm no era ninguna doncella angelical ya que consigue asesinar a su primera madrastra para que su padre se case con su ama de llaves, lo que no fue muy beneficioso para ella. Las hermanastras en este cuento tampoco la pasaban tan bien ya que para intentar ponerse la zapatilla de oro ellas se cortaron los dedos de los pies y los talones. En “La Bella Durmiente del bosque”, con una primera versión de Giambattista Basile, todo es más que truculento. La princesa no despierta con el soñador beso del príncipe, sino con la succión de uno de sus dedos que uno de los gemelos que había dado a luz producto de una violación confundió con su pecho para alimentarse. El príncipe de este cuento de 1636 no era ningún santo ya que estaba casado. Él lleva a la bella dama que despierta del hechizo y sus hijos al palacio con su esposa, la que intenta comerlos. Finalmente la Bella Durmiente se casa con su violador. Perrault obvió esto datos pero incluyó a la madre del príncipe intentando comerse a su nieta Aurora, su nieto Día y a su nuera con salsa Robert. “Blancanieves” tampoco fue piadosa y la envidiosa Reina Malvada fue castigada a bailar con unas zapatillas de hierro al rojo vivo hasta morir. Estas historias que no sorprendían en el Medioevo comenzaron a sentirse truculentas en el siglo XIX y de eso tomaron nota los hermanos Grimm. Los filólogos alemanes –autores también del “Diccionario alemán”, las “Leyendas alemanas”, la “Gramática alemana” y la “Mitología alemana”– editaron los dos tomos de “Cuentos para la infancia y el hogar” que entre sus 210 relatos incluían “Blancanieves”, “La Cenicienta”, “Hansel y Gretel”, “La Bella Durmiente” y “La fuente de las hadas”, en 1812 y 1815, versiones que fueron ampliadas posteriormente. En las sucesivas ediciones, hasta la última de 1857, los hermanos fueron suavizando las historias originales en la medida que se hacían más populares entre los niños. Es que mediados del siglo XIX ya muchas de éstas se consideraban crueles y perturbadoras, cambio tras cambio fueron aumentado tanto su aceptación y como sus ventas. También fueron alteradas por cuestiones políticas. Los Grimm deseaban que la suya fuera una recopilación patriótica y netamente alemana, por lo que en sus últimas ediciones fueron eliminados los cuentos de origen francés, como “El gato con botas” o “Barba Azul”, ya que ellos se oponían a la invasión de los ejércitos napoleónicos de Alemania. Los “Cuentos para la infancia y el hogar”, propiedad de la biblioteca de la Universidad de Kassel fueron, incluidos en el Programa Memoria del Mundo de la Unesco en el 2005.
Silvina Fernández sfernandez@rionegro.com.ar