“Zona liberada para boliches privados”
En barrio La Casona, ubicado en Ruta 22 y Ruta 6, hay domicilios particulares que funcionan como “boliches encubiertos” pero sin estar habilitados ni cumplir con las mínimas exigencias para estos casos. Es decir: todo lo que no se puede hacer en el casco céntrico de General Roca sí es posible en la zona residencial, porque se constituyen “zonas liberadas” donde muy pocas veces los inspectores se acercan a comprobar las denuncias realizadas. Este tipo de situaciones son frecuentes durante todo el año pero se dan con mayor continuidad entre enero y febrero, cuando hasta medio centenar de personas se congrega hasta las siete u ocho de la mañana impidiendo el descanso al resto de los vecinos. Por las características del barrio, donde la mitad reside y la otra mitad no, los no residentes acostumbran a realizar reuniones que involucran incluso bandas musicales con equipos de sonido que se escuchan en todo el barrio, teniendo en cuenta que no existen paredones y por lo tanto barreras que impidan la propagación del sonido. No hace falta equipo técnico especializado para medir los decibeles, si uno no puede escuchar lo que le dice una persona que habla en un volumen normal estando a dos metros y dentro de su propio domicilio. Pero lo llamativo es la actitud de los funcionarios municipales, pues cuando se llama al teléfono del municipio para denunciar la situación argumentan que “no pueden ir porque están controlando los boliches del centro de la ciudad” o, peor aún, que posiblemente las “fiestas particulares están autorizadas”. La ignorancia de estos agentes es sobre el Plan Director de Roca, donde se estipula claramente que no se pueden emitir sonidos que sobrepasen los 20 dBA durante el horario nocturno. La normativa también aclara que estar expuestos a esos ruidos molestos provoca en el ser humano, entre otros efectos, “alteraciones del sistema digestivo, en el ritmo cardíaco, alteraciones de la conducta (agresividad, irritabilidad), tensión… y en el caso de los niños expuestos se ha observado aislamiento, poca sociabilidad y retraso en el aprendizaje. El fenómeno de las chacras loteadas devenidas en barrios residenciales escapa muchas veces a la fiscalización municipal que se concentra en la zona céntrica. Aunque la responsabilidad mayor recae sobre los propietarios: sólo las utilizan algunos meses al año y, con tal de sacarse a sus hijos adolescentes de encima, les permiten realizar fiestas que se salen de control. En tanto, los vecinos que sí residen en el barrio deben soportar la música, los gritos y las picadas de autos durante las madrugadas de los días de semana y fines de semana. La necesidad de hacer pública esta problemática surge a raíz de la falta de conocimiento de algunos y de la irresponsabilidad de otros, quienes a pesar de escuchar los argumentos de los que somos afectados por esta situación persisten en una actitud de ceguera y egoísmo. En una sociedad siempre es deseable la convivencia en el marco del respeto de los derechos de los ciudadanos, pero lo deseable está muy lejos de alcanzarse en algunos barrios de General Roca. Marcelo Miranda DNI 20.934.397 Roca
Marcelo Miranda DNI 20.934.397 Roca
En barrio La Casona, ubicado en Ruta 22 y Ruta 6, hay domicilios particulares que funcionan como “boliches encubiertos” pero sin estar habilitados ni cumplir con las mínimas exigencias para estos casos. Es decir: todo lo que no se puede hacer en el casco céntrico de General Roca sí es posible en la zona residencial, porque se constituyen “zonas liberadas” donde muy pocas veces los inspectores se acercan a comprobar las denuncias realizadas. Este tipo de situaciones son frecuentes durante todo el año pero se dan con mayor continuidad entre enero y febrero, cuando hasta medio centenar de personas se congrega hasta las siete u ocho de la mañana impidiendo el descanso al resto de los vecinos. Por las características del barrio, donde la mitad reside y la otra mitad no, los no residentes acostumbran a realizar reuniones que involucran incluso bandas musicales con equipos de sonido que se escuchan en todo el barrio, teniendo en cuenta que no existen paredones y por lo tanto barreras que impidan la propagación del sonido. No hace falta equipo técnico especializado para medir los decibeles, si uno no puede escuchar lo que le dice una persona que habla en un volumen normal estando a dos metros y dentro de su propio domicilio. Pero lo llamativo es la actitud de los funcionarios municipales, pues cuando se llama al teléfono del municipio para denunciar la situación argumentan que “no pueden ir porque están controlando los boliches del centro de la ciudad” o, peor aún, que posiblemente las “fiestas particulares están autorizadas”. La ignorancia de estos agentes es sobre el Plan Director de Roca, donde se estipula claramente que no se pueden emitir sonidos que sobrepasen los 20 dBA durante el horario nocturno. La normativa también aclara que estar expuestos a esos ruidos molestos provoca en el ser humano, entre otros efectos, “alteraciones del sistema digestivo, en el ritmo cardíaco, alteraciones de la conducta (agresividad, irritabilidad), tensión… y en el caso de los niños expuestos se ha observado aislamiento, poca sociabilidad y retraso en el aprendizaje. El fenómeno de las chacras loteadas devenidas en barrios residenciales escapa muchas veces a la fiscalización municipal que se concentra en la zona céntrica. Aunque la responsabilidad mayor recae sobre los propietarios: sólo las utilizan algunos meses al año y, con tal de sacarse a sus hijos adolescentes de encima, les permiten realizar fiestas que se salen de control. En tanto, los vecinos que sí residen en el barrio deben soportar la música, los gritos y las picadas de autos durante las madrugadas de los días de semana y fines de semana. La necesidad de hacer pública esta problemática surge a raíz de la falta de conocimiento de algunos y de la irresponsabilidad de otros, quienes a pesar de escuchar los argumentos de los que somos afectados por esta situación persisten en una actitud de ceguera y egoísmo. En una sociedad siempre es deseable la convivencia en el marco del respeto de los derechos de los ciudadanos, pero lo deseable está muy lejos de alcanzarse en algunos barrios de General Roca. Marcelo Miranda DNI 20.934.397 Roca
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