Discreto pero relevante cambio de poder en Arabia Saudita

14 nov 2017 - 00:00
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Una imagen que cómo se reparte el poder en Arabia Saudita se pudo ver con claridad la noche del jueves: en la visita sorpresa que hizo el presidente de Francia, Emmanuel Macron, no lo recibió a su llegada a Riad el jueves por la noche el rey Salman, sino un joven de 32 años, alto, con barba y de mirada enérgica: el príncipe heredero Mohamed bin Salman le dio a su invitado un apretón de manos de más de diez segundos y sonrió.

Desde hace tiempo en Arabia Saudita es un secreto a voces que el rey no es el “hombre fuerte” del país, sino su ambicioso hijo. Mohamed bin Salman, al que suelen llamar por sus siglas MbS, no tiene la intención de cambiar la relación de poder sólo en el reino ultraconservador, sino en todo Medio Oriente. Ha pasado a la ofensiva desafiando al rival de su reino sunita, la vecina chiita Irán, y ahí está jugando con fuego.

En ese contexto conviene analizar tres elementos estrechamente entrelazados y que han generado titulares: la detención de decenas de príncipes y exmiembros del gobierno y funcionarios de alto rango en Arabia Saudita, el ataque de un misil lanzado desde Yemen a Riad y la renuncia que hizo el jefe de Gobierno de Líbano Saad Hariri a su cargo desde Arabia Saudita, un país con el que mantiene una estrecha relación.

Desde la llegada de su padre hace tres años al poder, MbS ha vivido un ascenso rampante. Como ministro de Defensa está al frente del Ejército. A su vez es el responsable del plan Vision 2030, un programa gigantesco con el que se pretende reformar la economía del reino para que reduzca su dependencia del petróleo. Y hace unos meses su padre le nombró heredero.

Pero al parecer MbS no cree que su poder esté lo suficientemente arraigado. El gobierno saudí ordenó detener el pasado fin de semana a más de 200 personas bajo sospecha de corrupción, en una oleada de detenciones sin precedentes.

Entre los afectados figura el príncipe Mutaib bin Abdullah, que como jefe de la Guardia Nacional tenía una posición que podía rivalizar con la de MbS. El príncipe heredero usó la lucha contra la corrupción para dejar fuera de juego a potenciales rivales de la familia real, dijo la experta en la zona Jane Kinninmont, del centro de estudios Chatham House.

A su vez, MbS intenta hacerse un nombre como modernizador en un país cuyas costumbres están marcadas por un islam conservador. Hizo recortar el poder de la Policía de la moral y además las mujeres podrán el año que viene conducir coches, algo hasta ahora prohibido.

Pero no hay que esperar del príncipe una democracia o un liberalismo tal como se entiende en Occidente. “Es una modernización del autoritarismo”, precisó la experta Kinninmont. “Probablemente tenga más interés en líderes como los de Rusia y China que en los de Europa”, agregó.

Con Mohamed bin Salman, Arabia Saudita endureció sobre todo el tono con Irán. No ha dejado de señalar al país vecino como el responsable de la inestabilidad en la región. A raíz de la gran minoría chiita en el este de Arabia Saudita, la cúpula en Riad teme que la política de Teherán pueda poner a su reino en peligro y con ello la monarquía gobernante.

Los saudíes consideran que su temor está justificado con la fuerte influencia de Irán sobre las milicias en Siria e Irak . Allí surgió un eje chiita que va desde Irán a Líbano, pasando por Siria e Irak. En Yemen, en el sur de la península arábiga, el conflicto fratricida que allí se libra es en realidad una guerra entre ambas potencias regionales. Irán apoya a los hutíes chiitas, que atacaron grandes zonas del país. Arabia Saudita interviene en el conflicto desde hace más de dos años y bombardea posiciones de los insurgentes como líder de una coalición internacional. Los ataques han contribuido a destruir en gran medida las infraestructuras del país, uno de los más pobres del mundo. Millones de personas sufren las consecuencias.

Después de que los hutíes lanzaran hace poco un misil contra Riad, que fue interceptado, Mohamed bin Salman adoptó un tono bélico con Irán. Y en esto puede estar seguro que cuenta con el apoyo de Donald Trump, que al igual que los saudíes considera a Irán un peligro.

El conflicto en Arabia Saudita e Irán podría volver a escalar en otro país: el pequeño Líbano a orillas del Mediterráneo, un país con varias religiones y un frágil equilibrio político entre los diferentes grupos.

El primer ministro libanés, Saad Hariri, anunció desde Riad su renuncia el pasado fin de semana. Algunos lo ven como una marioneta de Riad. Durante su discurso atacó a la milicia chiita Hizbolá, muy influyente en Líbano, y a su patrocinador, Irán.

¿Desafiará ahora Arabia Saudita a su archienemigo en Líbano? ¿Se avecina un ataque a Hizbulá y una nueva guerra civil? Arabia Saudita instó a sus ciudadanos a abandonar el pequeño país mediterráneo, lo que generó una gran preocupación entre los libaneses.

No hay que esperar del príncipe una democracia o un liberalismo tal como se entiende en Occidente. “Es una modernización del autoritarismo”, aseguran expertos.

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