Italia frente a la inmigración

03 ene 2018 - 00:00
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El 2017 fue el año de un giro “histórico” en materia de inmigración para Italia, que pasó de recibir a cada vez más personas en los primeros meses a una inmigración más controlada, a raíz de controvertidos acuerdos con Libia.

El jefe del gobierno italiano, Paolo Gentiloni, habló esta semana de un “año clave” en el “proceso histórico de transición desde una inmigración descontrolada y gestionada por criminales a una inmigración controlada, legal y segura”.

Entre enero y junio, Italia registró un aumento de cerca del 20% de las llegadas de migrantes a sus costas, que superaron entonces el número de 600.000 desde el 2014; mientras se disparaban las demandas de asilo en su suelo debido al bloqueo de las fronteras francesa, suiza y austriaca al norte de la península.

Sólo en los tres últimos días de junio, el país recibió a 10.400 personas, mientras sus socios europeos, a los que pedía una y otra vez ayuda, se negaban a acoger un solo barco de migrantes rescatados frente a Libia.

A menos de un año de las elecciones legislativas y con la derecha y los populistas del Movimiento 5 Estrellas que convertían la inmigración en uno de sus temas favoritos, el ministro del Interior, Marco Minniti, se asustó. “Afrontar y gestionar los flujos migratorios es crucial” para mantener el tejido social y la democracia, asegura ahora este excomunista que pasó por los servicios secretos.

El desafío es importante ya que, a pesar de los esfuerzos del gobierno por privilegiar las pequeñas estructuras de acogida, más favorables para la integración, decenas de miles de demandantes de asilo se aburren profundamente en grandes centros, alimentando así un recelo mutuo con los habitantes de los alrededores.

La situación cambió sin embargo radicalmente en julio. Las llegadas de migrantes desde Libia cayeron repentinamente y esa nueva tendencia se ha mantenido, hasta el punto de que en los últimos seis meses del año se redujeron un 70% respecto al mismo periodo del 2016.

La guardia costera libia, a la que Italia empezó a formar y equipar a finales del 2016, incrementó sus controles, ayudada desde agosto por barcos militares italianos. En paralelo, Italia multiplicó en su excolonia los acuerdos con las autoridades locales, las tribus y las milicias para limitar las salidas.

Pero el hecho de que algunos migrantes se tiren al agua para evitar regresar al caos libio, los relatos de la violencia que sufren a manos de los traficantes y las imágenes de mercados de esclavos en Libia han mostrado el calvario que viven desde hace años.

Entre las numerosas voces que criticaron la nueva política migratoria, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, calificó en noviembre de “inhumana” la cooperación entre la Unión Europea, con Italia al frente, y Libia. Pero Italia ha seguido aprovechando sus contactos en Libia para avanzar en otro apartado de su política: la gestión de los migrantes en suelo libio, en colaboración con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), con un programa de devolución de migrantes económicos y de traslado de los más frágiles.

Respecto a los migrantes económicos, las devoluciones pasaron de 1.200 en el 2016 a más de 19.000 en el 2017. Y en cuanto a la segunda categoría, el 22 de diciembre, Italia fue el primer país en acoger a un grupo de 162 refugiados etíopes, somalíes y yemeníes llegados en avión directamente desde Libia.

El país aprovechó para ello la experiencia de los corredores humanitarios establecidos desde el 2016 por comunidades religiosas que acogieron así a cientos de sirios. Según el ministro Minniti, hasta 10.000 refugiados podrían beneficiarse de esos corredores humanitarios en el 2018, a condición de que puedan ser repartidos entre los demás socios europeos. “Hay una vía seria que podemos tomar. No para fingir que el problema no existe, sino para gestionarlo de manera humana y segura para nuestros conciudadanos”, insistió Gentiloni.

La travesía del Mediterráneo sigue siendo mortal para muchos. Según la OIM, al menos 2.833 personas murieron o desaparecieron frente a las costas de Libia en el 2017, frente a las 4.581 del 2016.

*AFP

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