El fin de ciclo, según Maristella Svampa

En su último libro, la filósofa y ensayista analiza el desempeño

de los gobiernos progresitas latinoamericanos de la última década y media y el reciente giro conservador en la región.

16 jul 2017 - 22:59
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En “Del cambio de época al fin de ciclo”, la filósofa y ensayista Maristella Svampa analiza los déficits y aciertos de los gobiernos progresistas que se iniciaron en Latinoamérica hace más de una década para contrarrestar las secuelas del neoliberalismo y alentaron políticas como la ampliación de derechos sociales y el crecimiento del rol del Estado, hoy acechadas por el giro conservador que domina la región.

Durante 2003 y 2006, mientras en Europa y los Estados Unidos se expandía el malestar provocado por el rebrote xenófobico y las desigualdades sociales, la expectativa política estuvo depositada en las fuerzas progresistas que gobernaron el continente impulsadas por el boom del precio de commodities como la soja y los minerales, que permitió aumentar el gasto social y facilitó los intercambios regionales.

Con el correr de la década, el capital político de estas gestiones se fue escurriendo a medida que se esmerilaban sus conquistas: el modelo extractivista -centrado en la explotación minera y la ampliación de la matriz petrolera- cosechó objeciones por sus amenazas al medio ambiente, el crecimiento económico se desaceleró o se interrumpió, afloró la corrupción y, finalmente, el personalismo de algunos líderes marcó un viraje hacia el populismo.

“Hubo un agotamiento político del progresismo, lógico después de tantos años de hegemonía, un cansancio en relación a la narrativa tan polarizante y sobreactuada en lo social, lo político y lo económico, que generó heridas profundas en nuestras sociedades, que están lejos de cerrar -destaca Svampa a Télam-. Y con el arribo de gobiernos de derecha, la polarización no cedió”.

P- ¿Estamos en la Argentina ante una nueva versión del neoliberalismo?

R- Se podría decir que no hay una vuelta lineal al neoliberalismo noventista, pero sí un aggiornamento, en el cual se mezclan políticas clásicas de ajuste, de transferencia directa de ingresos a los sectores más concentrados, con tópicos propios de un conservadurismo social y territorial, orientado hacia los más excluidos, como el aumento de la asignación universal por hijo o de los planes sociales hacia las organizaciones piqueteras . Por otro lado, los niveles de conflictividad son muy altos y no hay visos de que vaya a instalarse un consenso neoliberal como en los 90. Existen amplios sectores subalternos que reaccionan frente a estas políticas reafirmando un determinado lenguaje de derechos, que está muy ligado al nuevo ciclo de movilización social que se abre en 2001-2002 y se reconfigura luego durante el kirchnerismo. En ese sentido, la sociedad no es la misma que la de los 90.

P- ¿Por qué en algunos de los gobiernos de sesgo progresista que coincidieron en Latinoamérica se extinguió la pretensión transversal o de integración de minorías?

R- Los populismos son fenómenos políticos complejos y contradictorios: por un lado, abren a una política de inclusión y de derechos de los sectores excluidos; por otro lado, establecen fronteras maniqueas y pretenden ser el único representante de la voluntad popular. En todo caso, los populismos fueron expulsando aquellas otras narrativas de corte emancipatorio que los incomodaban. Otro rasgo común es su carácter contradictorio, porque aunque desarrollen una retórica de guerra, terminan negociando con el gran capital. El consenso populista, incluso en la versión transformista que encarnó Lula en Brasil, buscaba incluir a los sectores bajos y medios mediante el consumo, al tiempo que satisfacía los intereses de las grandes corporaciones empresariales.

P- El extractivismo ha sido una característica de estos gobiernos latinoamericanos ¿Cómo se reconfiguró el panorama ahora que los commodities no generan la misma rentabilidad y ventajas?

R- Que los precios de los commodities hayan bajado no quiere decir que hayamos salido del mentado Consenso de los Commodities. Todos los países latinoamericanos han multiplicado los proyectos extractivos, para cubrir el déficit comercial, ampliando la frontera hidrocarburífera, minera y de agronegocios. Eso ha traído mayor dependencia con respecto a China, con quien han venido consolidando una relación de intercambio cada vez más asimétrica. A más extractivismo, menos democracia.

P- Usted sostiene que donde irrumpen actividades extractivas, caracterizadas por la masculinización de los territorios, se intensifican las desigualdades de género ¿Cómo se explica que cuanto más visibilidad tienen los reclamos para mejorar la situación de las mujeres más recrudece la opresión sexista y los obstáculos para decidir sobre el cuerpo?

R- Creo que el aumento de la violencia de género, con extremos de crueldad demenciales, está ligado al cuestionamiento cada vez mayor del patriarcado, y por ende, a la reconfiguración acelerada que las relaciones de género experimentaron en las últimas décadas. Cuanto mayor afirmación de autonomía de parte de la mujer, en un escenario de crisis y hundimiento del modelo tradicional de construcción de la masculinidad, mayor es la violencia de género. En el movimiento de “Ni una menos” encontramos muchas mujeres jóvenes, que piensan las relaciones de género desde un lugar diferente al de la sociedad tradicional, desde la igualdad y la heteronormatividad. Pero los obstáculos en temas como el aborto hablan del peso que las diferentes Iglesias tienen en América Latina y la poca voluntad política que ha habido de parte de los gobiernos progresistas. En la región hubo varias presidentas mujeres, pero eso no se tradujo en una discusión por el tema del aborto.

P- La relación entre el progresismo latinoamericano y las cuestiones ambientales también ha sido problemática ¿En el caso de la Argentina la política condescendiente hacia el accionar de multinacionales como la Barrick Gold o Monsanto se explica por la reactivación económica que supusieron sus actividades en el país?

R- Muchas izquierdas latinoamericanos continúan leyendo el conflicto social desde la contradicción capital-trabajo, dejando de lado las contradicciones entre capital y naturaleza, que impulsa el capitalismo actual, el cual avanza sobre los territorios exigiendo más materias primas y energía. No están viendo que las luchas anticapitalistas del siglo XXI están ahí, en la resistencia al despojo de los territorios, en la defensa básica de la vida y su reproducción. Las izquierdas han tenido una visión del desarrollo ligada al productivismo y a la visión “eldoradista” que atraviesa la historia colonial de América Latina. Por esta visión mágica del desarrollo, la Argentina sigue pensando, por ejemplo, que puede devenir la Arabia Saudita del Sur explotando el gas no convencional y rechaza cualquier tipo de cuestionamiento socio-ambiental. En la defensa del extractivismo, aún con sus matices, uno puede encontrar hermanados a Cristina Kirchner y a Mauricio Macri.

“Las luchas anticapitalistas del siglo XXI están en la defensa básica de la vida y su reprodución”,
remarca la ensayista nacida en Allen.
“En la defensa del extractivismo, aún con sus matices, uno puede encontrar hermanados a Cristina Kirchner y a Mauricio Macri”,
“El muro” (2013).
Novela ambientada en una Bariloche futurista.
“¿Dónde están enterrados nuestros muertos?” (2012). Novela
“Conversaciones con Floreal Ferrara”.
(2010)
“Cambio de época. Movimientos sociales y poder político” (2008).
“Los reinos perdidos” (2005),
Novela.
“La sociedad excluyente. La Argentina bajo el signo del neoliberalismo” (2005).
“La brecha urbana. Countries y barrios privados en Argentina”
“Los que ganaron. La vida en los countries y barrios privados” (2001).
“El dilema argentino: civilización o barbarie” (1994, ampliado en 2006).
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