Fabrizio Danei, una batuta para el rock

El director de orquesta estará al frente de la Sinfónica de la Provincia de Río Negro para contar el sábado “La historia del rock argentino (parte 1)” en el Espacio Cultural de Fundación Cultural Patagonia.

01 dic 2016 - 00:00
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Fabrizio Danei dirige las orquestas Sinfónica de la Provincia de Río Negro, Académica y Camerata de Cuerdas de Fundación Cultural Patagonia (FCP). Con la primera de ellas, el Grupo de Rock de FCP y cantantes invitados, el próximo sábado a las 21 presentarán “La historia del rock argentino (Parte 1)”, en el Espacio Cultural de la Fundación, San Luis 2085, Roca.

P- ¿Qué es ser director de orquesta?

R- A Riccardo Muti, gran director italiano a quien vi en Munich y fue muy revelador para mí cómo trabaja, le escuché contar que se encontró con una persona que le preguntó cuánto cobraba por un concierto. ¿Diez mil euros? Sí, gano eso. El otro quedo asombrado. ¿Pero yo puedo dirigir? Usted puede hacerlo y Muti le hace marcar el tempo de una obra determinada, usted haga así, así... Listo. Desde el primer compás hasta el último y siga, aunque no sepa nada. Después dese vuelta, salude y vaya a cobrar. Esto es lo que todo el mundo ve. Y empieza a explicarle: cuando haya algún problemita en la orquesta debe dejar de dirigir y solucionarlo. Por los fortes y los pianos no se preocupe, eso es sencillo. Ahora también tiene que hablar con las autoridades del teatro, hay que... Y le enumera una lista enorme de roles a cumplir. Lo que Muti quiso decir es que van mucho más allá del acto de dirigir, que también es importante porque los músicos lo perciben de una manera especial. Yo creo que la labor del director trasciende de modo muy amplio a la marcación del tempo. Si todas las veces que estuve frente a una orquesta, me hubiera transformado en solo un marcador, directamente no seguiría dirigiendo porque mi trabajo no tendría sentido alguno. Es más, un buen músico de orquesta con un buen sentido del tiempo, no necesita que alguien se lo esté indicando siempre.

P- Conoce la partitura y lo lleva interiormente.

R- A eso me refiero. Entonces, hay una cuestión mucho más profunda ya desde el acto mismo de ubicarse en el podio. Y más allá de lo que debió hacer antes para poder llevar adelante una obra. Un director, desde el momento que programa un repertorio, tiene que considerar un montón de factores antes de proponerla para que la toque la orquesta. Ya ahí está dirigiendo. ¿Por qué selecciona una obra y por qué no otra? En el momento de pararse ante los músicos, tiene que saber cómo quiere hacerla, lo que significa todo su estudio previo y conciencia y un modo de ejecutarla. Ahora, el tercer paso es cómo transmitirlo a la orquesta y que me responda.

P- La gestualidad...

R- Y la forma de hablar, de llevar el ensayo, la cocina, cómo comunico lo que tengo en la cabeza. Yo juego continuamente con metáforas o frases o historias. Por ejemplo, hace muy poquitito (en setiembre) hice con la Orquesta Sinfónica de la Provincia de Río Negro y el Coro de Fundación Cultural Patagonia, unas obras de Johannes Brahms, “Canción fúnebre” y “Canción del destino” (en el Auditorio Ciudad de las Artes) que tuvieron un sentido muy fuerte para el autor. Y las pude unir porque representaban dos muertes muy importantes en su vida, que lo afectaron mucho, la de su madre y la de su gran amigo Robert Schumann. Muchas veces las cuestiones extra musicales influyen de manera muy positiva tanto en el músico como en el público. Se pueden tener los recursos, como director, para que tal pasaje salga, trabajarlo de distintas formas, pero en el arte no hay que explicar tanto y basta con una metáfora, una sugerencia.

P- Una imagen.

R- Claro, cambia la comprensión y técnicamente sale. Los músicos y los de orquesta, en particular, tal vez se ponen muy mecánicos en algún momento y no fluyen. Y esa imagen que vos estás sugiriendo, logra que el pasaje salga, toca fibras íntimas y ya es suficiente con eso.

P- El trabajo que vas a dirigir en días más, tiene a favor un sinfín de hilos lanzados desde la historia reciente... Muchos temas del concierto están instalados en la memoria popular.

R- Si bien los ensayos empezaron hace poco porque estábamos en otros proyectos, contamos con unos arreglos excelentes de Gerardo Gardelín que no se limitan a acompañar un grupo, a que la orquesta haga cuatro notas, sino que tiene una participación enorme y toda la energía sinfónica. Una obra de Ludwig van Beethoven de por sí sale así por cómo está concebida.

Cuando no sucede de origen, por ejemplo en “Rasguña las piedras” escrita para piano, guitarra y dos voces, hay que tener mucha habilidad para orquestarla y que no pierda su esencia. Y, a la vez, que la orquesta no deje de ser sinfónica ni se transforme en acompañante nada más.

Gardelín le encontró la vuelta y empezando por ahí, está el mayor éxito.

Son 20 años de rock que vamos alternando entre la orquesta y el grupo de la FCP. Es una apuesta diferente porque dentro de la programación de la Sinfónica, trato de que sea lo más variada posible en cuanto a las obras y a los invitados que tenemos. Cuando la armo soy bien abierto y busco variedad.

P- ¿Para un director, dónde está el placer en ese mundo de conexiones, de relaciones con la orquesta, las obras, los solistas, el coro, con los sonidos y las emociones que generan?

R- De entrada, sin pasión, sin placer por la música y lo que pienso transmitir, es muy difícil hacerlo. Son cosas para las cuales no tengo demasiada explicación. Me apasionan, me apasionaron desde chico y con ese sentimiento trato de comunicarlas. Siempre le digo a mis alumnos del piano: uno se va formando, pasan y pasan los años, se va poniendo más detallista, inclusive en los conciertos. Cuando un instrumentista toma cualquier partitura y toca sin conocerla, en ese momento, se genera algo irrepetible: el placer que produce el desconocimiento, el descubrimiento, que se debe recuperar y mantener en lo sucesivo, cada vez que tocan. Es dificultoso, sí claro, porque la cabeza se llena de información que puede ser perjudicial para las emociones. A eso primigenio hay que apuntar cuando tocamos. Recuerdo obras, incluso conciertos, y quiero recuperar lo que sentí en ellos porque sé que fui yo en esa ejecución. Suelo conseguirlo, a veces no, y en esa búsqueda va pasando el tiempo y ahí está lo divertido. El placer reside en no perder eso jamás.

P- La luz original del descubrimiento.

R- Sí, por supuesto. En nuestra actividad se ve cotidianamente o por lo menos, sería ideal sentirlo, pero en cualquier profesión se necesita esa chispa, esa primera e irrepetible sensación de descubrir. Yo la busco. Programo también para ello, porque me es muy difícil elegir algo que no siento.

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