Este es el increíble Hans: de Sudáfrica a Mainqué

Radiografía de uno de los enólogos mas prestigiosos del país con 47 años y 50 cosechas encima. Su paso por Roca.

17 may 2017 - 11:29
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Hans Vinding-Diers nació en Sudáfrica. En esa época su padre trabajaba para una bodega que se llama Rustenburg y que es tan hermosa como importante en la ciudad de Stellenbosch sitio donde este enólogo intenso vivió hasta los cuatro años, luego levantaron los bártulos y la familia se mudó a Bordeaux y Hans creció respirando ese ambiente de fabuloso mundo vino.

De padre danés y madre inglesa Hans hizo la primaria en Saint Estephe. Para que se hagan una idea la directora de la escuela era la esposa del enólogo (maestro de cava) de un famosísimo chateau de esa región. A esa misma escuela primaria Hans fue con su hermano menor y en el almuerzo les daban vino mezclado con agua. Hans no vio televisión hasta los 18 años porque no había, porque no interesaba, porque importaban otras cosas. A los 18, Hans compró dos televisores.

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La entrada a la bodega de Hans en Mainqué.

Muchas veces nuestro padre nos mandaba a trabajar en la viña en las vacaciones de verano. Nos enseñó muchas cosas de pequeños. Le gustaba el vino Palmer, lo tomaba bastante seguido porque era muy barato. Se consumían vinos muy buenos, Saint Julien es mi preferido, elegante, sutil. Lafite tampoco era caro y un poco más tarde a mitad de los 80 Sassicaia, que también era muy bueno y no costaba nada. Recuerdo que habían muchos vinos exóticos”, cuenta Hans

En 1979 el padre de Hans se juntó con unos socios australianos y compraron un Chateu llamado Rahoul en la zona de Grave en Bordeaux. Hicieron muchos experimentos con semillón, cabernet sauvignon y levaduras.

Cuenta Hans bajo la higuera de su bodega Noemia en Mainqué que en la universidad no enseñaban mucho de la levadura, uno aprendía mas en el lugar y del saber del abuelo y sobre cada cepa particularmente se aprendía en la viña.

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Ellos también son los puntales de “Noemia”, afirma Hans al referirse a los empleados de su bodega.

“El tipo que podaba era el máximo en mi opinión”, dice Hans refiriéndose a la aventura laboral de su padre y los socios dispara. “Ellos estaban jugando al mundo científico y la levadura no es una bacteria, es una célula, es lo más cercano que hay al hombre porque tiene cromosomas. Es el inicio del ser humano o quizá lo mas cercano y ellos trabajaron con eso. Tomaron el mismo mosto del mismo viñedo, lo separaron en dos tanques diferentes. Dos levaduras distintas, dos vinos distintos totalmente, esto hizo mucha polémica y ahí comenzaron los tiempos de algunos inteligentes que patentaron esta forma de trabajo y luego hicieron mucho negocio con esto de las levaduras comerciales”.

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VENDIMIAS

“Mi primer vendimia profesional fue en 1987 en la bodega Tyrrell’s Wines en Hunter valley NSW Australia. Fuí para la cosecha y me quedé un año y medio. Porque me enamoré no del vino sino de una chica. Yo no era tan apasionado del vino. ¿Quién quiere hacer lo que hace el padre? Yo quería escribir obras de teatro. Dramaturgia. Cuando tenía 12 años y ya tenía escritas algunas. Aún las conservo en la casa de mi padre, pero ni quiero mirarlo”

Hans se ríe, los mosquitos acechan, la cosecha está en pleno apogeo y la sombra de la higuera nos salva y nos protege de la lengua del sol.

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“Es profundo. Mi abuelo me regaló un miniteatro, todo hecho a mano, personajes, con bastones, luces que podías cambiar de color, trampas, pisos mágicos. Cuando mis viejos hacían fiestas, venían todos los dueños de los Chateaus, leyendas, gente muy grosa y todos empezaron a venir más seguido por el asunto del teatrito. Mi hermano y yo tomábamos Lillet, un clásico aperitivo francés, muy conocido en los 30/40. El viejo Lillet nos dio botellitas de muestras, éramos chicos. Mi hermano actuaba de payaso y pasaba el sombrero. Era un medio familiar muy creativo. Mis padres son artistas, pintan escriben, mi padre acaba de sacar un libro, está en Singapur ahora escribiéndolo en inglés. Es su vida, un éxito, muchas fotos, realmente genial, mucha anécdotas que se perdieron. No voy a contar nada de ese libro. Habrá que comprarlo. Las vendimias siguieron con mi padre hasta 1998 era así, siempre volvía con mi padre a hacer la cosecha, me movía entre Sudáfrica y Australia me manejaba, por el sitio donde nací yo y donde trabajó mi padre. Siempre con la ciencia y la tecnología. Mientras que en Francia era todo old school, sin darme cuenta iba obteniendo lo mejor de los dos mundos”

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Hans entra al ecosistema del vino argentino a través de Roca, Río Negro, a un terruño que parece lo estaba esperando.

Mi primer cosecha en Argentina fue en 1998, en Humberto Canale. Mi primer vino fue Marcus Reserva pinot noir, merlot y luego malbec. Yo estaba convencido del potencial del malbec que en esa época no era tan popular como el cabernet sauvignon”.

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Hans deja de atender llamados de su celular que no para de sonar, me gusta ese momento donde los entrevistados están tan cautivos del relato como uno, no hay exterior, solo un canal donde cae la vida en palabritas.

En Humberto Canale estuve entre 1998 y 2000, yo estaba buscando la identidad. Había viñedos viejos, todas las cepas andan muy bien, blanco, tintos, andan muy bien. En ningún lugar en el mundo encontré esto, no conozco lugares así. No voy a comparar Río Negro con Mendoza, cada sitio es un mundo propio, no hay que compararlo. Es como comparar Borgoña y Bordeaux; son totalmente diferentes, además el malbec se presenta diferente. Es un error ir por ese lado”, reflexiona Hans.

“De este sitio me sorprendió la luminosidad más que la temperatura, todo brilla es como increíble. La calidad del agua, hay que preocuparse, es una cagada lo que está pasando y un escándalo. Vamos matar el lugar y no falta mucho, debería haber mas información con el tema del agua. Todos sabemos, es el corazón del valle sin el Río Negro olvídate. Yo que viajo por el mundo todo el tiempo te digo que es uno de los pocos ríos que quedan en el mundo. Son 2000 metros cúbicos por segundo de agua tirándose en el Atlántico. Hablando de minerales en los vinos de Río Negro eso lo define el agua”.

Hans abre la historia, clava los ojos en uno de los viñedos de la bodega y habla de Noemia, su bodega, con un goce contagioso.

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“No tuve que trabajar el terruño, ni buscar formulas. El tema empezó con otra parte importante. Además de Noemí mi compañera, otros personajes se suman a la ecuación. Marcelo Miras, a quien considero familia y Oscar Ferrari quien era inspector del INV y tenía algunos datos incorporados, cuestión que nos llevó a conocer viñedos y nos trajo acá que era la finca de Don Pirri. Fuimos ahí a la esquina y vimos el viñedo sin palos, sin alambre, viña explotada, podado, con cuatro en vez de dos, solo para que sobreviva. Probé la uva y me fascinó, no podía creer el malbec que estaba masticando. Era un viñedo interplantado pero había mas malbec y al lado mayoría de pinot, era la insanidad absoluta, locura de locura, la gente me decía que había injertado, pero como voy a injertar, véanla, es una planta de Pinot!”, se ríe Hans, como sorprendido de la situación mientras navegamos en su viaje de tiempo.

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“Conozco el sitio casi como mi bolsillo, esto no lo encontrás sentado en tu casa. Hay que buscar, pasar días en el coche, pensar, tragar tierra, pensar, escribir, meditar. Hablamos con Pirri y le preguntamos si podíamos comprar uvas, nos dijo que sí enseguida. Entonces alquilé un galpón de empaque en Roca medio cerrado, compre tanques de fibra de vidrio para agua en Neuquén, 200 mangos cada uno de 2500 litros, encontramos un soldador que hizo dos plataformas y armo todo. Hablé con el dueño del empaque, le pregunté si la chica que trabajaba de día nos podía dar una mano a la noche, le pregunté a la chica y le dije que yo le pagaba y arrancamos con cero dinero y cero maquinaria, todos con la mano. El único gasto grande que tuve fue traer 11 barricas de Bordeaux, de la mafia. Con Noemí hicimos el trabajo juntos, en Roca, de noche, mucho coraje por parte de ella en embarcarse en esa aventura conmigo. Durante el día ella en sus cosas, yo en Canale, mientras nos alojábamos en el Hotel Huemul de Roca”.

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TRAMPOLÍN

“Dos años después lleve un par de botellas de todo ese proceso de trabajo a una feria muy importante en 2003. Me encontré con un personaje importante del mundo del vino, jurado especializado, a quién le di a probar y me dijo “¿qué es esto?”. “Es un vinito que hice en la Patagonia”, le dije. “¿En Chile?”, me preguntó. “No, en Argentina”, le respondí. “Tienes que venir conmigo ya, vamos al stand de un amigo que es el más grande importador de Inglaterra”.

“Probamos, estaba aburrido el tipo, abrió la botella, sus ojos se salieron, el amigo importador, preguntó ¿Qué es esto? Justo en ese momento pasaron dos sommeliers franceses de los mejores de Londres y les hicimos probar y alucinaron. En ese mismo momento el dueño de la importadora dijo “compro todo”. Ahí me di cuenta que iba en serio. Eso no pasa tan simple tan fácil”.

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Mientras charlamos Hans saluda a su equipo que realiza tareas típicas de cosecha, es un día de semana extremadamente caluroso.

“Una vez hablando de la vida con un amigo mío, uno de los primeros garagistas del mundo en Saint Emilion, le conté que yo quería ir a descubrir ese sur, soy vikingo, es mi natura. El me dice “sí, fantástico, pero estás haciendo todo y nada. Sos un boludo, puedes hacer vino donde quieras, lo importante es un punto de referencia al lado y saber en que dirección puedes ir y cual no”. Mi referencia fue Canale. Hablé con Barzi, que es mi amigo y debajo del laboratorio encontramos botellas testigos de envasado. Hay de todas las añadas desde los años 40. Con Noemí probamos todo. Los vinos eran rústicos, obviamente, pero todo los parámetros enológicos estaban ahí, taninos, acides, vivacidad, antocianos ,colores, fruta, esos son parámetros. Aunque el vino esté oxidado, persisten”

Editor Yo Como: Horacio Lara
WhatsApp: (0298)154551551
Mail: hlara@rionegro.com.ar
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