“Sarita” Santamaría, una vida de compromiso con Neuquén
Mabel Lorente/Graciela Iuorno*

Esta triste tarde de invierno nos apela, tras la partida de una mujer solidaria y comprometida con instituciones sociales y culturales de Neuquén capital, a recorrer su rica historia de vida. Sara Enriqueta Santamaría, “Sarita” nació en esta ciudad en 1926, hija del exintendente socialista Evaristo Santamaría y de sabel Fernández. Desde una mirada de género podemos decir que fue una mujer de avanzada para su época.
Cursó sus estudios primarios en la escuela N°2 y en el recién fundado Colegio Nacional San Martín N°13 concluyó su formación secundaria, donde se desempeñó, tempranamente, como docente hasta su jubilación en la década de los ochenta. Formó parte del grupo de estudiantes de la primera promoción del Colegio. Y sobre el valor de la educación nos expresó: “Hay un Neuquén antes y otro después de la Escuela secundaria, como después con la Universidad, cambió la forma de organizar la actividad comercial, la administración del Estado,…los colaboradores adquieren mayor formación” (entrevista a Sarita, marzo de 1999). Trabajó en estudios contables hasta los años setenta aproximadamente, hasta que la informática avanzó a pasos acelerados…
En 1958 se casó con el ingeniero civil Alfredo Izaguirre oriundo de la provincia de Buenos Aires que se radicó en la región durante la gobernación de Emilio Belenguer para trabajar en Agua y Energía, en el área de riego de la Colonia Centenario y Neuquén. Tuvieron cuatro hijos, Alfredo, Elvira, Enrique y Victor que fueron el centro de sus vidas y tres nietos, Francisco, Xavier y Natalia que pusieron alegría en la última etapa de su vida.
Su colaboración constante y desinteresada y el trabajo ad-honorem en instituciones socio-culturales la llevó a ser miembro integrante, junto a otros destacados vecinos, de la Biblioteca Popular Juan Bautista Alberdi, fundada en 1928, manifestándose así su hábito por la lectura y su interés por la contribución social y educativa que las bibliotecas aportan a la ciudadanía.
También, el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Neuquén la atesoró entre sus más fervientes asistentes y difusores culturales de las continuas actividades artísticas allí desarrolladas. Desde su inauguración en el año 2000 como única sede en el interior, Sarita disfrutó y acompañó todas las exposiciones de artistas nacionales y extranjeros contemporáneos.
Su afán de ayudar a los demás y aportar su grano de arena para contribuir a que el mundo sea un poco mejor, la contó entre los anónimos voluntarios de los hospitales públicos como es el caso de su contribución al voluntariado del Hospital Castro Rendón durante muchos años. En el mismo sentido solidario con que se comprometió en la sociedad local, se sumó al grupo de docentes que dictaron clases a la población privada de su libertad de la Cárcel U 9.
Ante el fuerte crecimiento poblacional de la ciudad, un grupo de vecinos y amigos neuquinos se vieron compelidos a crear una asociación con identidad propia: “Neuquén para Neuquén” con el fin de recuperar el recuerdo de los primeros pobladores y acompañar las actividades culturales e históricas. En agosto de 1977 cuando se constituyó la primera Comisión Directiva con la presidencia de Victorio Lombardo, Sara Santamaría fue su secretaría.
En 1989 la institución reanuda sus actividades cuya finalidad primordial es colaborar en todo aquello que hace al desarrollo cultural de la comunidad local. La asociación contó siempre con el compromiso en tiempo, trabajo y sentimiento de Sarita.
En un mundo donde las actividades económicas tradicionalmente han estado desarrolladas por hombres, su visión emprendedora la llevó a establecer en la década del sesenta el primer criadero de pollos de Neuquén, en una chacra que estaba ubicado frente a la actual Terminal de Micros. El emprendimiento se llamaba Granja Santamaría y dejó de funcionar cuando la familia se fue a vivir a Zapala y se lo alquiló a quien siguió con la misma actividad, creando la Avícola Bambi.
El grupo de historiadores que hace dos décadas nos involucramos en un proyecto académico ambicioso: escribir una historia local, encontramos en Sarita a una vecina, a una ciudadana generosa, humilde, que nos allanó el camino de reconstrucción histórica muy difícil de transitar sin su compromiso con su querido Neuquén.
Estamos muy agradecidos con ella por sus aportes y por acompañándonos en la heurística de nuestro quehacer….
Sarita estará siempre presente en toda/os la/os que compartimos en lo cotidiano su amistad, su entereza y su afecto tras su partida el 26 de junio.
*Historiadoras, Unco.
Mabel Lorente/Graciela Iuorno*
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