Editorial: la mayor riqueza de River está en su identidad

En cuanto a la materia prima, River y Boca están parejos. Quizás alguno tenga más riqueza en un puesto que el otro, pero el hecho de que se enfrenten tan seguido en el último tiempo en competencias internacionales refleja que los equipos más grandes del fútbol argentino representan un dolor de cabeza para cualquier rival.
Entonces, ¿por dónde pasa la gran diferencia que ha establecido River en los últimos duelos superclásicos?
La respuesta se puede encontrar en la identidad. El Millonario sabe a lo que juega. Tiene una idea concreta y no la modifica en el contexto. Puede ser superado, como le ocurrió con Cerro Porteño en la vuelta, e incluso tener bajones como en varios pasajes ante Cruzeiro. De hecho, si Capaldo no definía tan mal como lo hizo, la historia del martes podría haber sido distinta.
Pero más allá de las circunstancias, a partir de las decisiones de Marcelo Gallardo en los planteos y la elección de los jugadores, se desprende una idea muy clara.
Se combina juego asociado, dinámica, movimientos trabajados de presión, equipo corto en campo rival y búsqueda del arco contrario. La ejecución de los protagonistas no es infalible, pero el convencimiento achica el margen de error. En el primer gol de la ida de semifinales contra Boca, la voracidad del ataque es la que permite a River llegar hasta abajo del arco a los 2 minutos.
En el segundo tanto, ya con más espacios, las sociedades surgen para que Nacho Fernández termine entonando el grito sagrado.
Es cierto que las series de ida y vuelta son largas. Afirmar que un equipo ya está en la final después de un 2-0 a falta de 90 minutos como visitante es apresurado.
Teniendo en cuenta la experiencia del cuerpo técnico y el plantel, y su habitual consciencia sobre estas situaciones en las que no se deben confiar, no es una locura mencionar que es muy difícil que esta serie se le escape.

Nadie puede negar que desde que llegó a mediados de 2014 Marcelo Gallardo cambió la historia de River. En contextos o partidos que antes eran imposibles para el Millonario y terminaban con goleadas en contra o papelones históricos, hoy su equipo se plante y para nadie es negocio enfrentarlo. Pasan los torneos y los jugadores pero los éxitos siguen.
De todas formas, así como cuando un equipo pierde no debe analizarse exclusivamente el resultado, tampoco es saludable hacerlo en la situación inversa.
Es decir, el hecho de ganar no significa que Gallardo pueda ponerse en un pedestal de moral y nobleza como suele hacerlo. Si bien evitó contestarle directamente a los rivales que habían mencionado favoritismo arbitral, el DT declaró que ‘‘al que hable del árbitro estos días se le va a notar la camiseta. Nosotros somos esto. Vamos al frente, buscamos un gol tras otro. No cortamos el juego ni hacemos tiempo’’.
Es pertinente recordar que el mismo Gallardo construyó este gran imperio entre 2014 y 2016. Además de aquella defensa de carniceros que integraban Mercado, Maidana, Funes Mori y Vangioni, más Kranevitter y Ponzio, también se ‘‘olvida’’ el Muñeco la forma en la que Barovero hacía tiempo cuando su equipo estaba en ventaja.
¿Algo de esto último mencionado está mal? De ninguna forma. Las mañas son más viejas que el fútbol. Pero tampoco es coherente olvidarse del pasado y señalar con el dedo cuando aparece un rival que juega peor o más feo.

No es una característica humana la autocrítica. Menos en este plantel de Boca donde no paran de echarle culpas al resto de las falencias propias.
Luego de ser superado por el rival, tanto Ramón Ábila como Gustavo Alfaro hicieron mención a la tarea arbitral, que estuvo lejos de ser buena pero a la que de ninguna manera se le puede atribuir la culpa del resultado. El penal estuvo bien cobrado por Raphael Claus, pero a Lisandro López y Pinola los podría haber echado tranquilamente.
El delantero consideró que ‘‘acá el teléfono siempre tiene crédito para que llamen desde el VAR’’ y afirmó ‘‘sabemos que De La Cruz, Borré y Palacios entrenan para simular’’. En la misma línea pero con palabras más elegantes, Alfaro hizo mención a que los jugadores de River ‘‘se tiran permanentemente’’.
Aún si esto fuera verdad, el tono de las declaraciones demuestran una falta de viveza alarmante, la misma que tuvo el entrenador para plantear el partido y poner a Soldano de 8 otra vez, y la ingenuidad de los futbolistas para volver a perder con el clásico rival en forma contundente.

En cuanto a la materia prima, River y Boca están parejos. Quizás alguno tenga más riqueza en un puesto que el otro, pero el hecho de que se enfrenten tan seguido en el último tiempo en competencias internacionales refleja que los equipos más grandes del fútbol argentino representan un dolor de cabeza para cualquier rival.
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