Las hermanas de Sarmiento

Por Abel Sandro Manca

Hoy se cumplen 116 años de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento. Conocemos la humildad de su origen, sus comienzos difíciles, que se hizo a sí mismo maestro de escuela, que era lo que más necesitaba entonces la Argentina, y esa ocupación fue siempre la que ostentó como su mejor título. Por el extraordinario impulso que le dio la instrucción pública, la fecha de su muerte se recuerda como el Día del Maestro, gran honor para quienes ejercen y hemos ejercido esa noble profesión.

Sus padres, don José Clemente Sarmiento y doña Paula Albarracín, se casaron en 1802. Los hijos llegaron numerosos, de los trece solamente crecieron cinco. Dos murieron chicos, Manuel y Honorio, el resto no alcanzó a ser bautizado.

Cuando se nombra a doña Paula Albarracín, se piensa en que fue la madre de Sarmiento, quien reconocía con fervorosa gratitud el papel que a ella le cupo en su formación moral. Pero sería injusto no recordar que doña Paula fue la gran artífice en la formación de sus cuatro hijas: Paula, Bienvenida, Rosario y Procesa. Todas dignas de elogios, por la formación fundamental que les supo dar para su condición de mujeres.

Francisca Paula Sarmiento de Gómez nació en San Juan en 1803. Fue la hija más sufrida, la más industriosa, la más pobre también. La que mejor asimiló las habilidades de su madre. Se casó con un joven cordobés, Marcos Gómez, y formó un hogar semejante al de sus padres, donde hubo que luchar con la pobreza, con dignidad y la moralidad más pura, un culto permanente en la casa de los Sarmiento. Se preocupó, en forma especial, por la educación de sus cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. En su momento contribuyó en el ensanchamiento de la casa paterna, donde vivió mucho tiempo. Falleció a los 86 años, en 1888, pocos meses después de la muerte de su querido hermano.

Vicenta Bienvenida Sarmiento nació en 1804. Aprendió a trabajar a la par de su hacendosa madre, llegando a ser una consumada artista en tejidos y bordados. Consagró gran parte de su vida a la educación, la solidaridad social y la práctica de la caridad cristiana. En educación ocupó cargos directivos en distintos colegios, durante su exilio en Chile y en San Juan. En la Sociedad de Beneficencia ocupó altos cargos. Nunca dejó de hacer artesanías, también dibujaba y pintaba cuadros. Le gustaba asimismo escribir.

Alimentada de recuerdos, vivió en la casa donde nació hasta que le llegó la muerte en 1900, a los 96 años.

María del Rosario Sarmiento nació en octubre de 1812, de modo que su hermano le llevaba un año y ocho meses. Fue la más regalona de las hijas de doña Paula, por ser muy hogareña y haberla secundado mucho en el telar y en la huerta. Se desempeñó como docente, enseñando especialmente manualidades. Siempre acompañó a su madre hasta el día de su muerte.

Cuando Sarmiento ascendió a la Presidencia de la República, lo acompañó a Buenos Aires, haciendo de ama de casa, pues el hogar del hombre público estaba deshecho. Rosario sobrevivió a todos sus hermanos, falleció en 1902, a los 90 años en la casa paterna de San Juan.

Procesa del Carmen Sarmiento de Lenoir nació en 1818, siendo bastante menor que sus hermanas.

Sus aptitudes artísticas la hicieron figurar entre los primeros cultores de la entonces incipiente pintura argentina. Sarmiento siempre alentó la aptitud de su hermana para desarrollar su vocación artística. Fue profesora de dibujo en un colegio de San Juan. En su estadía en Chile, durante el exilio, se perfeccionó en las técnicas del dibujo, lo que le permitió realizar una importante producción artística, especializándose en miniaturas y en retratos.

En 1850 contrajo matrimonio con el Ing. Benjamín Lenoir, señor de mucha cultura, con quien aprendió el idioma francés. Lengua que después enseñó como profesora. Durante su estadía en Chile adquirió justa fama por sus relevantes condiciones de educacionista y pintora.

Cuando regresó a la Argentina, en 1857, juntamente con su familia, estuvo corto tiempo en San Juan, por tener que trasladarse a Mendoza por razones de trabajo de su esposo, donde se dedicó a la docencia, instalando un taller de pintura.

Después de algunos años regresó a San Juan para radicarse definitivamente en la casa paterna. Allí se multiplicó para cumplir con sus obligaciones del hogar, la escuela, el taller, los lápices, sus pinceles y muy especialmente en la educación de sus dos hijas. Todo sin descuidar su activa participación en instituciones benéficas.

Falleció el 15 de setiembre de 1899 a los 81 años, en la casa donde había nacido, longeva, como todas las Sarmiento.

Consideramos que la conocida estampa de doña Paula hubiera quedado incompleta sin decir algunas palabras sobre sus hijas, en las que se prolongó notablemente el ser que les dio vida.


Hoy se cumplen 116 años de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento. Conocemos la humildad de su origen, sus comienzos difíciles, que se hizo a sí mismo maestro de escuela, que era lo que más necesitaba entonces la Argentina, y esa ocupación fue siempre la que ostentó como su mejor título. Por el extraordinario impulso que le dio la instrucción pública, la fecha de su muerte se recuerda como el Día del Maestro, gran honor para quienes ejercen y hemos ejercido esa noble profesión.

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