El camino que se abre con el aborto
En un Senado tan dominado por el oficialismo (mayoría y quórum) Alberto Weretilneck no tiene demasiadas chances de hacer valer su voto, pero con la ley del aborto legal halló el resquicio que se abre cuando los temas atraviesan de manera transversal a los partidos políticos. Finalmente la interrupción voluntaria del embarazo tuvo una mayoría holgada, pero para cuando se votó, en la madrugada del miércoles, el rionegrino ya había cerrado su pacto con el gobierno.
Difícilmente tenga una oportunidad similar. El neuquino Elías Sapag la tuvo en 1984, cuando el Senado tenía dos (y no tres como ahora) representantes de cada provincia. El gobierno de Raúl Alfonsín quería sancionar la “ley Mucci” (de Reordenamiento Sindical) pero perdió por dos votos, los del MPN.
Weretilneck quiso mostrarse balanceado pero logró lo contrario: los que se oponen a la ley le reprochan haberla votado y los que defienden el aborto legal consideran que sus objeciones, como el supuesto equilibrio entre los derechos de los pacientes y el de los médicos, atrasan.
No se sabe cuánto tuvo que ver la prédica del abogado Damián Torres, apoderado del partido del senador, Juntos Somos Río Negro, y defensor de Leandro Rodríguez Lastra, el ginecólogo condenado por entorpecer un aborto en curso en el hospital de Cipolletti. El senador le pidió asesoramiento.
Habló Weretilneck de “dos sujetos centrales”: la persona con capacidad de gestar que desea interrumpir el embarazo y “el derecho y las obligaciones del equipo de salud, de los médicos”.
El concepto choca contra la autonomía de los pacientes, el derecho que todos tenemos de decidir si queremos recibir un tratamiento, que fue, precisamente, lo que Rodríguez Lastra obvió olímpicamente: el deseo de una persona de interrumpir el embarazo.
En el recinto del Senado volvió a plantearse el inquietante dato de que la inmensa mayoría de los ginecólogos de la provincia son objetores de conciencia frente a la práctica del aborto. Lo planteó el peronista Martín Doñate.
Es rara la manera en la que el senador Weretilneck terminó votando a favor la interrupción voluntaria del embarazo porque puso condiciones y no se las concedieron.
En general, se trata de prácticas ambulatorias no quirúrgicas que en la provincia de Río Negro, gracias a la ley de la interrupción legal del embarazo (que impulsó Weretilneck), se suelen realizar en las salas de salud de los barrios. Que sea ambulatorio no significa que sea sencillo; hasta ahora la red de voluntarias cumplió un papel trascendental en la asistencia y contención, algo que deberá hacer a partir de ahora el Estado (Doñate recordó en su discurso a Susana Yappert, militante y voluntaria que murió el año pasado sin haber visto el derecho consagrado).
Cuando se complica y debe realizarse una práctica quirúrgica es cuando aparecen los médicos, que pueden negarse a realizar una aspiración, pero deben asistir, acompañar al paciente y procurar que haya otro médico que intervenga.
El ministro de Salud de la Provincia, Fabián Zgaib, le dijo esta semana a Río Negro que en la provincia no va a haber demasiados cambios porque desde hace cuatro años se vienen realizando estos procedimientos médicos en Río Negro. No consideró que fuera un problema que en el Alto Valle hubiera tantos objetores de conciencia (no pasa en Viedma, no pasa en Bariloche) porque “se movilizan recursos” de otras zonas.
El derecho de los pacientes a decidir debería incluir la publicación de la lista de médicos que son objetores de conciencia para una o varias prácticas.
Sería muy interesante que los médicos que se consideran objetores de conciencia lo manifiesten de manera temprana, no frente a la imperiosa necesidad de intervenir.
Y podría ser mucho más eficiente desde el punto de vista de la elección como derecho de cualquier paciente que las listas de objetores frente a cualquier práctica fuera pública para saber de antemano.
El primer efecto que debería tener la ley es salvar las vidas de aquellas personas que no pueden pagar costosas intervenciones en ambientes asépticos y el segundo es desarticular la clandestinidad y el lucro. No es poco.
En un Senado tan dominado por el oficialismo (mayoría y quórum) Alberto Weretilneck no tiene demasiadas chances de hacer valer su voto, pero con la ley del aborto legal halló el resquicio que se abre cuando los temas atraviesan de manera transversal a los partidos políticos. Finalmente la interrupción voluntaria del embarazo tuvo una mayoría holgada, pero para cuando se votó, en la madrugada del miércoles, el rionegrino ya había cerrado su pacto con el gobierno.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar