«La televisión es de los productores, no de los actores»

El personaje más malvado de la televisión argentina está protagonizado por un roquense de 34 años. En "Los buscas", le tocó encarnar a un ser despreciable que ha llegado hasta el asesinato de un bebé. Sin embargo, tanta malignidad lo hizo famoso y hoy disfruta cuando lo reconocen en la calle. En esta entrevista cuenta cómo es la trastienda de un malo televisivo.

NEUQUEN (AN).- Con el gesto torvo y una mirada trastornada cuya carga siniestra intenta disimular desplegando una sonrisa no menos siniestra, el Fernando de Nacho Gadano es el típico malo de las teleseries: una criatura dramática en violento contraste con los protagonistas, Nancy Duplaá y Pablo Echarri, dos buenos por antonomasia.

La pugna entre buenos y malos, vieja como el hombre, también dio resultado en «Los buscas». La tira que emite canal Azul tiene 14 puntos promedio de rating, aproximadamente un millón de espectadores.

Desde que empezó, en noviembre del año pasado, el personaje de Gadano aparecía desdibujado en el guión y en la interpretación. Una concepción de novelas «muy verticales, donde dos o tres tienen las historias y los demás sólo acompañan» contribuía a ese rol opaco.

Con la irrupción de productoras como Pol-k, de Adrián Suar, se repartió más la carga de las actuaciones y las series se sostienen en el trabajo de varios personajes centrales. «Vulnerables», por ejemplo. La tendencia llegó a «Los buscas» y fue el momento para que Fernando/Nacho Gadano sacara lo mejor/lo peor de sí mismo.

«Para que un actor tenga un reconocimiento en el programa necesita de los libros, del apoyo del productor y que el elenco y equipo técnico entiendan que ese actor está ocupando un lugar importante en la tira. En los primeros capítulos veía que la cosa no estaba a favor de mi personaje. No me gusta remar contra la corriente, no creo en el esfuerzo y pienso que si las cosas te resultan excesivamente difíciles es porque no es el lugar ni el momento. Llegó un momento extremo de la tira en el que al productor no le cerraba nada de lo que yo estaba haciendo y ahí me di cuenta de que él quería que ocupara otro lugar en la novela. A partir de ahí el personaje cambió completamente», explica.

El mundillo televisivo y en particular el de las tiras diarias maneja un código propio al que, una vez conocido, se acepta -y eventualmente se disfruta- o se resiste, sin muchas perspectivas de permanecer en el medio.

«La televisión no le pertenece a los actores: le pertenece a los productores, y hay actores que responden mejor o no al lugar que tienen que ocupar. Trato de hacer lo mejor que puedo siempre y muchas veces he disfrutado de lugares poco reconocidos».

Otro de los gajes del oficio televisivo es la participación de los actores en programas de entretenimiento. Gadano, que con su mujer Andrea Bonelli apoyaron la protesta del gremio, resistió a esas invitaciones hasta que este año decidió aceptarlas. «Está bien -dice ahora- voy a ir a «La guerra de los sexos», pero tratando de mantener mi lugar de actor».

Los actores trabajan sobre la marcha y salen «a encontrarse con la escena cada vez», por lo que «es muy difícil hacer un trabajo de composición». Cuentan con el libreto pocos días antes de la grabación y puede ocurrirles que, de una grabación a otra, su personaje fue eliminado del guión, de modo que se acabó el trabajo.

Las tiras tienen, no obstante, legiones de televidentes que siguen con fruición las inverosímiles desventuras de buenos contra malos. Aunque no aprueba estos recursos, Gadano cree que mucho de «efectismo -desnudos, chicas de almanaque de gomería, familias aristocráticas pervertidas»- atrapa al público.

De su propio personaje, tiene una opinión que no parece complaciente. Dice que es «extremo, desopilante, burdo», que «cae hasta en el grotesco» y que encarnarlo cada día le demanda «un tipo de energía bastante densa que es difícil mantener. Cuando vuelvo a mi casa estoy agotado, lo único que quiero es sacarme la escena de encima. De cada diez escenas, puede haber una que me guste, porque es una vorágine de consumir situaciones y que las situaciones te consuman. Paso de una situación horrible a una más horrible».

Alguien que te mire

Ignacio Gadano es el segundo de tres hermanos cuya familia es de Roca. La mitad de su vida la pasó en Buenos Aires: a los 17 se fue a estudiar Derecho pero nunca trabajó de abogado.

Participó de talleres teatrales «por una cuestión literaria más que de actor» y empezó a relacionarse con las cámaras después de hacer algunos cortos publicitarios. El primer trabajo en televisión lo obtuvo a través de otro actor roquense, Gustavo Ferrari, que lo presentó a Alejandro Doria para unos unitarios que se emitieron en el «93, «Mi mamá me ama».

Luego actuó en «La hermana mayor», una tira con Juan Leyrado y Soledad Silveyra que fue su primera experiencia diaria en televisión. Para aceptar el personaje de «Luz de luna» tuvo que resignar su vínculo con el elenco de Félix Alberto, a tres meses de estrenar en teatro. «Por un lado sentí que vendía mi alma al diablo pero en realidad nunca abandoné el teatro, estudié y mantuve una cosa expectante. En teatro hay trabajo pero no hay plata».

La televisión se le presenta hoy como una oportunidad para ganar dinero y fantasear con una compañía de actores que en el futuro produzca sus propias obras, pero tampoco quiere ilusionarse demasiado.

«En la tele los contratos se renuevan cada tres meses y ahora quieren hacerlos por un mes nada más. Hay pocos programas de ficción y los productores se han adueñado del mercado. Son muy pocos, se conocen entre ellos y ellos fijan las pautas. El actor no necesita más que un espacio y alguien que lo mire. Pero no siempre puede elegir». (M. R.)

El siniestro ejecutivo con cara de ángel y que trabaja en Puerto Madero

«Cuando empecé a laburar estaba Astiz en todas partes. Yo tengo una foto de Astiz en una revista: es el tipo que tiene cara de ángel pero está hecho mierda, y es un siniestro. Ese tipo puede estar tomando un café y hasta ser agradable».

Nacho Gadano no sabe si hay alguien concreto en quien piense para destilar la maldad que su personaje requiere. En una entrevista le preguntaron en qué se inspiraba. Sin meditarlo mucho, respondió «en Puerto Madero».

«Hay algo de la zona de Puerto Madero, que tiene que ver con el establishment, donde uno percibe que hay gente muy bien, muy educada, que es siniestra. Fernando tiene guita y trabaja para un tipo que seguramente es el tipo de Puerto Madero, con oficinas ahí y muchas empresas con flotas de barcos. Si Fernando tiene que hablar con un policía lo va a mirar así (compone gesto amenazador), «qué necesitás», y va a arreglar jueces y comisarios para seguir haciendo lo que quiera».

– Tiene impunidad.

– No sé si impunidad. Por ahí no existe ese personaje tan desopilante pero existe esa energía, esa cabeza y también hay un tipo argentino que todos tenemos en alguna medida, que es un lugar omnipotente que lleva a la psicosis y es no tener registro de lo que le pasa al otro».

El elenco graba todos los días, de lunes a viernes, y las escenas se van presentando en cualquier orden. Las grabaciones están adelantadas diez capítulos y los actores tienen poco tiempo para relacionarse fuera del set. Con Nancy Duplaá, su mujer en la ficción, Gadano intenta aligerar con humor las escenas traumáticas cuando se apaga la cámara. Con Pablo Echarri, su contrafigura, han bromeado también sobre cuánto se odian.

– ¿Cuál será el fin del personaje?

– Se supone que va a durar hasta diciembre seguro, porque es un éxito para el canal. No sé qué va a pasar después. Tiene que sostener una cosa de maldad absoluta, estar loco o enamorado de una manera enferma. No creo que se convierta en bueno, a lo mejor puede tener una rehabilitación y volver. Es difícil sostener un malo en una tira diaria durante un año; en algún momento empieza a aparecer la cara cuatro, «soy muy malo, cara cuatro» «.

(M. R.)


NEUQUEN (AN).- Con el gesto torvo y una mirada trastornada cuya carga siniestra intenta disimular desplegando una sonrisa no menos siniestra, el Fernando de Nacho Gadano es el típico malo de las teleseries: una criatura dramática en violento contraste con los protagonistas, Nancy Duplaá y Pablo Echarri, dos buenos por antonomasia.

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