Aniversario de El Cuy: logros con historia
Un nuevo centro odontológico y fuegos artificiales en los 100 años. Aquí un repaso de su historia en la que diferentes culturas se unieron. Juntas crearon una mejor vida para los chicos de toda la región.
Cuenta la historia que la creación de El Cuy puede situarse entre 1885 y 1930. Fue en este momento cuando apenas finalizada la campaña del desierto las tierras del departamento El Cuy, originariamente ocupadas por indígenas y luego por soldados y cautivos, comenzaron a ser pobladas también por criollos y extranjeros que buscaban explotar este nuevo frente de colonización para la economía nacional. Cada una de las culturas encontró aquí la forma de coexistir y agregar sus sabidurías a una tierra árida, difícil, de nevados inviernos y grandes sequías.
De mapuches y tehuelches quedó la cultura grabada en la memoria en los pobladores más ancianos que aún recuerdan la celebración del camaruco o nguillatún, la máxima ceremonia religiosa, y las curaciones de las sabias machis, «la mujer hombre» como supo definirla uno de los pobladores de El Cuy en el libro «El Cuy, una vasta soledad» de Ricardo Freddy Masera y colaboradores.
De criollos, y de su vida en la meseta, quedaron otros relatos que trasladados en el tiempo 'de boca en boca', comenzaron a formar parte de la tradición folklórica de la zona. La salamanca, las piedras rodadoras, las luces nocturnas y el achimallén (o luz mala) fueron contados aunque muy pocas veces vistos por los pobladores.
Cuando se habla de El Cuy es insoslayable la referencia a el Maruchito, este joven asesinado y luego convertido en mito que trascendió las fronteras de la región. En «El Cuy…» Masera reproduce la explicación del mito por el escritor jacobacino Elías Chucair. «En la época aquella que las tropas de carros y chatas cumplían con santa paciencia la función que hoy efectúan el tren o el camión, uniendo en sacrificadas y lentas jornadas las distancias, andando sobre las viejas rastrilladas y marcando a la vez las primeras huellas, el maruchito era un peón, en todos los casos menor de edad, que hacía trabajos complementarios, pero muchos y muy necesarios. En ese ambiente de lucha desmedida y entre carreros de distintos caracteres, los que soportaban estoicamente los bravos azotes de los vientos patagónicos y la impiedad de los fríos y nevadas, este peoncito se iba sintiendo hombre, a la vez iba haciendo el aprendizaje de manejante de carros (…), Pedro Farías, así se llamaba; y de él no se tienen
otros datos (…). El marucho, en el único momento que tuvo libre, intentó acariciar la guitarra que se encontraba apoyada en la rueda de uno de los carros pero la mirada severa y penetrante de Onofre Parada, capataz de la tropa, hizo que detenga a tiempo su mano y resigne su propósito (…) horas después intentó tomar la guitarra ignorando hasta que punto podía llegar la reacción irracional y salvaje de su dueño, que se caracterizaba siempre por su prepotencia y la ostentación de la bravura que lo animaba (…) Cuando sus hijos se agrandaban de asombro y placer, al sentir vibrar sobre sus manos las cuerdas del instrumento, el enorme y filoso cuchillo de Parada se introdujo dos veces en su vientre: y cayó casi inconsciente abrazado a la guitarra… (…) Decían después que el cruel y desalmado matador, impresionado de su salvaje reacción huyó a caballo y fue a refugiarse allá en la meseta de Somuncura con la pesada carga de su remordimiento que terminó por trastornarlo (…)».
Los últimos llegados a éstas latitudes traían además lo que se convertiría en la principal producción de la zona: la ganadería. Actualmente, la mayoría de las familias trabaja el ganado ovino y caprino aunque en diferentes escalas. Desde el pastoreo, la esquila, el transporte, la clasificación y enfarde de la lana, hasta la parición y la señalada, las tareas ocupan a todo el pueblo en cada las épocas del año.
Con logros aislados pero sin bajar los brazos, los 500 habitantes de El Cuy consiguieron una vida más confortable para sus hijos. Ayer el gobernador Miguel Saiz inauguró un centro odontológico y el intendente de General Roca, Carlos Soria, les entregó donaciones y fuegos artificiales para la elección de la reina que estaba prevista para la madrugada. Y siempre, los vecinos nos muestran cómo se levantan unidos para reclamar lo que les corresponde.
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